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Cantora Naomi Hirsch toca el shofar, un instrumento judío que sirve como una llamada a acción para los demás.
Cantora Naomi Hirsch toca el shofar, un instrumento judío que sirve como una llamada a acción para los demás. 

Los activistas Judíos dicen nunca más para nadie

Los activistas se basan en su herencia judía para oponerse a las condiciones inhumanas en los centros de detención. 

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Lizzie Horne, con su placa plateada con su nombre Hebreo alrededor del cuello, se presentó con el megáfono en mano frente a 300 manifestantes reunidos en Filadelfia el 4 de julio. Habló sobre la crisis en la frontera y en los centros de detención en todo el país mientras invocaba la memoria del Holocausto , una tragedia que muchos de sus propios ancestros habían experimentado.

“Después del Holocausto hicimos un compromiso como pueblo judía de decir nunca más”, le dijo a AL DÍA el 3 de julio. “Lo que realmente queremos decir con nunca más es nunca más para nadie”. 

En el revuelo sobre las condiciones horrendas de los centros de detención de los inmigrantes en la frontera, algunas de las voces más recias en la protesta han sido las de la comunidad judía. Durante las últimas semanas, los activistas judíos se han volcado a las calles, junto con sus aliados y los miembros de los grupos de derechos de los inmigrantes, aquí en Filadelfia y en toda la nación para protestar contra las condiciones de aquellos “albergados” en los centros de detención. 

Para el movimiento Nunca Más, el mandamiento “nunca más” expresa su objetivo de nunca más atestiguar lo que vivieron sus ancestros durante el Holocausto y nunca más atestiguar la injusticia y la violencia hacia cualquier grupo vulnerable. Esto se ha aplicado para enfatizar la severidad de las violaciones a los derechos humanos que se están llevando a cabo contra la comunidad de inmigrantes.

El movimiento afirma la caracterización de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez de los centros como “campos de concentración” para representar las condiciones inhumanas experimentadas por quienes buscan asilo y los inmigrantes indocumentados que son colocados en los mismos. En los informes más recientes sobre las condiciones en los centros de detención en la frontera, USA Today describió condiciones de hacinamiento, con olor a orina y heces. 

Los informes anteriores indican que los niños están siendo separados de sus padres y que 24 adultos y seis niños han muerto en los Centros de Detención de la ICE. Además, hay informes de niños que viven en condiciones inhumanas en los centros de detención, algunos sin acceso a alimentos, agua o higiene adecuado y que a las personas se les está negando el derecho a la atención médica. 

Uno de esos centros de detención está situado a tan solo tres horas de distancia de Filadelfia, en el Condado de Berks, al que muchos de los manifestantes hacían un llamado porque fuera cerrado, en especial porque han habido informes de abuso sexual por parte de los detenidos. 

La comparación con los campos de concentración ha sido criticada y alabada por diferentes personas y grupos en toda la comunidad judía. 

Marcia Bronstein, directora regional del American Jewish Committee (AJC) Philadelphia/ Southern New Jersey, dijo: “el AJC también rechaza que se apropie del lenguaje del Holocausto para describir otros eventos  — por más horrendos que los otros eventos puedan ser”.    

No obstante, Horne, como otros organizadores judíos en el movimiento Never Again (Nunca más) estuvo en desacuerdo. 

“Llamar “campos de concentración” a los centros de detención es expresar “la realidad de lo que son”, dijo ella.

El 4 de julio, más de 300 manifestantes se reunieron en Independence Hall en Filadelfia para exigir el cierre de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) y el cierre de los centros de detención, y para decir “Nunca más.”

Los participantes cantaron “Los refugiados son bienvenidos aquí. Los inmigrantes son bienvenidos aquí. Nunca más significa nunca más para nadie. ¡Cierren los campamentos!”, y cantaban canciones como “Tu gente es mi gente. Tu ser divino, mi ser divino”. Las mismas canciones y cantos han hecho eco en las protestas Nunca más en todo el país y los manifestantes se han presentado con rótulos en español como “Ningún humano es ilegal” y en hebreo como “Tzedek” o justicia. 

En la manifestación, 33 personas fueron arrestadas por desobediencia civil cuando interrumpieron el Desfile del Día de la Independencia. Estos se encuentran entre más de 150 personas arrestadas en todo el país por actos de desobediencia civil para el movimiento Never Again Action, según Horne. 

Estos manifestantes han compartido que protestan porque entienden su propia historia y no quieren que se repita. Para algunos, existe una conexión con el Torah, la biblia judía, y la necesidad de alzar la voz por la justicia. Muchos se sienten moralmente avergonzados y asqueados por las condiciones en los centros de detención, o, como han dicho muchos, campamentos.  

Lecciones de la historia 

En la manifestación del 4 de julio, Horne señaló el ascenso del régimen Nazi como un ejemplo de los horrores que pueden ocurrir cuando la sociedad entera se desconecta de los actos de violencia y abuso del gobierno hacia un grupo específico de personas.  

“Lo hemos visto antes. Sabemos lo que sucede cuando la gente mira hacia el otro lado”, dijo Horne. 

De hecho, esta idea de mirar hacia el otro lado no solo aplica a los judíos durante el Holocausto sino también a cuando a los refugiados judíos se les negó la entrada a los Estados Unidos en 1939.   

El Dr. Rafael Medoff, director del David S. Wyman Institute for Holocaust Studies, escribió un libro titulado, “The Jews Should Keep Quiet,” (Los judíos deben mantenerse callados) sobre la política del presidente Roosevelt de cerrar los Estados Unidos a los judíos durante el Holocausto, y su esfuerzo por silenciar a los judíos críticos de esta política.   

Las protestas actuales muestran que los judíos critican las políticas actuales en el país, y que se basan en su historia personal como una manera de pronunciarse. 

Sandy Lieberman, una de las manifestantes en Filadelfia dijo,

“Estoy aquí porque mi familia, mi pueblo fueron refugiados y no quería ser una espectadora de una atrocidad en la que a los refugiados se les prohíbe entrar a nuestro país”. 

Laura Levitt, profesor de religión, estudios judíos y género en la Temple University, explicó el papel que desempeña el gobierno en la creación de políticas que buscan dividir al “ver a grupos enteros de personas como otros y convertirlos en criminales cuando no se han comportado como criminales”.

“Sólo han intentado salvar a sus familias. Los refugiados son personas vulnerables y una cosa que quienes estudian el Holocausto y la mayoría de personas de la comunidad judía entienden es la vulnerabilidad de los refugiados”, dijo Levitt. 

Ella observó que durante la Segunda Guerra Mundial, los judíos como el padre de Ana Frank y quienes viajaron en el MS St. Louis fueron rechazados de los Estados Unidos como resultado de lo que resulta ser el mismo tipo de otro que se usa hoy en día contra los inmigrantes indocumentados y quienes buscan asilo de América Latina.  

Otra conexión que comparten muchos manifestantes judíos con la comunidad de inmigrantes indocumentados de hoy es el hecho que la inmigración es una parte inherente de la historia e identidad del pueblo judío.   

Los judíos han vivido en muchos países y han sido sacados de muchos países; algunos han huido a América Latina, y los judíos latinoamericanos, como aquellos en Venezuela, se han visto obligados a irse de nuevo debido a la crisis económica en el país.

“Somos un pueblo diaspórico y venimos de lugares totalmente diferentes y todos nosotros tuvimos que irnos por una razón u otra porque no éramos bienvenidos allí”, explicó Horne. “Así que emigramos a los EE. UU. porque nos prometieron el sueño americano que le prometen a todas las otras comunidades inmigrantes”. 

Sophie Ellman-Golan, una de las activistas principales Never Again Action, dijo al referirse a los inmigrantes actuales:

“Muchos ancestros huían de la misma persecución que los inmigrantes viven ahora mismo. O huían de la misma violencia de la que huyen muchos de los inmigrantes que vienen acá”. 

Los estudiosos del Holocausto y los judíos han hecho comparaciones entre la historia de los judíos y la historia que se hace ahora, no sólo como una manera de mostrar cómo su historia es un medio para que ellos protesten, sino también usar su historia para señalar la inmoralidad que ven en los centros de detención en todo el país. 

‘Inherentemente inmoral’

Anna Scanlon, una educadora sobre el Holocausto, que tiene un doctorado en Historia del Holocausto no está de acuerdo en cuanto a que referirse a los centros de detención como campos de concentración sea preciso ni correcto. Sin embargo, ella señala cómo la historia judía hace que las personas sean más conscientes de la necesidad de protestar contra la injusticia.   

“Como judíos, nuestra historia nos hace astutamente conscientes sobre hacia dónde pueden conducir la retórica del odio o los campos de detención y nos motiva a hacer nuestro mejor esfuerzo por ayudar a quienes sufren de violaciones a los derechos humanos”. 

Esta idea también puede ser vinculada con la otredad.

“Pienso que el problema moral es que venimos de un pueblo que ha sido oprimido por ser el otro y así que pienso que ver la otredad y la violencia que es infligida en las personas vulnerables en este país, personas que intentan escapar de la violencia horrenda y la pobreza, es desgarrador”, dijo Levitt. 

Para Sasha Balofsky, quien marchó a la par de su esposo, Nachum Balofsky, protestar por los derechos de los inmigrantes era algo personal, ya que ella fue refugiada.  

Balofsky llegó a los Estados Unidos cuando tenía cinco años de edad, junto con sus padres, quienes eran refugiados políticos de Ucrania. 

“Existe un elemento personal cuando se ve a las personas que emigraron, que escapaban de la violencia, así que solo ver y escuchar a estas personas a quienes se les encarcela y la separación de la familia es inherentemente inmoral para mí”, dijo. “Tuvimos la oportunidad de venir acá y nos trataron con respeto y dignidad y pienso que estas personas merecen lo mismo también, sin importar de qué país provienen”. 

Enraizado en las escrituras

Horne, quien estudia para convertirse en rabina reconstruccionista, dijo que es “el deber moral del clero ponerse de pie en momentos como este”. 

“Cuando existe una crisis moral tenemos la responsabilidad ética de ponernos de pie y usar nuestras voces de manera que no todos pueden hacerlo”, dijo ella. 

En cada protesta, los rabínos, ambos hombre y mujeres han participado, haciendo uso de símbolos religiosos y oraciones judías para recordarles a las personas sobre el poder de protestar y el poder de sus raíces para crear un cambio. 

El 4 de julio, la Rabina Linda Holtzman guió el Kaddish de los lamentos, una oración judía para honrar a quienes han fallecido en los centros de detención. Les recordó a los manifestantes judíos que el Kaddish es una forma para recordar, pero también es un acto de resistencia. 

Esta idea de un acto de resistencia también fue expresada por Daniel Holtzman (ellos), que participaron en la manifestación en Filadelfia y la primera manifestación en Elizabeth, NJ, cuando hablaron sobre el shofar, un instrumento judío. 

Holtzman compartió: “Escuchar el Kaddish de los lamentos, escuchar el sonido del shofar, que en muchas maneras es un llamado para despertar, un llamado a la acción, me hace sentir cimentado, conectado a mi historia y a mis ancestros y mi comuidad y me da la base espiritual para seguir luchando”. 

Horne hizo eco de esta idea. 

“Pienso que a un nivel muy básico, si vamos hasta atrás al Torah se nos ordena literalmente cuidar de nuestros vecinos y cuidar de quienes están a nuestro alrededor”, dijo ella.  

“Al reducirlo, esto es lo que se nos ha ordenado desde que comenzamos como pueblo, y si realmente somos seguidores del Torah entonces no tenemos otra opción que hacerlo”. 

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