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A pesar de la expectación causada, El baile de los 41 ha sido clasificada como película para mayores de 18, lo que para su director es una prueba de las raíces machistas y el tabú con el sexo homosexual en el país. 
A pesar de la expectación causada, El baile de los 41 ha sido clasificada como película para mayores de 18, lo que para su director es una prueba de las raíces machistas y el tabú con el sexo homosexual en el país. 

El Baile de los 41: El escándalo que “inventó” la homosexualidad en México

En plena lucha de la comunidad LGBTQ en México, el estreno de un filme de amor entre personas del mismo sexo en tiempos del dictador Porfirio es un triunfo. 

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A principios del siglo pasado, en plena dictadura de Porfirio Díaz, la policía realizó una redada en una fiesta privada del centro de Ciudad de México: 41 hombres fueron arrestados, la mitad de ellos iban vestidos de mujer. El caso provocó un gran revuelo en la prensa de la época y sus ecos llegaron incluso al Palacio Nacional, conociéndose como “El baile de los 41”.

Uno de los detenidos -en su mayoría los nombres permanecen ocultos- era el diputado Ignacio de la Torre y Mier, yerno de Porfirio Díaz y candidato a gobernar Morelos. Aunque su suegro mandó retirarlo de la lista, Díaz no pudo hacer nada contra el peso de la prensa y la potencia de esta historia, que ha sido el germen de multitud de novelas y también el eje central de una película que se estrena hoy 19 de noviembre, El baile de los 41.

Dirigida por David Pablos y protagonizada por  Alfonso Herrera, Mabel Cadena y Emiliano Zurita, los tres personajes encarnan a Ignacio de la Torre, su esposa Amada Díaz y un amante ficticio de De la Torre, Evaristo Rivas. 

“Quisimos contar una historia que no ridiculizara a la comunidad LGBT+”, explicó a EL PAÍS el actor Alfonso Herrera. “Fue un gran reto porque tampoco queríamos reivindicar la imagen de Ignacio de la Torre, un personaje ambicioso, político y empresario que se casó con Amada Díaz por interés. Era importante mostrar a este personaje de manera tridimensional”.

Aunque la cinta ha provocado gran expectación y se estrena en salas de todo el país, ha sido clasificada por la Secretaría de Gobernación como película no apta para menores de 18 años en virtud de las escenas de sexo explícito que contiene. Algo con lo su director, Pablos, ha sido bastante crítico, señalando que aún a día de hoy el cuerpo masculino y el sexo homosexual sigue siendo un tabú y la prueba del machismo presente en la sociedad mexicana. 

“En el cine es preferible ver a un hombre matando a otro hombre que ver a uno vestido de mujer. Tener un hijo delincuente que uno que sea maricón”, dijo el cineasta, quien no puede evitar ver los paralelismos entre la época en que se desarrolla la película y la actual. “Siguen los prejuicios, la reticencia y la poca visibilidad para la comunidad de la diversidad sexual”, resumió Pablos. 

A pesar de que México se encuentra en plena lucha por la igualdad de los derechos LGBTQ, con victorias muy sonadas como la reciente aprobación de las uniones civiles entre personas del mismo sexo en un estado conservador como Puebla, todavía las terapias de conversión se practican y hay estados como Jalisco donde los matrimonios del mismo sexo sólo se aceptaron por Orden de la Corte Suprema y las organizaciones no se cansan de denunciar que no se está respetando el fallo.

No sólo los feminicidios sino la violencia contra las personas LGBTQ y los asesinatos de odio están muy vivos en México, que es el segundo país del mundo con la tasa más alta de transfeminicidios después de Brasil, de acuerdo a Transgender Europe.  Por ello, que los carteles de una película donde aparecen dos hombres besándose o tomados de la mano no puede verse más que como una victoria, aunque grupos fundamentalistas lo señalan como una provocación. 

“Es una gran victoria. No saben cuánto hemos batallado para encontrar empresas que apoyaran el proyecto”, recordaba David Pablos.

El baile de los 41

Más allá de las bromas y los titulares escabrosos que acaparó en la prensa, este caso visibilizó una realidad que hasta entonces era tabú en el país y sirvió para muchos como símbolo de las luchas que llevaría a cabo la comunidad LGBTQ posteriormente. Incluso escritores como Carlos Monsiváis señalan que la Redada “inventa la homosexualidad en México”.

Tanto fue así que el número 41, que ni siquiera existía en los cuarteles de la época porque se veía como un insulto a la masculinidad tras los hechos acaecidos, con el tiempo ha pasado a ser un signo de orgullo y no un estigma. 

Pero, ¿cuál fue el destino de aquellos 41 hombres que apresaron en la fiesta?

Si bien muchos consiguieron ocultar su nombre, como mencionamos anteriormente, los que no tenían tanto dinero o influencia como para “untar” a las autoridades fueron condenados por escándalo público al atroz ostracismo de barrer las calles de la capital vestidos con ropas femeninas o fueron castigados a trabajar forzadamente en Yucatán.

Ignacio de la Torre pagó este desliz algo menos caro que sus compañeros. Si bien dejó de estar activo socialmente, la historia lo recuerda por haber sido prisionero del Ejército Zapatista durante la Revolución mexicana e incluso se rumorea que pudo haber un supuesto romance entre Zapata y él.

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