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BIARRITZ, FRANCIA - 25 DE AGOSTO: El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro británico, Boris Johnson, asisten a una reunión bilateral durante la cumbre del G7 el 25 de agosto de 2019 en Biarritz, Francia. (Foto de Stefan Rousseau - Pool/Getty Images)
BIARRITZ, FRANCIA - 25 DE AGOSTO: El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro británico, Boris Johnson, asisten a una reunión bilateral durante la cumbre del G7 el 25 de agosto de 2019 en Biarritz, Francia. (Foto de Stefan…

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A tan sólo horas del cierre de la reunión anual del G7, un titular ha sobresalido entre las miles de noticias sobre el mitin: los líderes acordaron un paquete de 20 millones de dólares para ayudar a Brasil a hacer frente a los incendios masivos que amenazan con destruir el pulmón más grande del mundo en el Amazonas.

La organización económica intergubernamental enfoca sus reuniones anuales en precisamente eso: las políticas económicas. Si bien su ánimo cooperativo ha sido promovido como una manera de ayudar a los países empobrecidos, a mantener la estabilidad financiera mundial y a ejercer como consejero para asuntos a debatir en las Naciones Unidas, los resultados distan mucho de ser evidentes.

Uno de los objetivos más importantes de la organización en los últimos años ha sido la reducir las emisiones de carbono y enfrentar de esta manera los catastróficos efectos del cambio climático.

Este año, el preludio a la famosa reunión ha sido un incendio masivo en el pulmón natural más importante del mundo en el Amazonas, donde 72.843 incendios forestales han resultado incontrolables, arrasando con todo a su paso durante más de tres semanas.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, había advertido durante su campaña presidencial y durante sus primeros meses en el puesto que tomaría medidas para rescindir las protecciones medioambientales en el Amazonas como medida para impulsar el desarrollo económico del país.

En enero de este año, Bolsonaro aprobó una orden ejecutiva que transfería la regulación y la creación de las reservas indígenas al ministerio de agricultura, “controlado por cabilderos de la industria”, según explicaba The Guardian.

Esta era su manera de cumplir con la promesa de dar luz verde a la minería y la agricultura en las reservas indígenas.

Sin embargo, la oposición de organizaciones no gubernamentales y activistas medioambientales ha sido lo suficientemente fuerte como para que la decisión no fuera tomada frente a las cámaras.

Varios meses después, el Amazonas arde inconteniblemente.

Esta estrategia no es nueva, pues el 80% de la tasa de deforestación del Amazonas está directamente relacionada con el pastoreo, según una investigación de la Escuela de Estudios Forestales y Ambientales de la Universidad de Yale.

El centro de investigaciones explica cómo la ganadería y la deforestación son dos asuntos íntimamente ligados en Brasil, el mayor exportador de cabezas de ganado del mundo y que abastece a aproximadamente una cuarta parte del mercado mundial.

“El bajo costo de los insumos y el fácil transporte en las zonas rurales hacen de la ganadería una actividad económica atractiva en la frontera forestal”, agrega. “Aproximadamente 450.000 kilómetros cuadrados de un Amazonas deforestado en Brasil están ahora en pastoreo de ganado”.

Esto fue confirmado por una serie de documentos filtrados y publicados por la plataforma Open Democracy, donde se evidencia el proyecto del gobierno de Bolsonaro de “habitar la región amazónica para evitar la implementación de proyectos multilaterales de protección forestal.”

Mientras tanto, y a pesar de la iniciativa verbal del presidente francés Emmanuel Macron de poner “la emergencia climática” como principal asunto en la reunión del G7 este fin de semana, el carácter informal de la organización implica que ninguna de sus acciones es impositiva sobre el gobierno brasileño, por lo tanto Jair Bolsonaro no se ve obligado a apegarse a ninguna declaración conjunta.

Aunado a ello, el negacionismo imperante en la Administración Trump es un elemento que podría facilitar argumentos al gobierno de Brasil a la hora de desacreditar el cambio climático y vendarse los ojos ante la emergencia.

Este día lunes, el asiento vacío del presidente estadounidense durante la reunión más importante del evento en torno al cambio climático se hizo viral, como manifiesto implícito del fracaso de la diplomacia internacional cuando de enfrentar los verdaderos hechos se trata.

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