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Manifestantes se reúnen en la calle Mount Vernon después de perseguir a un partidario del presidente estadounidense, Donald Trump, en Boston, Massachusetts, Estados Unidos. Miles de nacionalistas blancos o manifestantes de "Alt-Right" han organizado protestas en Boston. EFE
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[OP-ED]: Las élites de Estados Unidos responden a Trump con cobardía

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Los líderes menos respetados en el mundo de hoy son, por supuesto, los políticos. El público en gran parte los ve como ansiosos y cobardes, que complacen a las encuestas y a los grupos focales. Y así es como demasiadas autoridades republicanas se han comportado frente a las palabras y acciones de Trump. Con algunas excepciones honorables, los hombres y mujeres que generalmente no pueden parar de sermonear en cualquier tema en la televisión en vivo, de repente no emiten opinión sobre el tema político más importante en la actualidad. 

Ya lo sé. Están preocupados por la base, por las primarias, por contribuyentes de derecha. Sin embargo, ¿No deberían también preocuparse por su país y su conciencia? ¿No deberían preguntarse a sí mismos por qué razón fueron al servicio público en primer lugar? Y si ven a alguien en el mayor nivel pisoteando los valores del país. ¿No deberían hablar, directamente, de forma convincente y sin reserva? 

Mientras tanto, hoy en día los líderes empresariales todavía están entre las personas más respetadas y envidiadas en Estados Unidos. Dirigen grandes organizaciones, son pagados en una escala que hace que sus predecesores de solamente hace 25 años parezcan de clase media, y viven en una burbuja de aviones privados, helicópteros y limusinas. En otras palabras, tienen toda la riqueza, poder y seguridad que les debería permitir establecer normas y liderar.

Una vez más, sin tener en cuenta algunas excepciones honorables, los líderes empresariales han sido unos cobardes. Sin duda la mayoría piense que Trump es un charlatán, un vendedor engañoso. En el pasado, algunos eligieron no realizar negocios con él ya que creían que él era poco ético. Otros, inicialmente estaban asombrados por su candidatura pero consideraban su retórica sobre el comercio, la inmigración y los refugiados como detestable. Y no obstante, casi ninguno de ellos habló en su contra. Pocos ni siquiera se distanciaron luego de que él culpó a “varias caras” por la violencia en Charlottesville. Si el CEO de Merck, Kenneth Frazier no hubiese renunciado a una de las juntas asesoras de Trump y si Trump no hubiese duplicado sus comentarios iniciales, resulta poco claro cuántos otros CEOs hubiesen alzado la voz. Además incluso en ese entonces, algunos abandonaran consejos consultivos solo cuando resultó claro que realmente no había otra alternativa. 

Los pioneros de la tecnología estadounidense tal vez sean las personas más admiradas del planeta. Son concebidas como inteligentes, innovadoras y exitosas. Varios entre ellos no son solo ricos sino que afirman ser sabios más allá de las palabras, profetas del futuro que opinan sobre el viaje en el espacio y la inteligencia artificial. ¿Acaso no pueden ver lo que está sucediendo ahora mismo en la Tierra en la Casa Blanca y condenarlo?

¿Dónde se encuentran los líderes cristianos evangélicos en una cuestión de moralidad básica? Mientras algunos han dado su opinión es asombroso como muchos no lo han hecho, o han incluso aprobado los comentarios de Trump. ¿Acaso tienen un deber moral ardiente de hablar en contra de las protecciones para los estadounidenses LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y trans) pero no frente a la violencia neo-Nazi?

Antes Estados Unidos sí tuvo más élites inclinadas al público. Pero venían de un mundo cerrado pequeño, el establecimiento Protestante. No todos nacieron ricos. Sin embargo, sabían que poseían un lugar seguro en la cima del país. Poblaron las salas de juntas, las oficinas públicas y las mejores universidades de la nación. Esta seguridad les daba un gran confort al ejercer el liderazgo moral.

En el presente, tenemos una élite que se basa más en los méritos, lo que se llama con frecuencia una meritocracia. Ha permitido que personas de toda condición se elevaran a puestos de poder e influencia. No obstante, estas nuevas élites son más inseguras, ansiosas y egocéntricas. Es muy probable que los políticos sean emprendedores solos, preocupados sobre la próxima elección primaria o recaudadora. Los CEOs viven con el miedo constante a perder sus empleos o a que su empresa pierda sus clientes en un instante. Los líderes religiosos temen perder a sus congregantes. Tal vez estos grupos no piensen que posean el lujo de ser nobles, pero lo tienen. Están mucho más seguros que la mayor parte de las personas en Estados Unidos o en la historia de la humanidad. Si ellos no pueden actuar por intereses más generales, ¿Quiénes pueden? 

El grupo de figuras públicas que merecen el mayor elogio esta semana es la banda militar. En un acto extraordinario de liderazgo para personas que en realidad trabajan bajo el presidente, los jefes de las cinco ramas de las fuerzas armadas emitieron declaraciones de manera inequívoca denunciando al racismo y a la intolerancia. Tal vez esto se deba a que el ejército ha sido la institución que ha integrado con más éxito la población diversa estadounidense. Capaz la razón sea que el ejército sigue siendo un ámbito anticuado, en donde todavía permanece un sentido de honor, normas y valores. Los jefes del ejército han mostrado por qué todavía cuentan con tanto respeto en el país. Las otras élites de Estados Unidos deberían tomar nota.