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El abogado personal del presidente estadounidense, Rudy Giuliani (Izq) habría intentado establecer un canal trasero de negociaciones con el líder del régimen chavista en Venezuela, Nicolás Maduro (Der). Fuente: Getty.
El abogado personal del presidente estadounidense, Rudy Giuliani (Izq) habría intentado establecer un canal trasero de negociaciones con el líder del régimen chavista en Venezuela, Nicolás Maduro (Der). Fuente: Getty.

Los turbios intereses de Rudy Giuliani en Venezuela

Rudy Giuliani habría utilizado canales irregulares para intentar negociar la salida de Nicolás Maduro de Venezuela a cambio de intereses personales.

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Si, este titular quizás suene muy noble: el enviado del presidente Donald Trump intentaba negociar una salida a la crisis venezolana. Pero si algo hemos aprendido de Rudy Giuliani durante los últimos meses es que nada hay de noble en las estratagemas del abogado personal de Trump.

Después de haberse descubierto la interferencia de Giuliani en asuntos internacionales en Ucrania –lo que ha resultado ser el epicentro del impeachment del presidente Donald Trump– un nuevo reportaje del Washington Post expone cómo el ex alcalde de Nueva York ha llevado su labor de “consultoría” a extremos más que turbios, esta vez en América Latina.

Durante el mes de septiembre del 2018, Giuliani habría entablado una conversación telefónica con el líder del régimen Chavista en Venezuela, Nicolás Maduro, en compañía del entonces representante republicano de Texas, Pete Sessions.

Según dijeron personas cercanas al asunto al WaPo, tanto Giuliani como Sessions “fueron parte de un esfuerzo diplomático en la sombra”, respaldado en parte por intereses privados, y que tenía como objetivo negociar la salida de Nicolás Maduro del poder y “reabrir a Venezuela, rica en recursos, al mercado”.

La llamada habría sido establecida después de que Sessions visitara a Maduro en Caracas durante la primavera de ese año, y la llamada telefónica de Giuliani “fue una continuación de esa visita”, agregó el portavoz de Sessions, Matt Mackowiak, al medio.

Sin embargo, la diplomacia “autónoma” de Giuliani –es decir, sin coordinación con los funcionarios oficiales de la Casa Blanca– desentonaba con la agenda puesta en marcha por el entonces asesor de seguridad nacional, John Bolton, quien, después de que miles de personas tomaran las calles en Venezuela a principios del 2019, organizó una serie de sanciones y bloqueos económicos al régimen chavista para ayudar con el movimiento de liberación de la Asamblea Nacional venezolana.

Después de la llamada con Maduro, Giuliani habría ofrecido a Bolton su estrategia, que el asesor “rechazó vehementemente”, según personas cercanas a la reunión.

El gobierno estadounidense, bajo instrucciones de Bolton, reconoció al presidente interino venezolano Juan Guaidó, y procedió a congelar los fondos del régimen chavista en Estados Unidos, intentando ayudar de alguna manera con la oposición a Maduro.

Mientras tanto, Giuliani hacía negocios con Alejandro Betancourt López, un ejecutivo venezolano miembro de la llamada “boliburguesía chavista”, quien desvió millones de dólares en las empresas energéticas del país.

Betancourt habría contratado al abogado personal de Trump “para que lo ayudara a enfrentarse a una investigación del Departamento de Justicia sobre presuntos casos de lavado de dinero y soborno”.

Pareciera entonces que el verdadero interés de funcionarios como Sessions o Giuliani en la solución de la crisis venezolana tiene más que ver con la facilidad de hacer negocios con el régimen que con la recuperación de un país cuyos ciudadanos son hoy por hoy el éxodo más grande en el continente.

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