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Luis Lacalle Pou, foto de elcanciller.com
Luis Lacalle Pou, foto de elcanciller.com

Quién es quién: el nuevo presidente de Uruguay

Quién es quién: breve perfil de Luis Lacalle Pou, nuevo presidente electo de Uruguay

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Mayo 25, 2022

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Luis Alberto Alejandro Aparicio Lacalle Pou, el presidente recién electo en Uruguay, tiene una herencia política tan larga como su nombre. Bisnieto de Luis Alberto de Herrera, uno de los políticos más relevantes de Uruguay durante el siglo XX, hijo de Luis Alberto Lacalle Herrera, presidente uruguayo entre 1990 y 1995, y Julia Pou, senadora durante el periodo 2000-2005. Fue diputado por primera vez a los 26 años, en el año 2000, y reelecto para el cargo hasta el año 2015, cuando consiguió una curul como senador para el periodo que está terminando. Igual que toda su familia, siempre ha hecho parte del Partido Nacional, uno de los más antiguos del planeta, fundado en 1836. 

Esta es la segunda vez que el abogado uruguayo se presenta a las elecciones presidenciales. La primera fue en el 2014, cuando perdió contra Tabaré Vázquez, del Frente Amplio.

Para lograr llegar a la presidencia en esta oportunidad, Lacalle hizo una “coalición multicolor”, que agrupó cinco partidos: el Partido Nacional, el Partido Colorado (también fundado en 1836), el Partido Independiente (2002), el Partido de la Gente (2016) y Cabildo Abierto (2019). Al hacerlo reunió un espectro que va desde la derecha populista al a centro izquierda. El triunfo de la coalición multicolor se da después de tres mandatos consecutivos del partido de izquierda Frente Amplio, al que pertenece el reconocido expresidente José Mujica, que aún sigue teniendo un gran peso en la rama legislativa.   

Uruguay, a diferencia del resto de la región, no ha tenido estallidos sociales durante el último tiempo, pues en términos generales la calidad de vida es muy elevada. No obstante, tiene sus retos propios, no todo es color de rosa: la desaceleración de la economía desde el 2014, el envejecimiento generalizado de su pequeña población, una de las tazas de suicidio más altas del continente, altos niveles de deserción escolar y una educación que no está preparando a la población para los retos de la automatización e inteligencia artificial son algunas de las inquietudes que movilizaron a la población en los últimos comicios.

Uruguay es un país que, excepcionalmente, se ha caracterizado por escapar a la tendencia a la polarización del resto del continente y para tranquilizar a sus votantes, desde la candidatura Lacalle anunció que no tenía intención de echar por tierra los aciertos del Frente Amplio durante sus quince años de gobierno, especialmente lo relacionado con la inversión social y los derechos civiles ganados (legalización de la marihuana, aborto, matrimonio igualitario y ley integral para personas trans, especialmente). El presidente saliente, por su parte, afirmó que “no hay drama si hay alternancia de poder”; cosa por lo demás sana en cualquier democracia representativa.

Entre sus propuestas distintivas estuvieron la idea de pedir una auditoría del Estado tan pronto se posesione a fin de conocer el estado real de las gestiones y esclarecer responsabilidades y unas medias de “shock” en la productividad y competitividad que buscan reducir los costos de producción para alentar la inversión y exportación. Estas medidas buscarían, entre otras, el incentivo al desarrollo de la infraestructura y una mayor apertura en las relaciones internacionales. También incluirían un “nuevo modelo de relaciones laborales” que buscarían la regulación de las negociaciones salariales entre empleados y empleadores.

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