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Su arquitecto, Augusto H. Álvarez, se inspiró en el edificio de la Chrysler y el Empire State Building para su construcción. Photo: Getty Images.
Su arquitecto, Augusto H. Álvarez, se inspiró en el edificio de la Chrysler y el Empire State Building para su construcción. Photo: Getty Images.

‘La Latino’, la historia tras el rascacielos antisismos más antiguo del mundo

Ubicada en Ciudad de México y con 182 metros de altura, esta edificación pionera cumple 65 años.

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La costa del Pacífico mexicano, en el Cinturón de Fuego, es la región donde hay más terremotos y volcanes del mundo. 

Por ello, cuando el arquitecto mexicano Augusto H. Álvarez recibió el encargo de diseñar la famosa Torre Latinoamericana, un emblema de la ciudad que se eleva con sus 182 metros de altura sobre Ciudad de México dando la hora a sus más de 20 millones de habitantes, la posibilidad de que un temblor de tierra fuera a tirarla abajo era una realidad. 

Por no hablar de otras dificultades, como el suelo, ya que el DF fue construido sobre un islote del lago de Texcoco. Entonces, ¿cómo hacer que el que sería la torre más alta de Latinoamérica -hasta entonces lo era el edificio Altino, en São Paulo- fuera tan flexible y ligero que pudiera resistir incluso al terremoto más terrible?

Álvarez se hizo aconsejar por el ingeniero y geólogo Leonardo Zeevaert y el ingeniero estadounidense Nathan M. Neumark, que era uno de los padres de la ingeniería sísmica, y decidieron que esta torre, que estaba inspirada en el Empire State Building y la Chrysler de Nueva York, fuera de cristal y acero.

Popularmente conocida como la Latino, utilizaron en la construcción de la torre una tecnología sísmica tan avanzada que abrazaba directamente el pasado más ancestral del país. Porque emplearon el mismo concepto que los antiguos aztecas de Tenochtitlan utilizaban en sus construcciones, cuando añadieron bajo el Templo Mayor, al igual que bajo otras pirámides, unos pilotes de madera que hacían las veces de amortiguadores y conseguían disipar la energía que producen las sacudidas de tierra.

El inestable subsuelo arenoso sobre el que se encuentra la torre está atravesado por más de tres centenares de pilotes de hormigón, al estilo azteca, y los sótanos están totalmente huecos para que actúen como la línea de flotación de un barco y se balanceen siguiendo el mismo ritmo que el suelo. 

Tan bien les salió la jugada que la Latino se convirtió en el primer rascacielos construido en una zona de altísimo nivel sísmico y sobrevivió al azote de tres terremotos: un año después de su inauguración, en 1957, la torre aguantó un temblor de 7,8 grados en la escala de Richter; en 1985, otro de 8,1; y el más reciente, ocurrido en 2017, de 7,1 grados. Durante este último lo único que se quebró de la torre fueron unos pocos cristales. 

Una curiosidad: la Latino está hermanada con el Empire Building no sólo a través de su estética sino también sus vigas de acero, fabricadas por la misma compañía McClintic-Marshall de Pittsburg (Pensilvania) y como ella sirvió de modelo para numerosos rascacielos en lugares de alta actividad como Chile o Japón. 

Zoológico de Moctezuma durante la época precolombina y hoy una de las zonas de mayor actividad de la ciudad, la Latino une el pasado con el presente y se eleva como Babel para, a vista de pájaro, poder contemplar la diversidad urbanística, cultural y social de la ciudad.

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