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Defender cada derecho
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Defender cada derecho | OP-ED

Estados Unidos no puede rendirse a un retroceso de sus libertades.

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Y una vez más, comprobamos como nunca es tarde para retroceder en materia de derechos, sobre todo cuando se trata de los que afectan a los cuerpos de las mujeres. El Senado falla, ahora que quiere convertir el aborto en ley tras la filtración de la probable sentencia contraria del Tribunal Supremo, pero ha tenido 50 años para blindar un derecho del que solo parece preocuparse ahora.

Es así de sencillo: prohibir el aborto no reduce la cantidad de abortos, sino la calidad de las circunstancias en las que se lleva a cabo. Voy a contarles el caso de España. Hasta 2010, el aborto solo era legal en los tres casos habituales: malformación del feto, daño físico para la madre o daño psicológico. Pero esta última opción era la que se alegaba siempre para practicar el aborto libre que se legisló después; muchas mujeres que se quedaban embarazadas contra su voluntad, acudían al psicólogo para que les firmara la autorización por el riesgo psicológico para la gestante y después, interrumpían el embarazo.

La ley que se aprobó en el 2010, aunque progresista para el resto del mundo Occidental, en realidad solo hacía algo muy práctico: adaptarse a una realidad imperante. Una vez más, la sociedad avanzó más rápido que las leyes y por fin, estas se adaptaron a la ciudadanía, como debería suceder siempre.

Hoy en día, en España el aborto es libre hasta las 14 semanas de gestación. El gobierno conservador denunció la ley, pero el Tribunal Constitucional aún no se ha pronunciado al respecto. Y antes de que sea demasiado tarde, como parece que vaya a suceder en Estados Unidos, el gobierno progresista español quiere adelantarse a las circunstancias con una nueva ley que desactive cualquier sentencia contraria.

Los conservadores que no pudieron tumbar la ley sí introdujeron un cambio: las mujeres de 16 a 18 años, a pesar de estar en la edad legal para mentener relaciones sexuales, necesitarían el permiso de sus padres o tutores para interrumpir un embarazo, deseado o no. Fue el único cambio que se atrevieron a llevar a cabo. La sociedad española, bastante liberal, se manifestó en grandes concentraciones contra cualquier retroceso de la ley.

Ahora, aprovechando aquella desventaja, el ejecutivo pretende aprobar una nueva ley que vuelva a permitir a las mujeres de 16 años abortar sin tener que pedirle permiso a nadie. Y de paso, será una nueva legislación que, a no ser que otro partido lleve a los tribunales, estará libre de la sombra de una sentencia en contra.

Muchas luchas sociales han pasado por momentos en que se han conformado o relajado porque habían conseguido alcanzar unos objetivos que tiempo atrás parecían imposibles. Sin embargo, la historia nos enseña que nunca es tarde para volver atrás. Si las mujeres que en 1973 vieron por fin reconocidos sus derechos en Estados Unidos vieran lo que puede suceder ahora, probablemente no se lo creerían. No se trata solo de defender unos derechos conseguidos, sino de mostrar una actitud siempre beligerante contra el retroceso. Si un gobierno conservador no se atrevió a prohibir el derecho al aborto, los poderes legislativos en Estados Unidos deben entender que su pueblo y sobre todo, sus ciudadanas, no aceptarán que sean otros diferentes a ellas mismas quien decida sobre sus cuerpos. 

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