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Es posible que la confusión del gobierno de Trump se propague a los mercados financieros, si los inversores concluyen que muchas de las propuestas del presidente, incluyendo la así llamada reforma fiscal, tienen escasas posibilidades de ser aprobadas. Archivo
Es posible que la confusión del gobierno de Trump se propague a los mercados financieros, si los inversores concluyen que muchas de las propuestas del presidente, incluyendo la así llamada reforma fiscal, tienen escasas posibilidades de ser aprobadas…

[OP-ED]: ¿Está el mercado de valores demente—o sólo alocado?

William Cline va a contrapelo. Cline, economista conocido, no está convencido de que el mercado de valores esté exageradamente sobrevaluado. Su opinión es cada…

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“Aumentan Señales de Advertencia por Tambaleo de Acciones”, fue un titular del Wall Street Journal esta semana. “Los inversores se están quedando sin razones para seguir comprando valores norteamericanos, y exponen un creciente número de señales de advertencia,” escribió el Journal. Lo que se cita con más frecuencia es el ratio P/G, es decir la relación entre los precios de las acciones (P) y sus ganancias (G). Una encuesta de junio, realizada entre gerentes de inversiones por el Bank of America Merril Lynch, halló que el 84 por ciento pensaba que las acciones norteamericanas están sobrevaluadas. 

Remontándonos a 1936, el P/G promedio para las ganancias reportadas de las 500 acciones de Standard & Poor fue alrededor de 17, señala Howard Silverblatt, de S&P. Recientemente, el P/G fue alrededor de 24. Algunas empresas tecnológicas tienen P/Gs particularmente altos. 

Un segundo, dice Cline en un breve estudio para Peterson Institute, el centro de investigaciones de Washington donde trabaja. Las comparaciones estadísticas con el pasado, sostiene, sugieren que la sabiduría convencional está equivocada. “Una inflación baja, desempleo bajo y tasas de interés bajas [crean] una justificación considerable para las ratios P/G relativamente altas,” escribe. 

Lo que está en juego en esta disputa es importante. Un mercado de valores que se debilita puede perjudicar la “economía real” de la producción de puestos de trabajo, a medida que los consumidores pierden la confianza y gastan menos. Un mercado en descenso podría también multiplicar los problemas del presidente Trump, quien considera el aumento de las acciones como prueba de que el apoyo a sus políticas es mayor de lo que la cobertura mediática indica. 

Además, dice Cline, el progreso del mercado ha sido “sólido”. De fines de 2011 a fines de 2016, el índice Standard & Poor (S&P) de 500 acciones se elevó notablemente en un 78 por ciento. Aún así, señala Cline, las ganancias son menores que el aumento en el período similar de cinco años que condujo a la burbuja punto.com. De fines de 1994 a fines de 1999, el S&P se elevó 220 por ciento. 

De 2002 a 2012, dice Cline, las acciones en su mayor parte siguieron a las ganancias ascendentemente. Ese punto es relativamente poco controvertido. Fundamentalmente, se supone que las acciones reflejan las ganancias presentes y futuras de una empresa. Pero desde 2012, los precios de las acciones aumentaron más rápidamente que las ganancias, sugiriendo preguntas sobre si el mercado está montado en una ola especulativa insostenible. 

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Una explicación, según Cline, es el optimismo sobre las ganancias futuras. Cline cita pronósticos de analistas de inversiones que indican que las ganancias crecerán rápidamente en los próximos años, un 37 por ciento más en 2018 comprado con niveles de 2016. Cuanto más expectativas optimistas tengan los inversores, más pueden justificar los precios altos actuales. 

Cline se basa en gran parte en un modelo estadístico que atribuye los ratios P/G a tres factores: la tasa de desempleo; la tasa de inflación; y las tasas de interés medidas por la tasa de valores del tesoro de 10 años. Hay una lógica detrás de cada punto. El desempleo bajo significa una rentabilidad amplia—bueno para las acciones—mientras que una tasa más alta de desempleo favorece lo opuesto. La inflación más alta promueve la incertidumbre y ganancias más débiles. Las tasas de interés más altas llevan el dinero de las acciones a los bonos y certificados de depósito. 

A Cline le gusta ese resultado. “Durante los cinco últimos años,” escribe, “el ratio P/G pronosticado estuvo relativamente cercano al nivel real.” 

En general, Cline piensa que las acciones no se cotizan lejos de lo que la experiencia histórica sugiere. La conclusión, si cierta, es que los mercados actúan en su mayor parte racionalmente y no son impulsados por la especulación. Las acciones simplemente son más atractivas que la mayoría de las alternativas actuales. 

Pero hasta el cálculo de Cline se apoya en suposiciones optimistas—grandes avances en las ganancias, una inflación moderada y desempleo y tasas de interés bajos. Cualquiera de esas condiciones favorables podría revertirse.

El aumento de las tasas de interés es la vulnerabilidad más obvia. En verdad, la Reserva Federal está aumentando de a poquito las tasas para prever un aumento de inflación y especulación financiera. También es posible que la confusión del gobierno de Trump se propague a los mercados financieros, si los inversores concluyen que muchas de las propuestas del presidente, incluyendo la así llamada reforma fiscal, tienen escasas posibilidades de ser aprobadas. 

Entonces: el mercado de valores quizás no esté demente pero sin duda está alocado.

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