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Los robots no nos robarán todos nuestros puestos de trabajo, porque su eficiencia creará más poder adquisitivo para otros gastos en productos nuevos, que requieren supervisión o participación humana. Como prueba, consideremos los teléfonos inteligentes. En 2012, habían creado casi 500.000 puestos de trabajo para “aplicaciones móviles”, de cero en 2007.
Los robots no nos robarán todos nuestros puestos de trabajo, porque su eficiencia creará más poder adquisitivo para otros gastos en productos nuevos, que requieren supervisión o participación humana. Como prueba, consideremos los teléfonos inteligentes…

[OP-ED]: ¿Nos quedaremos todos sin empleo a causa de los robots?

Tenemos otro estudio más que demuele la idea de que los robots—y otras formas de automatización, entre ellas la “inteligencia artificial”—destruirán nuestros…

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El estudio (“False Alarmism: Technological Disruption and the U.S. Labor Market, 1850-2015”) proviene de la Technology & Innovation Foundation, un centro de investigaciones de Washington, que se centra en tecnología. La mayor virtud del estudio es recordarnos que cambios pasados borraron categorías laborales enteras sin causar alto desempleo en la sociedad. 

Eso no significa que el desempleo no sea un problema. Obviamente, lo es, especialmente durante recesiones o para los trabajadores cuyos trabajos han sido desplazados por tecnologías, productos o competidores nuevos. Pero debemos recordar que la economía norteamericana tiene enormes poderes de recuperación. En verdad, el estudio sostiene que el efecto trastornador de la tecnología sobre el mercado laboral actual es mucho menor que en el pasado. 

Escribí sobre este tema anteriormente, pero vale la pena volver a abordarlo por los engañosos y arraigados mitos que se han creado. Utilizando una base de datos de diversas ocupaciones (ejemplos: trabajadores agrícolas, enfermeras, ingenieros) creado en la Universidad de Minnesota, los autores del estudio, Robert Atkinson y John Wu, examinaron la forma en que la tecnología afectó las diversas ocupaciones en cada década, desde 1850. Cuantos más cambios—ya fuera más o menos puestos de trabajo—más trastornador fue el impacto de esa tecnología. 

A menudo hay un ciclo. Una nueva tecnología crea o elimina puestos de trabajo. El efecto continúa o se acelera durante unos años o décadas. Después, el mercado madura o se introducen otros cambios tecnológicos. Los puestos de trabajo se estabilizan o declinan. 

Tomemos los ascensoristas. En 1860, no había ninguno, porque los constructores no sabían cómo construir estructuras altas de acero. Una vez que esa técnica se dominó, la demanda de ascensoristas creció. Para 1950, sumaban 114.473. Pero en la década de 1920, Otis Elevators creó ascensores de auto-servicio, que se propagaron después de la Segunda Guerra Mundial. Para 1990, el número de ascensoristas era “esencialmente cero”, informan Atkinson y Wu. 

O consideremos los operadores de las proyectoras de cine. A principios del siglo XX su número se elevó, alcanzando un pico de 31.000 en 1940. Pero en la década de 1950, un número mayor de “norteamericanos escogió quedarse en casa y ver televisión”, mientras que en las décadas de 1970 y 1980, más cines se convirtieron en “multiplex [donde] ... un operador podía manejar ahora más de un proyector.” Ambos desarrollos redujeron la necesidad de los operadores de proyectores. En 2015, había un poco menos de 5.000 de ellos. 

El cambio tecnológico—tanto ganar puestos como perderlos—causó trastornos pero, a largo plazo, no fue destructivo. La base de empleos de la economía se ajustó. Los cambios tecnológicos crearon demanda del consumidor por nuevos productos y servicios, que sostuvieron el crecimiento de puestos de trabajo y contrarrestaron las pérdidas de empleo. 

El gran temor hoy en día, dijo Atkinson en una entrevista, es que eso cambie. La tecnología eliminará puestos de trabajo y no los reemplazará. A la gente le preocupa que su “capital ocupacional [sus destrezas y conocimientos laborales] se destruyan.” Las máquinas sustituyen a los humanos permanentemente. “De eso se trata el debate sobre robots e inteligencia artificial,” dijo. 

Pero hay pocos precedentes para ese resultado. La realidad, dijo Atkinson, es que las nuevas tecnologías siempre sacudieron los mercados laborales. Los mercados e industrias individuales van y vienen—a menudo perjudicando a los obreros y sus comunidades—pero el proceso mayor continúa. La pérdida de empleo en un sector a menudo se contrarresta por el aumento de puestos en otro. 

Consideremos los años 70. Durante esa década, según Atkinson, el número de trabajadores agrícolas cayó 12 por ciento, y el número de operadores telefónicos y de mecanógrafas cayeron cada uno en un 41 por ciento. Pero el mercado laboral general se expandió aproximadamente en un cuarto, o unos 20 millones de puestos de trabajo. 

La lección de la historia parece ser la siguiente: Los robots no nos robarán todos nuestros puestos de trabajo, porque su eficiencia creará más poder adquisitivo para otros gastos en productos nuevos, que requieren supervisión o participación humana. Como prueba, consideremos los teléfonos inteligentes. En 2012, habían creado casi 500.000 puestos de trabajo para “aplicaciones móviles”, de cero en 2007. 

La automatización no es un fenómeno nuevo. Como es de comprender, inspira temor. Pero hasta ahora, en Estados Unidos, no mata el crecimiento de puestos de trabajo.

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