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Delmy and her son, both detained at Berks County Detention Center for nearly two years, look at the mural with Delmy’s words written above. Photo: Osmyn Oree
Delmy y su hijo, ambos detenidos en el centro de detención de Berks por casi dos años, miran al mural con las palabras de Delmy escritas arriba. Photo: Osmyn Oree

Ojos en el Capitolio

En el arte de Michelle Ortiz, las madres de Berks le clavan la mirada a los políticos de Harrisburg para exigir el fin de las cárceles de niños y sus familias. 

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Delmy se plantó frente a la pared con su hijo, junto a él, leía sus propias palabras plasmadas en la pared de ladrillo: “Mi hijo es el único que me da fuerza”.

Ella llegó antes que aquel mural que describe su propia historia –es una de esas madres que fueron detenidas en compañía sus hijos y emplazadas en lo que oficialmente se conoce como el Centro Residencial del Condado de Berks, situado en Leesport (Pensilvania)–. La audaz y brillante imagen de los ojos de una madre y su silueta y la de su hijo, que mira hacia el estacionamiento de un banco en la comunidad inmigrante de Allison Hill (Harrisburg), es parte de la segunda instalación artística de Michelle Angela Ortiz, ‘Familias Separadas’.

Ese día, el 3 de noviembre, mientras Delmy estaba de pie ante el muro, en medio de la multitud congregada por la Coalición Shut Down Berks y otras organizaciones en defensa de su desmantelamiento, haciéndose eco de las llamadas a la acción y atestiguando la respuesta a su propia historia, descubrió otra bocanada de fuerza: la de compartir su historia para apoyar a quienes trabajan para cerrar definitivamente el centro de detención familiar, instando además a que sea el recientemente reelegido gobernador Wolf quien ejecute la orden.

“Me sentí bien apoyarlos, porque cuando estaba presa en la cárcel había muchas personas iban a apoyarnos. Y estar fuera hoy, libre, poder salir, poder apoyarlos, me siento feliz”, dijo Delmy (nombre ficticio, para proteger su seguridad, ya que todavía reside en el país y lucha por recibir asilo). “Y me siento con fuerza”.

Aunque Delmy lleva en libertad más de un año, los casi dos que pasó ​​bajo vigilancia en Berks –durmiendo mal a causa de los chequeos rutinarios durante la noche, encarcelada en la instalación– todavía permanecen imborrables tanto en su mente como en la de su hijo, que solo tenía 7 años cuando fue detenido. Ahora, esos recuerdos se han convertido en su arma en una lucha para asegurar que otros no se vean obligados a continuar soportando lo que ella tuvo que soportar.

“A la gente le gusta emplear el término ‘dar voz’ y a mí no me gusta porque las madres tienen sus propias voces y son mujeres poderosas y resistentes, que, obviamente, han sido víctimas del sistema, pero que han salido hacia adelante“, señaló Ortiz. Su rostro se ilumina cuando habla sobre cómo enviar por WhatsApps a otras madres las imágenes de la evolución de la instalación artística, le ayudaba a soportar esas noches frías y estresantes antes de finalizar el mural y su instalación.

Quizás la parte más llamativa de ‘Familias Separadas’ y, sin duda, la más controvertida (a juzgar por la reacción de al menos uno de los senadores estatales), fue la instalación que muestra los ojos de Karen y su hijo –ambos detenidos en Berks y posteriormente deportados a El Salvador– en los escalones del Capitolio del Estado.

Aunque esa parte de la instalación se retiró el pasado 11 de noviembre, los ojos de Karen, representados en colores llamativos y vibrantes en el austero mármol del Capitolio del Estado, no se desvanecerán pronto de la memoria pública. Al menos eso espera la artista, sabiendo que ella hace que la pregunta que muchos se están haciendo no pierda relevancia a corto plazo. El impacto de colocar esa imagen para confrontar a los legisladores es innegable; en palabras de Ortiz: “Realmente no puedes ignorarlo”.

La artista dice que, de una manera “poética y poderosa”, la instalación de Karen frente a los legisladores y las otras piezas de ‘Familias Separadas’ ejerzan de esa “conexión con la humanidad, que es necesaria dentro de la narrativa de la inmigración”, un nexo que, tal y como admite, suele faltar muy a menudo.

El amor, la fuerza que lo mueve todo

Ortiz, nacida y criada por padres inmigrantes en Filadelfia, vive a pocas cuadras de donde creció, en lo que se conoce como el área del Italian Market (aunque incluye más nacionalidades que italianos, anotó en nuestra conversación). Su estudio también está cerca, donde se ha comprometido a realizar trabajos a gran escala que involucren la narración colaborativa y estimulen acciones a nivel comunitario que han sido reconocidas y apoyadas a nivel nacional en parte por importantes subvenciones, como la beca de artista como activista de Rauschenberg.

Para crear, tanto la primera instalación de ‘Familias Separadas’ en Filadelfia y la instalación de Flores de Libertad, una impresionante exhibición de flores hechas de papel colocada en el exterior del Ayuntamiento de Filadelfia en 2015–, como en las entrevistas y la preparación para la segunda fase del proyecto en Harrisburg, Ortiz confesó que ha tratado de enfocarse, no solo en las situaciones actuales de las madres y las experiencias de detención, sino también en sus vidas antes de la detención, incluso antes de venir a los EE. UU. y en sus sueños futuros, para garantizar que “tengan momentos para recordar de dónde viene su fuerza“.

Para muchas, como en el caso de Delmy, esa fuerza son sus hijos y su amor por ellos.

“Siento que la gente simplemente no da ese valor al amor, pero el amor es la fuerza motriz de miles de personas que cruzan fronteras”, dijo Ortiz, refiriéndose también a los solicitantes de asilo que forman parte de las caravanas de migrantes.

“(Me refiero a) las madres que hicieron ese mismo viaje, que cruzaron muchas fronteras y luego llegaron a nuestro país, y ahora están encarceladas y tienen que lidiar con todos estos otros obstáculos y traumas”, dijo Ortiz. “Pero siento que debe recordarse el porqué y no el ‘oh, ya van a venir, y qué vamos a hacer’”.

Esa pregunta sigue siendo, a juicio de Ortiz y muchos otros, el cómo contar una historia que es más completa y más compleja que ese ‘qué’ de la inmigración. Pero el ‘qué hacer’, en respuesta a los inmigrantes centroamericanos que llegan a los EE. UU., ha encontrado un inesperado precedente en un entorno alejado del paisaje desértico de la frontera, en una instalación ubicada en las verdes colinas que se encuentran a las afueras de Reading (Pensilvania).

Los retos legales de Berks

El Centro Residencial del Condado de Berks se convirtió por primera vez en un centro de detención para familias y niños inmigrantes en 2014. A principios de 2016, el Departamento de Servicios Humanos revocó su licencia debido a varias violaciones de derechos, incluido un caso de asalto sexual; y esa revocación de la licencia fue entonces apelada por el condado. El caso aún está atascado en lo que el abogado y defensor David Bennion denomina un “atolladero administrativo impenetrable”, ya que está siendo juzgado por un juez administrativo del Departamento de Servicios Humanos.

Pero, según Bennion, la Coalición Shut Down Berks y otros, el gobernador Tom Wolf podría tomar medidas; pese a que él argumenta que sus manos están atadas.

“Si el gobernador instruyó al Departamento de Servicios Humanos: ‘mire, es importante para la gente de la comunidad que todos los niños, no solo los que son ciudadanos, también los niños inmigrantes, se mantengan a salvo y no sean torturados psicológicamente en la prisión’, entonces podría instruir al Departamento de Servicios Humanos para emitir la orden de revocación de emergencia”, dijo Bennion, cuya organización, Free Migration Project, es parte de la Coalición Shut Down Berks y también una de las varias entidades legales que han tratado de intervenir a favor de la revocación de la licencia.

Bennion dijo que la decisión de cerrar el centro sería importante para la política de inmigración a nivel nacional porque “ICE ha estado confiando en la licencia de PA para justificar todo el programa nacional de detención familiar”. Además, señaló que Berks se ha utilizado como ‘lugar de descarga’; “De modo que cuando una familia estuvo detenida durante 20 días en Texas, eran trasladados a Berks para prolongar su detención en virtud del Acuerdo de Flores, que estipula que los niños solo pueden ser detenidos en instalaciones con licencia y no vigiladas (los detenidos son libres de ir y venir). Berks fue licenciado anterior a 2016, aunque siempre fue una instalación vigilada, donde los detenidos no podían entrar y salir según su voluntad, y por lo tanto, violaba el Acuerdo de Flores.

El uso de refugios como centros de detención, señaló Ortiz, se está extendiendo, y el ejemplo es la apertura del refugio VisionQuest en el norte de Filadelfia, que actualmente alberga a 60 niños.

Ortiz dijo que espera que las historias contadas en ‘Familias Separadas’, que muestran los efectos y el largo trauma de la detención, continúen “[recordando] a la gente que esto está sucediendo en nuestro estado y que no es solo un problema fronterizo”.

Al emitir una orden de revocación de emergencia, Ortiz dijo que el gobernador Wolf “tiene esa oportunidad de demostrarle al resto de la nación y a la administración actual, lo que significa crear un sistema que otorgue dignidad y respeto a las personas que buscan seguridad”.

Empatía (y acción)

Ortiz planea lanzar un corto documental, a lo largo de la primavera/verano de 2019, con las historias de las madres, así como un libro que estará disponible en las proyecciones comunitarias del documental que Ortiz quiere llevar por todo el estado.

Al asociarse con la Coalición Shut Down Berks, MILPA, y otras organizaciones de defensa, Ortiz dijo que el objetivo de su trabajo no es solo hacer que las personas “conecten y empaticen, sino que, si despierta empatía, tristeza, o ira, entonces yo puedo decir ‘bien, si tienes todas estas emociones, así es como puedes utilizarlas”.

La artista, que también es madre de un niño pequeño, dijo que momentos como el del clip en el que una madre que fue detenida canta a su hijo –quien suele sentirse asustado y reticente a salir de una habitación, desde que fueron liberados– es precisamente lo que le impulsa a hacer el trabajo que hace.

“En medio de todo este miedo y estos ataques, y de aquellas personas que intentan despojarles de su humanidad, aún encuentran un momento para dar una sensación de seguridad a su hijo, para decir que todo estará bien”, dijo Ortiz. “Esos son los momentos en los que se produce esa conexión con la humanidad y el porqué”.

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