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It is clear that mental health is not included in our countries’ public policies, nor in the daily life of citizen discussions.   Depositphoto
Está claro que en nuestros países la salud mental no está en las políticas públicas, ni en la cotidianidad de la conversación ciudadana.   Depositphoto

El silencioso drama de la depresión entre los jóvenes | OP-ED

   

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Se calcula que 340 millones de personas en el mundo sufre depresión. Equivale a la población de Estados Unidos y afecta especialmente a adultos mayores, a mujeres y a jóvenes.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 4,4% de la población del mundo la padece. En América Latina, los porcentajes más altos están en Brasil (5,8%), Cuba (5,5%) y Paraguay (5,2%). 

En cuanto a los jóvenes, Unicef consultó a 8.444 hombres y mujeres de 13 a 29 años en nueve de nuestros países, para conocer sus impresiones en cuanto a lo que han debido pasar emocionalmente en la pandemia. “El Covid-19 me ha cambiado mucho, ni siquiera me reconozco a mí misma”, contó una adolescente guatemalteca.

La situación económica es lo que más pesa en sus emociones. Para el 30% es el principal factor. El 27% aseguró que ha sentido ansiedad; el 15%, depresión y el 46% dijo tener menos motivación para a hacer lo que antes disfrutaba. El 43% de mujeres y el 31% de hombres son pesimistas frente al futuro.

En 2019, la OMS reveló que el suicidio entre jóvenes de 15 a 19 años es una de las principales causas de muerte, especialmente en países pobres y con escasas oportunidades de educación. En comunidades donde no hay esperanza de un futuro mejor. Si le agregamos la pandemia, se suman sentimientos de soledad por el aislamiento social, el miedo al contagio, la crisis económica y las dificultades de convivencia en casa. 

Del estudio de Unicef llama la atención que el 40%, pese a sentir la necesidad de hacerlo, no pidió ayuda. En contraste, un joven costarricense contó que “no todos tenemos las mismas posibilidades para mantener nuestro bienestar físico y emocional. Por eso, yo no dudé en pedir ayuda”.

También hay jóvenes que combaten a su manera la depresión para no dejarse vencer. Por ejemplo, un argentino contó que su fórmula “ha sido ayudar en un comedor comunitario para poder distraerme y no pensar en esta pandemia”. 

Está claro que en nuestros países la salud mental no está en las políticas públicas, ni en la cotidianidad de la conversación ciudadana. ¿Nos preguntamos desde el sector de la educación lo que les ocurre en este sentido a nuestros colaboradores, profesores y estudiantes? Muy poco y las áreas de bienestar son las que menos recursos tienen a la hora de elaborar los presupuestos. Se ignora que en la salud mental también está la clave para las metas que se plantean. 

En la memoria de la sociedad no está que las condiciones de vida, el estrés, las circunstancias ambientales y hereditarias son desencadenantes de la depresión, el silencioso drama para millones.

(*) Doctora en Pedagogía. Rectora de la Escuela Colombiana de Rehabilitación (ECR). [email protected]
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