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Cementario Católico de Dabeiba, el sitio donde la JEP cree que estarían los cuerpos. Imagen tomada de rcnradio.com
Cementario Católico de Dabeiba, el sitio donde la JEP cree que estarían los cuerpos. Imagen tomada de rcnradio.com

Nueva fosa común hallada en Dabeiba, Colombia, habla del horror de los crímenes de Estado

La semana pasada la Justicia Especial para la Paz hizo la excavación de la que podría ser la fosa común más grande en Colombia bajo los crímenes de Estado…

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Dabeiba

El río es dulce aquí

           en Dabeiba
y lleva rosas rojas
esparcidas en las aguas.

           No son rosas,
           es la sangre
que toma otros caminos.

Este poema  de María Mercedes Carranza lo conocí por Jesús Abad Colorado, quien me lo leyó en la entrevista más conmovedora que he hecho hasta ahora. Ese día me dijo algo más que por su realidad me heló la sangre: en Colombia hemos aprendido a conocer nuestra geografía por el nombre de las masacres. Entonces supe de la existencia de Dabeiba.

Ahora, 22 años después de la masacre de Dabeiba, el poema de Carranza vuelve a la memoria, pues a su cementerio, Las Mercedes, llegó un equipo de especialistas forenses y magistrados de la Justicia Especial para la Paz para contrastar las declaraciones de un soldado, quien narró cómo el batallón al que pertenecía asesinaba civiles, los vestía de guerrilleros y montaba el escenario de un supuesto enfrentamiento en combate.

Según los testimonios del soldado, que la Revista Semana en su extenso reportaje bautizó como Buitrago para resguardar tanto la integridad de él como de la investigación, él participó en unos 20 casos, mientras los documentos de la Justicia Especial para la Paz (JEP) calculan que puedan ser 50.

Este macabro modus operandi se repitió, por lo menos, en 29 de los 32 municipios del país  

en el contexto de la política de Seguridad Democrática  del expresidente Álvaro Uribe Vélez que, de acuerdo al Plan Nacional de Desarrollo de su primer periodo (2002-2006), consistía en “el ejercicio de una autoridad efectiva, que sigue las reglas, contiene y disuade a los violentos y está comprometida con el respeto a los derechos humanos y la protección y promoción de los valores, la pluralidad y las instituciones democráticas”. Entre varias consideraciones más trajo un gran fortalecimiento del brazo armado del Estado y un sistema de recompensas por entrega de información, capturas o bajas en combate.

Estos incentivos, permisos de descansos y felicitaciones en las hojas de vida, llevaron a lo que ha sido popularmente conocido como “falsos positivos” y la JEP ahora investiga en su caso 003, sobre “las muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado”.

De acuerdo al testimonio del soldado Buitrago detallado en la Revista Semana, para el caso de Dabeiba el batallón había entrenado algunos soldados para que reclutaran jóvenes en la ciudad de Medellín, a 174 kilómetros de Dabeiba, para luego llevarlos a una de las montañas que rodean el cementerio y ejecutarlos allí con un disparo en el pecho o la cabeza.

Luego, mientras un equipo hacía ráfagas de disparos para montar el escenario de un combate con la guerrilla, otro bajaba los cadáveres al cementerio, los vestía e incluso les untaba las manos con pólvora, tras lo cual se consignaba en la necropcia que habían “muerto en combate” y procedían a cabar las fosas, junto con los sepultureros. Entre las víctimas de este operativo, según relató el soldado Buitrago, estuvo un hombre discapacitado, que tenía el costado izquierdo del cuerpo paralizado y sufría de epilepsia, un habitante de calle sumido en la drogadicción y un menor de edad de quince años.

Este complejo sistema habría sido transmitido de una unidad militar a otra y así disceminado por el país, a través del traslado de militares especializados en la ejecución de estos homicidios y su encubrimiento como muertes en combate que, incluso, tomaban cursos de policía judicial para este fin.

Soacha

         Un pájaro
negro husmea
las sobras de
         la vida.
Puede ser Dios
         o el asesino:
da lo mismo ya.

María Mercedes Carranza escribió este poema, probablemente a raíz de la masacre ocurrida el 1 de junio en 1993 en el municipio de Soacha. Hoy, 16 de diciembre de 2019, se hace público un nuevo testimonio de un soldado especializado en la ejecución de asesinatos presentados como muertes en combate en ese mismo lugar. Su rol consistía en organizar los cadáveres de los jóvenes masacrados para que coincidieran con la narrativa del combate planeado. Entre los detalles más sorprendentes está la revelación de que los hacían firmar para saber si eran diestros o zurdos y en consecuencia implantar un arma.

En Soacha las madres de las víctimas de estas muertes ilegítimamente presentadas como bajas en combate por agentes del Estado llevan once años organizadas, resistiendo y luchando por encontrar a sus hijos, así como por justicia y el esclarecimiento de la verdad. Este es el mensaje que envían a las madres de las personas que en este momento siguen desenterrando en Dabeiba:
 

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