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Los artistas españoles Omar Jerez y Julia Martínez durante la acción "blanqueamiento criminal". Photo: Diario de Cuba
Los artistas españoles Omar Jerez, Aritz Martín y Julia Martínez durante la acción "blanqueamiento criminal". Photo: Diario de Cuba

Ernesto Che Guevara, el mito del buen guerrillero que resultó no serlo tanto

Las estatuas de Conquistadores y Negreros no son las únicas en ser vandalizadas. Ahora le llega el turno a los revolucionarios.

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A mediados de este mes de octubre, la ciudad de Leganés, en Madrid (España), despertaba con un cambio en su paisaje que a muchos de los somnolientos vecinos les pasaría inadvertido.

El busto del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara, que hizo junto a Fidel Castro la llamada Revolución Cubana, aparecía cubierta con cinta adhesiva.

Inmediatamente, tres artistas españoles, Omar Jerez, Julia Martínez y Aritz Martín se adjudicaron la proeza. 

Lo habían hecho como parte de una performance política, una acción que llamaron “blanqueamiento criminal” y a la que dieron salida con un video en YouTube. 

Los artistas se preguntaban: “¿Es Ernesto Che Guevara el personaje más blanqueado de la historia?”.

Más allá de una protesta anecdótica, la intervención fue considerada tanto un gesto político como artístico y se publicó una reseña afirmando que los artistas proponían una "reflexión crítica y directa sobre la distorsión existente en torno a la mítica figura del Che: la construcción del falso mito y la dicotomía entre lo real y lo inventado".

Entre las muchas oscuridades que rodean la figura del Che está, por ejemplo, su aversión a los homosexuales, a los que el revolucionario creía “pervertidos sexuales” y contrarios a los ideales del “hombre nuevo”, advertía uno de los artistas.

De hecho, como bien recuerdan, Ernesto Guevara estuvo involucrado en la creación del primer campo de trabajo en la península de Guanahacabibes, en 1960, donde posteriormente fueron encarcelados miles de homosexuales y que fue el antecedente de las Unidades de Ayuda a la Producción (UMAP).

El emblemático argentino del que se han estampado más camisetas en la historia no fue el único homófobo de una revolución de guerrilleros barbudos. También Fidel Castro sostuvo en varias entrevistas la incompatibilidad del homosexual con el verdadero comunismo: “Nunca hemos creído que un homosexual pueda personificar las condiciones y requisitos de conducta que nos permita considerarlo un verdadero revolucionario”, dijo el difunto mandatario cubano. “Una desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que debe ser un militante comunista”. 

Aunque, de hecho, la homofobia ya estaba en el germen de los históricos líderes cubanos, como el escritor y político José Martí, que en su obra Nuestra América identificaba al “homosexual como un ser afeminado incapaz de construir una nación”.

Poner ‘blanco sobre negro’

Los procesos de blanqueamiento y la construcción de mitos como el de Guevara, convertido en el buen y racional luchador por la libertad, son inherentes a la narrativa bélica y divisiva que busca alimentar una identidad común a través de la ocultación y la manipulación. Ello no quiere decir que personajes como el Che no tuviesen un papel clave ni mérito alguno en su lucha; sin embargo, en una sociedad que toma la parte por el todo, los mitos “blancos” son peligrosos incluso para la construcción de esa identidad comunitaria que se busca con ellos. 

"No hay que irse muy lejos para ser testigos de esta exaltación o blanqueamiento del falso mito. Un busto homenaje a un asesino, homófobo y racista en la madrileña localidad de Leganés", concluyeron los artistas en su nota.

Los españoles Omar Jerez y Julia Martínez no son nuevos en el arte de sacudir a la sociedad y poner del revés sus falsos mitos. 

Con sus performances han llegado incluso a ponerse ellos mismos en riesgo en más de una ocasión. 

En una de sus obras más conocidas, “"Omar Jerez en el País de las Maravillas", el artista caminó ensangrentado llevando un aparente cadáver en sus brazos por las calles de la ciudad vasca de San Sebastián, que fue calificada en su día como “epicentro del nacionalismo vasco”, para rendir homenaje a las víctimas de la banda terrorista ETA.

Jerez también experimentó una semana el encierro de un funcionario de prisiones español, José Antonio Ortega Lara, que fue secuestrado por ETA y vivió más de un año en un sótano diminuto. También viajó en la “Bestia”, el peligroso e inhumano tren que lleva migrantes desde México a Estados Unidos, y no reparó en criticar a la Camorra italiana en mitad de la ciudad de Nápoles.

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