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Photo: The Center for Generational Kinetics 
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[OP-ED]: La perspectiva de un "billennial" acerca de las elecciones

Somos una nación de puestos de comida halal Pakistaní, de directores de cine Mexicanos, de diseñadoras chinas de trajes de novia, de ilustradores italianos, de iconos feministas africanas.

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Somos una nación de puestos de comida halal Pakistaní, de directores de cine Mexicanos, de diseñadoras chinas de trajes de novia, de ilustradores italianos, de iconos feministas africanas. El término “americano” va unido al guión de nuestra rica ascendencia,que incluye a griegos, haitianos, colombianos, armenios y todos los que hemos ido sembrando nuestras semillas en territorio Norteamericano. Somos los hijos de los  inmigrantes, o somos directamente los inmigrantes proverbiales, y nuestros futuros hijos vendrán a este país con un certificado de nacimiento reluciente de primera generación, plenos de oportunidades que ya sabemos que se merecen.

 

No sólo somos una cohorte de miembros de las Generaciones X, Y y Z con nombres difíciles de pronunciar o cejas demasiado marcadas. Somos bilingües y biculturales. Soñamos en nuestra lengua materna y hablamos en la de nuestro padre. Vamos a la escuela, a la universidad; trabajamos en una identidad angloparlante y con forma de pensar americana, y regresamos a casa para ponernos nuestro “chándal cultural”, ese en el que fuimos criados para sentirnos más cómodos en lo que nosotros llamamos hogar.

 

Usted no es mi abuela, Señora Clinton. Ya desearía usted tener el coraje, la gracia y la tremenda perseverancia con la que mi abuela llegó a este país, habiendo perdido todo para tener algo (cualquier cosa) que dar a sus hijos y más tarde, a sus nietas y nietos. Ya desearía usted tener una pequeña parte de los contratiempos que ella tuvo, esos a los que tantas mujeres inmigrantes han sido sometidas, ya quisiera usted poder llamarse de esa manera. No nos complazca. Crea en nosotros al abrazar aquello que nos hace diferentes, crea en la certeza de que cada experiencia individual que traemos a esta nación es hermosa y genial, y entonces empezaremos a creer en usted.

 

No somos violadores, Señor Trump. No somos terroristas, Señor Trump. No somos algo que usted puede agarrar y lanzar por encima de un muro, algo que que usted puede deshumanizar descaradamente en la televisión nacional. De hecho, nuestros abuelos, nuestros padres e incluso nosotros, hemos proveído de incontables manos trabajadoras a sus inmensos y ejecutivos logros (o fracasos), le hemos alimentado, hemos criado y educado a sus hijos. Uno como nosotros incluso le dio un hijo.

 

Algunos estamos aquí ilegalmente y otros no. Algunos nos morimos por ser ciudadanos de los Estados Unidos y otros se han muerto intentándolo. Muchos de nosotros los “billennials” tenemos amigos o familiares en alguna de estas categorías. Muchos de nosotros no estamos ni allí ni aquí, andando con pies de plomo con las expectativas de nuestras culturas maternas, las expectativas de nuestra nación, las políticas domésticas y extranjeras, y los estereotipos perpetuados por nuestros políticos y nuestros candidatos, que hacen que el sobrevivir en cualquiera de los bandos que definen quienes somos, sea avasallador y agotador.

 

Nosotros ya hemos hecho de éste un país genial, Señor Trump. Tenemos la habilidad de, incluso, hacerlo mejor. Usted ha envenenado cobardemente los corazones de muchos que lo aclaman como su salvador, pero nosotros demostraremos que sus sangrientas banderas Confederadas y sus gorras de baseball con eslogans están equivocadas. Pero Señora Clinton, si votamos por usted, la mujer con experiencia y la “asquerosa” mujer (así le llamó el Señor Trump) que se posiciona por encima de la retórica insidiosa de Trump, ayúdenos a demostrarles que están equivocados. Quizás entonces, pueda usted transformarse en nuestra honorable abuela.

 

 

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