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El Presidente de los Estados Unidos Donald Trump sostiene una Biblia mientras está parado frente a la Iglesia Episcopal de San Juan, frente a la Casa Blanca, después de haber caminado hasta allí para tomarse una foto durante las continuas protestas por la desigualdad racial a raíz de la muerte de George Floyd mientras estaba bajo custodia policial en Minneapolis, en la Casa Blanca en Washington, EE.UU., el 1 de junio de 2020. REUTERS/Tom Brenner
El Presidente de los Estados Unidos Donald Trump sostiene una Biblia mientras está parado frente a la Iglesia Episcopal de San Juan, frente a la Casa Blanca, después de haber caminado hasta allí para tomarse una foto durante las continuas protestas por…

Trump amenaza con militarizar el país con una biblia en la mano

El presidente ha vuelto a utilizar la retórica autoritaria para responder al descontento de sus ciudadanos.

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“Cuando el fascismo llegue a Estados Unidos, estará envuelto en la bandera y con una cruz en la mano”, dijo el autor James Waterman Wise, quien advirtió de la llegada de Hitler al poder en 1933.

Para alarma de muchos, eso parece haber pasado el día lunes por la noche cuando el presidente Donald Trump amenazaba al país con enviar al ejército contra los manifestantes que demandan en la calle justicia por la muerte de George Floyd.

"Soy su presidente de la ley y el orden", dijo Trump. "Estoy movilizando todos los recursos federales disponibles, civiles y militares, para detener los disturbios y saqueos, para poner fin a la destrucción e incendios provocados y para proteger los derechos de los estadounidenses respetuosos de la ley, incluyendo sus derechos de la segunda enmienda".

Trump procedió a cruzar la calle para posar para una foto fuera de la St. John Episcopal Church, con una biblia en la mano, para lo cual los agentes del orden público dispararon gases lacrimógenos y balas de goma, ahuyentando a manifestantes pacíficos y periodistas.

Inmediatamente las redes sociales se incendiaron denunciando que el presidente “declaraba una guerra” contra el pueblo estadounidense.

Ron Wyden, un senador demócrata de Oregón, escribió en Twitter: "El discurso fascista que Donald Trump acaba de pronunciar roza la declaración de guerra contra los ciudadanos americanos. Temo por nuestro país esta noche y no dejaré de defender a América contra el ataque de Trump".

La senadora demócrata por California, Kamala Harris, dijo a la cadena MSNBC: "Estas no son las palabras de un presidente. Son las palabras de un dictador".

Por su parte, republicanos y conservadores hicieron eco del llamado del presidente, y tomaron el guiño a la Segunda Enmienda como carta blanca del ejecutivo para enfrentar a los manifestantes por su cuenta.

La candidata al Distrito 14 de Georgia, Marjorie Taylor Greene, compartió un vídeo en Twitter con un arma de asalto y diciendo que el presidente “le declaró la guerra” a los “antifascistas” en el país, y que ella seguía su ejemplo.

El reportero Josh Albert compartió también un vídeo donde reportaba “dos grupos armados de vigilantes blancos” en Fishtown, Filadelfia, armados y protegidos por la policía de la ciudad.

El aumento de la tensión y la violencia en las calles de Estados Unidos parecen ahora ser producto del divisionismo instigado por la Casa Blanca, y que ha respondido al cansancio y la frustración de gran parte del país con la ignorancia tribal de la base de votantes blancos conservadores.

Es una muestra inexorable de un liderazgo que escoge esconderse en un búnker y disfrazar la ineptitud con demagogia violenta.

"Hace mucho tiempo perdimos de vista la normalidad, pero este fue un acto singularmente inmoral", dijo Brendan Buck, un antiguo ayudante del capitolio que ahora es un operativo republicano. "El presidente usó la fuerza contra los ciudadanos americanos, no para proteger la propiedad, sino para calmar sus propias inseguridades. Todos pasaremos al siguiente escándalo, pero esto fue un verdadero abuso de poder y no debe ser olvidado".

La reverenda Mariann Edgar Budde, obispo de la Diócesis Episcopal de Washington, dijo que se enteró de la visita del presidente al verla en las noticias.

"Estoy indignada", dijo, con pausas que enfatizaban su enojo mientras su voz temblaba ligeramente. "Soy el obispo de la Diócesis Episcopal de Washington y no me llamaron ni siquiera por cortesía para que limpiaran con gas lacrimógeno para poder usar una de nuestras iglesias como apoyo, sosteniendo una Biblia, una que declara que Dios es amor y cuando todo lo que ha dicho y hecho es para inflamar la violencia".

"Y en particular, la de la gente de color de nuestra nación, que se pregunta si alguien alguna vez... alguien en el poder público reconocerá alguna vez sus palabras sagradas. Y que están exigiendo legítimamente el fin de 400 años de racismo sistémico y supremacía blanca en nuestro país. Y sólo quiero que el mundo sepa, que nosotros en la diócesis de Washington, siguiendo a Jesús y su camino de amor... nos distanciamos del lenguaje incendiario de este Presidente. Seguimos a alguien que vivió una vida de no violencia y amor sacrificial".

"Nos alineamos con aquellos que buscan justicia por la muerte de George Floyd e innumerables otros", continuó. "Y no puedo creer lo que mis ojos han visto".

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