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Foto: http://elfaro.net
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La brutal condena de El Salvador a las maras aprovechando el Covid-19

El presidente autorizó al ejército para usar “fuerza letal” contra los mareros y ordenó que en las prisiones mezclaran miembros de distintas pandillas.

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Hace menos de un mes de El Salvador salía la noticia de que las distintas maras habían tomado la “decisión de barrio” de hacer respetar la cuarentena impuesta por el gobierno del presidente salvadoreño, Nayib Bukele.

La decisión de las pandillas respondía a tres factores que les preocupaba: el primero, que mientras menos se cumpliera la cuarentena, mayor sería la presencia del ejército y la policía en los barrios; el segundo, que el crecimiento de la pandemia podría llegar a afectar las cárceles e infectar a sus pandilleros y el tercero, que mientras más infecciones por COVID–19 hubiese en El Salvador, menor era la probabilidad de que los centros médicos destinaran un ventilador a un marero, en caso de que llegara a necesitarlo.

La conjunción de la cuarentena y la “decisión de barrio” tomada por las maras produjo un descenso histórico en el número de fatalidades registradas al día en El Salvador. Desafortunadamente, esta tendencia cambió a partir del 24 de abril, cuando el número de asesinatos diario volvió a remontar.

Bukele respondió con dos medidas, ambas publicadas vía Twitter: la autorización a las fuerzas públicas para utilizar “fuerza letal” contra los mareros y la decisión de mezclar miembros de distintas maras en las celdas de las cárceles, con el fin de evitar la comunicación entre ellos.

El presidente también dio a conocer que estaba dispuesto a utilizar recursos de la Nación para defender a los miembros de la fuerza pública que fueran demandados por el uso excesivo de fuerza.

Tanto las agencias de prensa que operan en El Salvador como las mismas autoridades penitenciarias han dado a conocer escalofriantes imágenes donde decenas de hombres semidesnudos salen alineados, sentados en estrechas filas, el pecho de cada uno tocando la espalda del siguiente y donde –novedad para la prensa salvadoreña– se juntaban por igual hombres con las letras MS y el número 18 tatuados.

La esperanza del presidente Bukele al hacer todo esto y luego recluir, hacinados y mezclados, a los hombres en la misma celda, es que al estar juntos los miembros de distintas maras, no puedan planear asesinatos que luego serían comunicados a miembros en el exterior de las cárceles. Así mismo, para evitar que usen lenguajes de señas, ha pedido que sean recluidos sin acceso a luz solar.

El medio salvadoreño de investigación El Faro contrastó la información obtenida a través de voceros de las MS–13 y la facción Sureños del Barrio 18, como de un comisionado policial y de un funcionario buscando reconstruir las circunstancias que llevaron al resurgimiento de la violencia en el país y la adopción de estas medidas en las cárceles.

La investigación del Faro arroja las siguientes luces: el aumento en el número de asesinatos pareciera ser una decisión unilateral de la MS–13, pues el vocero de la facción Sueños del Barrio 18 declaró que la MS había cortado comunicación con las otras pandillas y éstas no sabían a qué se debía este cambio de política.

Adicionalmente, el comisionado policial declaró al medio salvadoreño que otros dos factores influían: por una parte, los pandilleros están viendo la asfixia económica de no poder cobrar las extorciones que regularmente utilizan para su sustento –más el agravante de que sus familiares no están pudiendo ejercer las actividades económicas legales en que habitualmente trabajan– con lo que pueden estar temiendo perder poder y el aumento de los homicidios constituye “un llamado de atención para decir que siguen ahí, con el mismo poder y en control de sus zonas” , reportó El Faro.

El segundo factor es el aumento de agresiones, humillaciones y golpizas tanto a los pandilleros como a sus familias. Esto puede explicar el esfuerzo por parte de los mareros por recuperar sus territorios.

El último punto sobre el que la investigación de El Faro arroja luz es el que les dio a conocer el funcionario: el gobierno salvadoreño no tiene ningún plan para evitar las disputas al interior de las celdas y esperan que ellos mismos organicen alguna clase de amnistía en su encierro.

La pura intuición puede llevar a pensar en cuatro cosas que pueden ocurrir: o bien los mareros intentarán ignorarse entre ellos –cosa imposible, más en tal grado de hacinamiento–, o se desatarán riñas letales en las celdas, o los mareros de asociarán entre ellos o un brote de COVID–19 dentro de los centros penitenciarios producirá una muerte masiva de los presos.

Los últimos dos escenarios pueden traer graves consecuencias a mediano y largo plazo para el país: que las pandillas se asocien entre sí puede dar lugar a otra fuerza más difícil de controlar que las que ya azotan El Salvador, y si hay un brote de COVID–19 en las cárceles, los pandilleros que sobrevivan a él serán vistos como héroes por los grupos a los que pertenecen. En todo caso, puede suceder que la cura resulte agravando la enfermedad sin que se resuelvan los problemas de fondo del país: la pobreza y la desigualdad.   

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