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Abrazando el dolor de la partida física

“A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo,

 dos corazones en el mismo ataúd.” (Alphonse de Lamartine)

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“A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo,

 dos corazones en el mismo ataúd.” (Alphonse de Lamartine)

In memoriam of Elizabeth Guaracao and 

Ramiro Augusto Peña Higuera

La muerte es una parte inevitable de la vida humana, sin embargo, enfrentar la pérdida de un ser amado es una de las experiencias más dolorosas y desgarradoras que podemos experimentar. El dolor puede llegar a ser abrumador y hacernos sentir sobrepasa nuestra capacidad para soportar. Es normal sentir una profunda tristeza, angustia e incluso incredulidad ante esta inminente realidad. 

Cuando perdemos a alguien cercano, a menudo nos resistimos a aceptar su ausencia. Nos aferramos a la esperanza de que de alguna manera volverá a nosotros, que todo es solo un malentendido o un mal sueño del que pronto despertaremos. Esta negación es una etapa común del proceso de duelo y funciona como una defensa emocional que nos protege del inmenso dolor que sobreviene con la pérdida. Pero, prolongar la negación puede hacer que las heridas tarden más en cicatrizar.

El duelo es un viaje único y personal que cada individuo experimenta de manera diferente. No hay un camino predeterminado o una línea de tiempo para el duelo; cada persona vive un proceso único, en el que tiempo que necesita. Esto puede variar según la personalidad, la relación con quien ha partido y las circunstancias de la pérdida. 

Abrazar el dolor para aceptar y sanar

Al igual que las heridas físicas, las emocionales toman su tiempo para curarse. Queremos que el dolor desaparezca, pero no lo hará de un día para otro, requiere de paciencia y tiempo, por muy hondo que lo estemos sintiendo. 

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En primer lugar, es importante permitirnos sentir todas las emociones que surgen en el proceso de duelo. Muchas personas se acercarán para instarnos a no llorar o a reprimir todo lo que estamos sintiendo, pero cuando se trata del proceso de duelo, no hay emociones que sean “correctas” o “incorrectas”, sino que todas son de esperarse. Debemos aceptar la gama de emociones para que sean procesadas. Evitemos reprimir lo que sentimos. 

Por supuesto, este proceso es duro, así que podría ser necesario buscar apoyo emocional en este camino lleno de espinas. Expresar nuestros sentimientos a los amigos, familiares más cercanos o a un terapeuta será de gran ayuda. Ellos nos pueden ayudar a validar lo que sentimos y consolarnos. También es cierto que no todas las palabras que nos digan serán las más apropiadas, así lo hagan desde el amor. 

Este camino estrecho y angosto del duelo solo es transitado por quienes han amado y también han sido amados de vuelta. Los procesos de duelo tampoco se pueden comparar. Cada persona los vive de manera diferente. Sin embargo, conversar por otras personas que han vivido experiencias parecidas nos puede ayudar a no sentirnos solos, además de que proporcionan perspectivas que pueden servirnos para manejar nuestras emociones. 

La práctica de cuidarse a uno mismo también es fundamental durante el duelo. Esto puede implicar cuidar nuestra salud física a través de una buena alimentación, ejercicio regular y descanso adecuado. Además, es importante cuidar nuestra salud mental y emocional, practicando actividades que nos traigan consuelo y alegría, como la meditación, el arte, la música o simplemente pasar tiempo al aire libre.

Otro aspecto crucial en el proceso de sanación es encontrar formas significativas de honrar y recordar al ser querido que hemos perdido. Esto puede implicar crear un espacio de memoria en el hogar, plantar un jardín conmemorativo, celebrar rituales o tradiciones en su honor, o participar en actividades se disfrutaban juntos. Encontrar formas significativas de mantener viva la memoria del ser amado puede ayudarnos a sentirnos conectados con ellos y a encontrar consuelo en medio de nuestro dolor. Estos rituales o actos conmemorativos tampoco son obligatorios y ningún psicólogo debería imponerlos, solo son una sugerencia para que el recuerdo de quien ha partido permanezca entre nosotros. Tampoco son obligatorios, lo pueden realizar quienes se sientan preparados. Si el doliente no se siente a gusto, puede prescindir de estas opciones. 

Finalmente, es importante recordar que el proceso de duelo es un viaje continuo y que no hay un final definitivo para el dolor que sentimos por la pérdida de un ser amado. A medida que avanzamos en nuestro viaje de sanación, es natural que experimentemos altibajos y momentos de profunda tristeza y que, cuando nos sintamos mejor, volvamos a experimentar el dolor. Son solo las curvas del camino vital. El permitirnos sentir nuestras emociones, lo cual incluye abrazar el dolor de la partida, buscar apoyo y cuidarnos a nosotros mismos puede llevarnos hacia la aceptación y la paz interior mientras honramos el legado de quienes se han adelantado en partir.

Ig: @tuacompanantemocional 

 

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  • dolor
  • muerte
  • partida
  • resiliencia