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El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y el presidente de China, Xi Jinping, asisten a una reunión de líderes empresariales AFP/GETTY
El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y el presidente de China, Xi Jinping, asisten a una reunión de líderes empresariales AFP/GETTY

Cómo Trump está entregando lentamente el poder económico mundial a China

La imposición de nuevas tarifas en productos importados desde China a Estados Unidos es la última movida de la Administración Trumo contra el país asiático…

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En política – como en casi todo en la vida – el mejor estratega es quien sale ganando. El gobierno estadounidense, por su parte, cree que quien ladra más alto tiene la ventaja, así sea a través de la intimidación.

Gran parte de sus medidas políticas se han basado en el “actúa primero y resuelve después”, dejando a asesores y a diplomáticos intentando remediar los efectos colaterales de la impulsividad de la Casa Blanca.

Un veto migratorio, la suspensión del programa de Acción Diferida, la separación de familias y, ahora, las medidas de retaliación económica contra aliados internacionales, son tan sólo ejemplos de las decisiones gubernamentales tomadas sin tener un plan de reemplazo detrás.

Desde que Donald Trump decidiera quemar puentes con la comunidad diplomática internacional, retirándose del Acuerdo Climático de París y el Acuerdo Nuclear con Irán, su decisión de implementar tarifas en acero y aluminio contra la Comunidad Europea, Canadá y México, se han visto seguidas de la imposición de tarifas contra los paneles solares y las lavadoras chinas, anunciadas durante el mes de enero.

Asimismo, el gobierno impuso un 10% de tarifas en aluminio y 25% en acero contra el país asiático, obligándole a contraatacar con la imposición de tarifas en las pocas importaciones estadounidenses que posee el país.

¿Cuál es el problema?

La campaña Trump ha asegurado que Estados Unidos ha sido “injustamente aprovechado” por el resto del mundo cuando de comercio se trata, asegurando que “China no tiene intención de cambiar sus prácticas injustas con respecto a la adquisición de propiedad intelectual y tecnología estadounidense”, dijo el presidente en un comunicado. “En vez de alterar esas prácticas, ahora amenaza a las compañías de Estados Unidos, a sus trabajadores y campesinos que no han hecho nada malo”, reportó el New York Times.

El presidente hacía referencia al anuncio del gobierno en Beijín de imponer tarifas de hasta 50 mil millones de dólares en bienes estadounidenses como la carne, las aves de corral, el tabaco y los automóviles.

Pero China exporta muchos más productos a Estados Unidos que éste último a Asia, lo que pondría en “desventaja” a Beijín a la hora de mantener una guerra comercial en alto.

Al menos que sean las mismas políticas internacionales de Trump lo que le de la ventaja al grande de Asia.

Ante el aislamiento del resto de sus aliados – sin incluir a Rusia, por supuesto – la Administración podría más bien otorgar el poder a la larga a China, sobre todo en asuntos de soberanía económica.

“Tomar una posición en contra de los comportamientos abusivos de China no es necesariamente incorrecto”, escribió Eduardo Porter en marzo para el New York Times. “El problema con el plan de juego del presidente es que es inconsistente con todas las demás iniciativas diplomáticas que ha tomado hasta ahora. La maraña de puñaladas y golpes en aliados y rivales por igual, al servicio de objetivos mal concebidos como cerrar un déficit comercial, sirve a China más que a Estados Unidos”.

Aunado a ello, la preocupación de organismos internacionales como el Banco Internacional y el Fondo Monetario Internacional indica que el aislacionismo estadounidense, que no posee un plan B, podría afectar gravemente la economía internacional, al menos que, en un supuesto negado, China resulte ser el sustituto perfecto para un Estados Unidos que se retira a patadas de la mesa de negociación.

Para Scott Morris, especialista en comercio internacional de la administración Obama, “la austera partida aquí es un mensaje de esta Casa Blanca que dice que debes dejar de prestar a una amplia franja de países y realmente comenzar a reducir las cosas”, dijo a CNBC. “Creo que simplemente no está en la misma página que el resto del mundo y, como resultado, Estados Unidos está cada vez más aislado”.

Mientras tanto, China abre caminos nuevos.

A través de la llamada “Nueva Ruta de la Seda”, mejor conocida como la iniciativa Belt and Road, China ha puesto en marcha un proyecto multimillonario en nueva infraestructura que le conecte con el resto del mundo y que fomente nuevos acuerdos comerciales y de transporte.

Según explicó el New Yorker, la nueva vía comprenderá rutas “desde China a Escandinavia, la Península Ibérica y el Medio Oriente”, lo que haría virtualmente imposible detener la hegemonía económica de Beijín en tan sólo algunos años.

Asimismo, y mientras Trump insiste en expulsar y maltratar a los latinoamericanos, China se ha transformado en “el socio comercial número uno para un creciente número de países” en la región latinoamericana, explicó el China Economic Review.

Tan sólo en el 2016, China se transformó en aliado fundamental para países como México, Costa Rica y El Salvador, cuyos principales productos de exportación son “circuitos integrados, mineral de cobre, partes de vehículos, instrumentos médicos y automóviles”, según continúa el medio.

Si bien China sigue estando por detrás de Estados Unidos en acuerdos comerciales con gran parte del mundo, ¿cuánto tiempo le tomará a Trump para cambiar esto y entregar el resto del escenario comercial en bandeja de plata?

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