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Fotografía cedida por la Presidencia de México del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, quien habló durante un acto en Ciudad de méxico (México), en el marco de la clausura de la 33 Asamblea General Ordinaria del Consejo Nacional Agropecuario. Peña Nieto remarcó hoy que el país "dobla su apuesta" por la apertura y el libre comercio, a pesar de voces contrarias como la de su homólogo Donald Trump y en el marco de la futura renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte
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[OP-ED]: La guerra de Trump contra México no tiene sentido

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“México se prepara para una guerra comercial contra Washington,” titular del Financial Times, 31 de enero de 2017.

Esperemos que no, porque una guerra comercial desencadenada por el presidente Trump sería un acto de pura agresión económica, no justificado ni por los intereses económicos y políticos de Estados Unidos ni por la conducta de México. Sería el equivalente económico de la invasión de Crimea por Rusia, un puro ejercicio de matonismo.

Nuestros intereses aquí son claros. El principal objetivo es promover un México próspero que nos proporcione mercados en expansión para nuestras exportaciones y, al mismo tiempo, cree puestos de trabajo e ingresos más elevados para que los mexicanos no emigren a Estados Unidos. (La inmigración ilegal neta de México ya se ha detenido). Aunque un muro fronterizo es una manera legítima de reducir la inmigración ilegal, esa medida no sería eficaz contra el colapso de la economía mexicana.

Es imprudente e insensato desear que México restrinja su comercio y debilite su economía, e insistir al mismo tiempo en limitar la inmigración. Es una fórmula para el derrumbe social y económico de México con efectos adversos potenciales para Estados Unidos. Sin embargo, ése parece ser el programa de Trump, que revisaría—y tal vez desecharía—el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que cubre a México, Canadá y Estados Unidos.

La principal acusación contra México parece ser que tuvo un excedente comercial en mercadería, de 60.700 millones de dólares con Estados Unidos, en 2015. Se supone que el excedente de México destruyó puestos de trabajo en Estados Unidos. Indudablemente, algunas plantas se mudaron a México. Pero ésa no es la historia completa.

Observarán que el excedente comercial de México involucraba “exportación de mercadería”—productos tales como automóviles, chips de computadoras y maquinaria. Lo que se omiten son los servicios (turismo, servicios financieros, derechos de patentes y demás.) En 2015, Estados Unidos tuvo un excedente de 9.600 millones de dólares en servicios con México, según cifras compiladas por Lucy Lu del Peterson Institute. El excedente en servicios con Canadá fue aun mayor, 27.400 millones de dólares.

Los excedentes en servicios redujeron el déficit comercial total de Estados Unidos con sus socios del Tratado de Libre Comercio a 39.200 millones de dólares en 2015, informa Lu. Eso representa sólo el 6,5 por ciento del total de las exportaciones de Estados Unidos a México y Canadá (604.200 millones de dólares) y un 3 por ciento del total del comercio norteamericano—importaciones y exportaciones—con sus socios del Tratado de Libre Comercio (1,248 billones de dólares). La economía de Estados Unidos tiene aproximadamente un tamaño de 18 billones de dólares; esos modestos déficits comerciales no representan una carga importante para la creación de puestos de trabajo en Estados Unidos ni para su crecimiento económico.

Lo que sí podría representar una carga es una eliminación del Tratado de Libre Comercio, que impida los flujos comerciales acostumbrados. En diversos momentos, Trump o sus asesores amenazaron con imponer aranceles o tarifas del 20 por ciento sobre el 35 por ciento de las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos. Esas penas supuestamente elevarían los precios de las exportaciones y serían pasadas a los consumidores norteamericanos, quienes reducirían la compra de productos mexicanos.

Otra vulnerabilidad es la existencia de cadenas de suministro entre Estados Unidos, México y Canadá. Muchas piezas—especialmente para automóviles y productos electrónicos—cruzan las fronteras repetidamente antes de emerger como productos acabados. Un reciente informe del Congressional Research Service citó pruebas de que el 40 por ciento de las importaciones a Estados Unidos de México consistían en valor agregado norteamericano.

Si el impuesto o arancel se aplicara solamente a la producción de México, sus porciones deberían separarse. En la práctica, eso causaría problemas dado el comercio bidireccional común en muchas industrias. En 2015, por ejemplo, Estados Unidos importó 58.000 millones de dólares en computadoras y productos electrónicos de México, mientras que exportó 43.000 millones de dólares en productos similares a México, según datos de la Administración Internacional de Comercio de Estados Unidos.

Toda la lógica del comercio es exportar para poder importar. Es cierto que una enorme brecha entre exportaciones e importaciones puede causar problemas económicos y políticos. Pero eso no ocurre con el Tratado de Libre Comercio. Los desequilibrios comerciales entre Canadá, Estados Unidos y México son modestos y manejables. Si Trump inicia una guerra comercial, todos los países del Tratado serán perdedores, incluso si Trump—mediante su incendiaria y distorsionada retórica—gana políticamente.