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El candidato oficialista, Lenín Moreno (i), posa junto al vicepresidente ecuatoriano, Jorge Glas (d), durante las últimas horas de las elecciones presidenciales en segunda vuelta, previo a conocer los resultados oficiales, en Quito (Ecuador). EFE
El candidato oficialista, Lenín Moreno (i), posa junto al vicepresidente ecuatoriano, Jorge Glas (d), durante las últimas horas de las elecciones presidenciales en segunda vuelta, previo a conocer los resultados oficiales, en Quito (Ecuador). EFE

[OP-ED]: Vivito y coleando el socialismo del siglo 21 en Ecuador

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Tal es así, que este pequeño país por sí mismo le puso freno al desastroso descenso de Latinoamérica hacia la derecha que tantos “expertos” certificaron como inevitable e indetenible, tras los tropiezos sufridos por gobiernos progresistas como los de Argentina, Brasil y Venezuela.

 Pero la cosa no resultó tan sencilla. Moreno, quien tiene 64 años y fue el segundo al mando del presidente Rafael Correa entre 2007 y 2013, derrotó al exbanquero Guillermo Lasso, la gran esperanza de la oligarquía ecuatoriana para recapturar el poder después de 10 años de políticas progresistas bajo el popular y carismático Correa.

 “Seré el presidente de todos, pero en especial de los pobres”, afirmó Moreno sentado en la silla de ruedas que utiliza desde 1998, cuando ladrones lo hirieron de varios disparos.

Sin duda alguna, venir detrás de Correa, quien tenía solo 43 años cuando ascendió a la presidencia en 2007, no es nada fácil. Economista graduado en universidades norteamericanas y europeas, el joven presidente logró traerle estabilidad al país por primera vez en años e invirtió la riqueza del petróleo en importantes obras públicas y programas sociales que sacaron de la pobreza a cientos de miles de sus compatriotas.

 En los dos últimos años de su mandato, sin embargo, la economía ecuatoriana sufrió duros reveses con la caída de los precios del petróleo y el terremoto gigantesco que cobró cientos de vidas, dejó miles de heridos y una terrible devastación en 2016. La oposición intentó aprovecharse de la tragedia culpando a Correa y su partido Alianza País por el aumento de la pobreza.

Pero Lasso, quien propuso recortar el gasto social y rebajar los impuestos a los ricos y los comercios, no logró embaucar a la mayoría de los ecuatorianos que no han olvidado que el candidato del movimiento CREO fue parte de la administración del expresidente Jamil Mahuad. 

Mahuad presidió sobre el llamado “feriado bancario”, una crisis bancaria que hundió el país en la miseria y obligó a un millón y medio de ecuatorianos a abandonarlo por EE.UU. o Europa simplemente para poder sobrevivir.

 El colapso financiero destruyó el sucre, la moneda nacional, y dejó el país sumido en una deuda impagable hasta que Correa, que la calificó de inmoral, rehusara pagarla.

Como se demostró en esta elección los ecuatorianos no estaban dispuestos a confiarle su futuro a alguien como Lasso, uno de los mayores responsables del empobrecimiento del pueblo mientras él y sus compinches se enriquecían aún más.

 Como se esperaba, tras haberse declarado ganador a bombos y platillos, Lasso intenta disputar el resultado, a pesar de que los observadores internacionales han dejado claro que la elección fue limpia y sin visos de fraude. La OEA, y un número creciente de países como México, Perú, Colombia, Bolivia, Cuba y Venezuela entre otros, ya han reconocido el triunfo legítimo de Moreno y de Alianza País y su Revolución Ciudadana. Washington no se ha pronunciado todavía.

 “Dejo el país en buenas manos”, afirmó Correa parado junto al presidente electo.

"Un abrazo grande a todos los que creyeron en nuestra propuesta, así como a los que no votaron por nosotros; vamos a trabajar por ellos también”, escribió Moreno en un tweet el lunes.

La realidad es que gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, el socialismo del siglo 21 y su promesa de justicia y equidad para los pueblos latinoamericanos está vivito y coleando.

Se los había dicho: los ecuatorianos no son tontos.

 

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