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El renacimiento de la clase media, vago y posiblemente temporal, inspira esperanza. Entre mucho pesimismo, a veces hay hechos que nos sorprenden agradablemente.
El renacimiento de la clase media, vago y posiblemente temporal, inspira esperanza. Entre mucho pesimismo, a veces hay hechos que nos sorprenden agradablemente.

[OP-ED]: La clase media vuelva a florecer

La clase media ha vuelto—o eso parece.

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Ése es el mensaje del último informe de la Oficina de Censos sobre “Ingresos y pobreza en Estados Unidos”. Las noticias son, en su mayor parte, buenas. Los ingresos de la familia media (la familia exactamente en el medio) se elevaron a una cifra récord de 59.039 dólares; el aumento en dos años fue un notable 8,5 por ciento. Mientras tanto, hubo 2,5 millones menos de norteamericanos bajo la línea de la pobreza del gobierno (24.563 dólares para una familia de cuatro). La tasa de pobreza cayó de un 13,5 por ciento de la población en 2015 a un 12,7, en 2016.

El informe del Censo refuerza las encuestas de Gallup—que reporté en esta columna hace unas semanas—los norteamericanos han vuelto a abrazar su identidad de clase media. A causa de la Gran Recesión, muchos individuos se sintieron económicamente vulnerables y traicionados. Casi la mitad de los norteamericanos se auto-identificaron como miembros de “las clases obrera y más bajas”—un enorme cambio de los casi dos tercios que, antes de la recesión, se habían clasificado como “clase media”. Ahora, los norteamericanos volvieron a la tradición. Casi dos tercios vuelven a denominarse a sí mismos como clase media, según encuestas de Gallup. 

La gente se ha tranquilizado, porque el desempeño constante, aunque lento, de la economía parece encarnar las virtudes de la clase media: orden, previsibilidad y trabajo arduo. Los que criticaron la recuperación por ser lenta y decepcionante (yo entre muchos otros) quizás no comprendieran un punto. Al avanzar lentamente durante ocho años, la recuperación permitió que la población reclamara sus puestos de trabajo y su confianza. El Censo calcula que en 2016 hubo 14 millones más de trabajadores de todo el año y tiempo completo que en 2009, punto más bajo de la recesión. 

Aún así, la historia del renacimiento de la clase media puede exagerarse. El informe de “Ingresos y pobreza” está lleno de estadísticas que definen e indican algunos problemas nacionales acuciantes. No todas las pruebas son optimistas. He aquí tres conclusiones aleccionadoras. 

Primero, los salarios medios de los hombres para trabajos de tiempo completo y todo el año se han estancado.

Por asombroso que parezca, las ganancias medias de los hombres no han subido, en realidad, desde mediados de la década de 1970. He aquí las cifras. En 2016, la media era 51.640 dólares para trabajadores de todo el año a tiempo completo. En 1975, la cifra comparable era 51.766. (Nota: Todas las cantidades en dólares fueron ajustadas según la inflación y se expresan en dinero de 2016. Nuevamente, el salario medio es el que está exactamente en el medio de la distribución—una mitad está por encima, otra mitad, por debajo.)

Las causas del estancamiento no están claras, pero se ha atribuido la erosión de puestos de trabajo manuales bien remunerados a diversos factores: la decadencia de los sindicatos y la pérdida de puestos manufactureros; la automatización y las nuevas tecnologías; el comercio y la competición internacional. Una nueva teoría descansa en los cambios demográficos: A medida que los baby-boomers mayores se jubilan, son reemplazados por trabajadores más jóvenes que reciben salarios menores. 

Cualquiera sea la explicación, las mujeres parecen haber sido menos afectadas. En verdad, sus salarios crecieron más rápidamente que los de los hombres, lo que es un reflejo de puestos mejor remunerados, a los que en una época las mujeres no tenían acceso. En los años 70, las ganancias de las mujeres promediaban alrededor de un 60 por ciento de las de los hombres; ahora representan un 80 por ciento. Se disputa si el 20 por ciento restante se debe a discriminación o a recorridos profesionales diferentes de hombres y mujeres. 

Segundo, la clase media alta florece—pero no las clases bajas.

Si uno toma 100.000 dólares como un límite aproximado para estar en la clase alta, entonces la porción de familias por encima de ese límite es de alrededor de un cuarto (27,7 por ciento para ser exactos) en 2016, mientras que en 1990 era sólo un quinto (19,4 por ciento). Las familias negras también experimentaron un aumento de ingresos por el que ingresaron en la clase media alta, aunque en niveles menores. En 2016, una de cada siete familias negras (14,9 por ciento) tenía ingresos de más de 100.000 dólares, mientras que en 1990 la tasa era de 1 de cada 12 (8,6 por ciento). 

En cambio, el movimiento ascendente en otros niveles fue leve. Tomemos los nuevos ingresos familiares medios récord de 59.038 dólares como ejemplo de lo que está pasando en la distribución de los ingresos del medio. Si los ingresos crecieran rápidamente, habría una gran brecha entre los ingresos de hoy y los de fines de los años 90. No la hay. Los ingresos de hoy son menos de un 1 por ciento más altos que el récord anterior de 58.665 dólares logrado en 1999. 

Tercero, casi tres cuartos del ascenso de los norteamericanos que viven en la pobreza desde 1990 reflejan aumentos en la pobreza hispana—aumentos conectados con la inmigración, ya sea legal o ilegal.

No hay una tabla con esa cifra; pero refleja una simple aritmética. Hagámosla. Entre 1990 y 2016, el número de individuos por debajo de la línea de pobreza del gobierno aumentó de 33,6 millones a 40,6 millones, un aumento de 7 millones. En el curso de los mismos años, los hispanos en la pobreza aumentaron de 6 millones a 11,1 millones, un aumento de 5,1 millones que representa el 73 por ciento del aumento total de 7 millones. 

El mensaje es ambiguo. Es cierto que tenemos más problemas que soluciones. La inmigración, los salarios estancados y la desigualdad entre las familias son meros ejemplos. Pero el renacimiento de la clase media, vago y posiblemente temporal, inspira esperanza. Entre mucho pesimismo, a veces hay hechos que nos sorprenden agradablemente.

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