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The founder and CEO of AL DÍA, Hernán Guaracao, speaks at the Hispanic Heritage celebration hosted by AL DÍA at the Philadelphia Union League Club in 2018. He is brief during these special ocassions, but people accuse him sometimes of “speaking too much”. ALDÍANews
El fundador y CEO de AL DÏA, Hernán Guaracao, habla ante la audiencia de la celebración del Mes de la Herencia Hispana del año 2018 organizado por AL DÍA en el Club Unión League de Filadelfia. El es breve en estas ocasiones, pero algunas personas todavía…

¿Cuál es el problema con ser sincero? | OP-ED

Jorge Luis Borges y José Martí nos enseñan los buenos hábitos de decir la verdad, de ser siempre sinceros. O “sin-cera” en el rostro.

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M

i esposa por 34 años, Elizabeth, siempre me aconseja que no hable tanto.

Ella tiene la razón —como la mayoría de las esposas la tienen cuando nos corrigen— a pesar de que la amonestación incómoda al principio, pero siempre sirve después de todo.

Pero cuando hablamos demasiado, pero sinceramente, no es nuestra intención convertirnos en una incomodidad para nadie; es un poquito más complicado que eso.

El origen de esa elocuencia involuntaria a veces es el resultado de una lucha interna que uno lleva y que oprime a quien finalmente habla: la necesidad vital de compartir los pensamientos con quien quiera escucharlos y, más aún, expulsar del sistema lo que uno lleva como carga por dentro.

Cuando finalmente se expresa, sobreviene el alivio de haberlo finalmente vertido en palabras. Abundantes pero sinceras, en esa búsqueda incesante de poder entenderlo todo mejor al expresarlo.

La verbalización de ideas en esa especie de caldera del pensamiento, y el fuego que emana de ese centro ardiente  finalmente alivia la mente y el corazón, y retorna todo el cuerpo a una nueva normalidad, de una manera no muy diferente de las madres cuando dan a luz. 

Jorge Luis Borges, uno de los mejores escritores que haya tenido Latinoamérica, solía empezar sus charlas ante sus seguidores disculpándose por su estilo indeciso y seguidamente prometiendo que por lo menos sería “sincero” en lo que dijera.

José Martí, el intelectual y escritor cubano extraordinario que vivió en Nueva York al final del siglo XIX, define un sentimiento similar, que él consideraba indispensable para una interacción humana verdadera, y dejó esa simple idea para la posteridad inscrita en uno sus más celebrados poemas: “Cultivo una Rosa Blanca”

“Cultivo una Rosa Blanca / en junio como en enero / para el amigo sincero / que me da su mano franca….”
“Y para el cruel que me arranca / el corazón con que vivo, / cardo ni ortiga cultivo; / cultivo una Rosa Blanca.”

¿Así que cuál es el problema con ser sincero?

Los periodistas harían bien en adoptar un poquito de la sabiduría de Borges o de Martí y seguir su ejemplo en el ejercicio diario de su difícil profesión de contar la verdad. ¿Cómo pueden de otra manera llegar a ser escritores, buenos escritores, con una sola onza de credibilidad?

Martha Gellhorn, una de las mejores corresponsales extranjeras de su generación, lo dijo mejor a su manera:

“Gradualmente llegué a la conclusión de que la gente está más dispuesta a tragarse las mentiras que a oír la verdad, como si el sabor de las mentiras supiera a miel, tal vez deliciosa y formadora de un hábito”, uno que nadie critica.

No importa lo difícil que sea, la sinceridad y la honestidad a través de nuestras imperfectas palabras o nuestras inevitables negociaciones con nuestros semejantes, eso debe ser nuestra práctica diaria y verse como una aspiración pura y simple como esa “rosa blanca” de Martí.

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