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Tal vez Trump simplemente admire a Putin como líder. Capaz ha aceptado la opinión del mundo de su asesor principal, Steve Bannon, que consiste en que Rusia no es un enemigo ideológico sino un amigo cultural, un país cristiano blanco que lucha contra musulmanes morenos. EFE 
Tal vez Trump simplemente admire a Putin como líder. Capaz ha aceptado la opinión del mundo de su asesor principal, Steve Bannon, que consiste en que Rusia no es un enemigo ideológico sino un amigo cultural, un país cristiano blanco que lucha contra…

[OP-ED]: Trump: por el amor hacia Putin

Las últimas revelaciones sobre Rusia y la campaña de Donald Trump son útiles dado que tal vez ayuden a develar el misterio que siempre ha estado en el centro…

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A diferencia de la política nacional, en donde ha caminado por todo el mapa político, Trump ha tenido opiniones claras y consistentes en torno a la política exterior durante tres décadas. En 1987, en su primera declaración importante sobre la política pública, extrajo un anuncio en varios diarios que comenzaba de la siguiente forma: “Por décadas, Japón y otras naciones han tomado ventaja de Estados Unidos”. En el anuncio, también vilipendió a Arabia Saudita diciendo que era: “un país cuya sola existencia está en las manos de Estados Unidos” y de otros “aliados que no ayudarán”. 

Esta es la visión del mundo de Trump y nunca ha vacilado. Ha adherido países a la lista de pícaros, más recientemente, a China y a Méjico. En cuanto al primero, escribió en su libro de campaña presidencial: “Hay personas que desearían que no me refiriese a China como nuestro enemigo. Pero eso es exactamente lo que son”. Durante la campaña dijo:”No podemos seguir permitiendo que China viole nuestro país”. Unos meses antes de anunciar su candidatura, tuiteó: “No quiero otra cosa con Méjico que no sea la construcción de una PARED impenetrable y detener su estafa hacia Estados Unidos”. 

Trump es lo que el historiador Walter Russell Mead llama un “Jacksoniano” en política exterior (haciendo referencia a Andrew Jackson), alguien profundamente escéptico e instintivamente hostil hacia otras naciones y a sus líderes, quien cree en una fortaleza de Estados Unidos que se preocupa de sus propios asuntos y que, si la molestan, “bombardearía la m ... ” a sus adversarios y luego se retiraría nuevamente a su hogar. 

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Esta era la actitud básica de Trump hacia el mundo, excepto en cuanto a Rusia y a Vladimir Putin. Diez años atrás, cuando el dinero ruso estaba entrando a montones en el occidente, Trump comenzó a alabar al país y a su líder: “Observen a Putin ... Está haciendo un gran trabajo reconstruyendo la imagen de Rusia y también reconstruyendo el período ruso”. En el 2013, Putin escribió un artículo de opinión en el periódico “The New York Times” para disuadir a la administración Obama de responder al uso de armas químicas del gobierno sirio. En este, argumentó que el gas venenoso en realidad era utilizado por la oposición siria para engañar a Washington para que atacase el régimen. La reacción de Trump fue lírica. “Pensé que fue una carta ... escrita extraordinariamente bien ... Creo que quiere convertirse en el líder del mundo, y ahora mismo eso es lo que está haciendo”. 

Trump admiró tanto a Putin que imaginó que los dos se habían conocido y realizó alguna variación de esa afirmación falsa por lo menos cinco veces en público, minimizando cualquier crítica hacia él. “Para ser sincero y justo con Putin, ustedes dicen que él mató gente. Yo no he visto eso” dijo en el 2015. “¿Han sido capaces de probarlo?” Cuando fue confrontado nuevamente sobre este tema, a principios de este año, lo rechazó diciendo: “Tenemos un montón de asesinos. ¿Qué? ¿Acaso ustedes piensan que nuestro país es tan inocente?” Trump no pudo haber realizado estas excusas por cualquier ventaja política. El Partido Republicano fue instintivamente hostil hacia Rusia, a pesar de que en signo de nuestras adecuaciones cambiantes, hoy en día los republicanos poseen una visión más favorable de Putin que los demócratas por 20 puntos. 

“No hay nada en lo que pueda pensar que preferiría hacer más que ser amistosos con Rusia”, declaró Trump en una rueda de prensa de julio del año 2016. Su campaña parecía seguir con esta idea. Asignó como asesor principal de política exterior a Michael Flynn, un hombre que había pronunciado aprendizajes pro-rusos y que, ahora sabemos que el gobierno ruso le había pagado. Paul Manfort, quien fue durante un tiempo la cabeza de la campaña de Trump, recibió millones de dólares del partido pro-ruso de Ucrania. Durante la convención republicana, hubo una reducción inusual del lenguaje de línea dura sobre la invasión rusa de Ucrania. Además, una vez electo, Trump eligió como su Secretario de Estado a Rex Tillerson, un hombre que había sido galardonado con uno de los honores más altos de Rusia para los extranjeros y tenía una “relación muy cercana” con Putin. Finalmente, hay contactos reiterados entre los miembros de la campaña de Trump y su familia con oficiales rusos principales y ciudadanos, que una vez más, parece ser único hacia Rusia. 

Resulta posible que haya explicaciones favorables a todo esto. Tal vez Trump simplemente admire a Putin como líder. Capaz ha aceptado la opinión del mundo de su asesor principal, Steve Bannon, que consiste en que Rusia no es un enemigo ideológico sino un amigo cultural, un país cristiano blanco que lucha contra musulmanes morenos. Sin embargo, tal vez haya otra explicación a esta década de lealtad hacia Rusia y su líder. Actualmente, este es el puzle en el centro de la presidencia de Trump que Robert Muller resolverá indudablemente.

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