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John Delgado. Miami Herald.
John Delgado. Miami Herald.

John Delgado, el hombre que ha acampado en su patio para no contagiar el Covid-19 a su familia

Quiso ser parte de la solución y  no del problema, lo que le obligó a tomar una dura decisión, y ni siquiera estaba enfermo.

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Sentado en una silla en la terraza de su casa, John Delgado (52) se bebe un Heineken contemplando el sol de Florida desmayarse en el horizonte. 

Tiene tres hijos, un nieto de dos años, una mujer con problemas cardíacos y una suegra de 84 años que padece Alzheimer. Todos viven juntos en la misma casa con piscina, menos este empleado del banco de alimentos Farm Share, que lleva semanas acampado en el patio sin poder abrazar a los suyos. Por pura responsabilidad. 

“Prefiero asumir esto para mantener a mi familia segura”, le explica a Miami Herald. “No puedo enfermar a mi familia. Tengo demasiado que perder”.

No es nada excepcional, dice. Ni su decisión de acampar fuera para proteger a su familia ni su desempeño en esta organización benéfica que surte de alimentos gratuitos a miles de personas le parece heroico. 

A fin de cuentas, son nuestras decisiones las que nos hacen ser quienes somos. 

Un antiguo pandillero

Nacido en Nueva Jersey, pero criado en Liberty City (Miami), John Delgado pasó su juventud corriendo con pandillas. Fue balaceado hasta en cinco ocasión, estuvo a punto de morir y acabó en una prisión de máxima seguridad. 

Cuando salió, tomó otro rumbo vital.

Lleva trabajando para bancos de alimentos más de una década y antes de eso repartía agujas a a personas con problemas de drogadicción y preservativos a pacientes con VIH, y también distribuía bolsas de alimentos a personas sin hogar. 

Sabe hasta dónde es capaz de llegar una persona hambrienta -”Para mantener la calma del país, tenemos que hacerle saber a la gente que hay lugares donde pueden conseguir comida. Si hay pánico y no hay dónde comer, ¿qué va a suceder?”, afirma con gravedad.

Parte de la solución

Hace unas semanas, cuando John tomaba su vuelo de regreso de Jacksonville, donde había viajado por trabajo, la azafata pasó junto a él tosiendo y un pasajero le susurró a su acompañante que quizás tenía coronavirus. 

A él se le quedó la idea fija en la cabeza. Llegó a su casa, llamó a su esposa y le dijo que abriera la puerta trasera. 

Luego se desnudó, metió su ropa en una bolsa de basura y se duchó con la manguera del patio.

Durante la cena de esa noche, pensó que si iba a seguir yendo a trabajar y “ser parte de la solución”, debía encontrar la forma de no poner en peligro a su familia. 

Al día siguiente, le anunció a Barbie que iba a dormir en una tienda de campaña hasta que acabase la pandemia. Ella se enfureció y se asustó, le rogó que cambiase de trabajó. 

Pero  John no pensaba renunciar. 

“Tengo que trabajar o mi familia será la que esperará la comida”, concluyó. 

Hoy día las entregas de comida han aumentado, los despidos y cierres de negocios también. El condado de Miami-Dade se ha convertido con más de 6.000 infectados en el epicentro de la pandemia en un estado que en las últimas horas ya registra más de 19.300 casos.

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