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Timothy Heller. Fotografiada por Hana Haley. 
Timothy Heller. Fotografiada por Hana Haley. 

Mientras el mundo celebra a Quienes Rompieron el Silencio, las acusaciones sobre una cantante latina siguen en el radar

“Es difícil decir que alguien a quien amaste te violó.  Alguien a quien TODAVÍA amas” – Timothy Heller

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Esta es la lista de algunos de Quienes Rompieron el Silencio; mujeres y hombres que asumieron el pesado propósito del movimiento #MeToo (Yo también) – la actriz y la ama de casa, el jugador de fútbol y la profesora universitaria, la activista y el friegaplatos, quienes figurativamente se pronunciaron y se pusieron del lado de incontables personas en solidaridad:

Ashley Judd, Alyssa Milano, Tarana Burke, Selma Blair, Sara Gelser, Taylor Swift, Blaise Godbe Lipman, Sandra Pezqueda, Rose McGowan, Wendy Walsh, Lindsey Reynolds, Juana Melara, Lindsay Meyer, Sandra Muller, Susan Fowler, Terry Crews, Megyn Kelly, Amanda Schmitt, Adama Iwu.

Estos individuos elegidos por la TIME como “Persona del Año” en el 2017 tienen, en un principio, poco en común. Una es multimillonaria, otra recoge fresas en el campo. Una es conservadora, la otra liberal. Una es del sudeste asiático, y la otra es blanca. Una es heterosexual y la otra es gay. Provienen de diferentes partes del país y del mundo, nacieron en dinámicas familiares distintas y bajo religiones distintas, así como también poseen diferentes niveles educativos.

La TIME se aseguró de que la diversidad de sus invitados fuera obvia en la cámara y entre bastidores, y eso es digno de elogio.

Pero algo no cuadra.

Ninguna de estas valientes personas convocadas para impulsar el movimiento #MeToo al transformarse en el rostro de “Quienes Rompieron el Silencio” ha hecho acusación alguna contra mujeres. De los millones de personas que valientemente escribieron con la etiqueta y que podrían haber decidido compartir su verdad… ninguna, cero, nada, zilch.

Esto es estadísticamente imposible. Un artículo especializado recientemente publicado, estimó que “el 70% de los hombres que fueron ‘obligados a penetrar’ a alguien más (una forma de violación, según la perspectiva de los investigadores) reportaron haber sido forzados por una mujer. De la misma manera, la mayoría de los hombres que han experimentado coerción sexual y contacto sexual indeseado, aseguraron que su agresor era una mujer”. Las mujeres también cometen estos crímenes contra otras mujeres, así como con menores de edad.

Los autores de este poderoso artículo tienen razón al aludir las maneras en las que las normas patriarcales nos han hecho cómplices al quedarnos callados, y sumisos al permitir que los chicos se comporten como chicos (especialmente en el ambiente de trabajo), ¿pero qué pasa con las agresoras femeninas?

¿Tan sólo reciben una palmada en la mano por la virtud de no tener los mismos privilegios inherentes al hombre? ¿O es que acaso es demasiado incómodo pensar en la mujer como un réprobo pervertido? ¿No es entonces feminista?

Siendo alguien que trabajó de cerca con jóvenes víctimas de la violencia sexual – muchas de las cuales habían sido agredidas por mujeres – durante un verano en la universidad, encuentro que esta doble moral enfermiza no es sólo reprochable sino también peligrosa.

Pero no hace falta entrar en mis pensamientos subjetivos con respecto a mi experiencia como voluntaria de trabajo social.

Existe una historia real sobre una cantante latinoamericana que violó a otra mujer, y que se ha estado desarrollando en nuestras narices. Es sólo que hemos estado demasiado enfocados en una sola versión de la historia (la popular, la que está conectada con O’Reilly, Trump y Lauer), como para observar todos los casos que existen en el marco del #MeToo.

Melanie Adele Martínez, dominicana y puertorriqueña de 22 años originaria de Queens, es una cantante de “pop electrónico surreal” sumamente querida, y quien ha conceptualizado sus luchas durante la infancia y los debacles de salud mental con el ego musical de Cry Baby.

Desde su participación en “The Voice” durante su bachillerato y el lanzamiento de su EP en el 2014, Melanie ha ido acumulando una bancada de seguidores impresionante, con más de 1 millón de seguidores en Twitter y 5 millones en Instagram. Aunque su música no es convencional, su nombre ha surgido con peso en la industria.

Sin embargo, cuando Timothy Heller – antigua amiga y víctima – publicó una acusación de cuatro capturas de pantalla de largo, el internet se quedó callado y dejó que la historia se colara bajo el tapete.

¿Dónde está la indignación?

Irónicamente, Timothy (una mujer con “nombre de chico”, como apunta sucintamente en su bio), esperaba que el impresionante apoyo a los supervivientes del acoso sexual en el movimiento #MeToo le ayudaría a llamar la atención:

“No sé cómo terminar esta historia. Temo mucho la respuesta que podría obtener. La única razón por la que hago esto ahora es porque espero que, debido a los eventos recientes, las personas me creerán. Si comienzas a dudar que el abuso haya ocurrido en esta historia, te ruego que te imagines que ella hubiese sido un hombre. Las chicas pueden violar a chicas. Los mejores amigos pueden violar a los mejores amigos. La amistad no implica el consentimiento. El silencio no implica consentimiento. Me gustaría que no fuese tan difícil convencerme a mí misma de estas cosas”.

No te debería costar convencernos o convencerte a ti misma, Timothy.

Deberíamos estar escuchando a quienes también han sido atacados, y darles lugar en la conversación, para discutir estos casos específicos que se mantienen silenciados o pasan inadvertidos ante el ojo público.

La justicia no es justicia si no somos inclusivos.

Si bien el 2017 se acaba, recordemos que nada de esto se acabará. Hay muchos otros que aún no han sido escuchados.

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