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La mayor enseñanza de Donald Trump y, uno esperaría, que también de sus seguidores, con seguridad es que el gobierno no es fácil. EFE
La mayor enseñanza de Donald Trump y, uno esperaría, que también de sus seguidores, con seguridad es que el gobierno no es fácil. EFE

[OP-ED]: La enseñanza de Donald Trump ... y la nuestra

Hay tantos aspectos inusuales y sin precedentes de los primeros 100 días de ejercicio de Donald Trump que resulta difícil saber dónde comenzar.

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Según su propio criterio, el número de promesas no completadas es asombroso. Durante la campaña, Trump dijo que pediría un proyecto de ley que derogase Obamacare “en su primer día en el gobierno”. Dijo que deportaría a 11 millones de inmigrantes indocumentados, comenzando con 2 millones de “delincuentes extranjeros” en su “primer hora en el poder”. El blog liberal ThinkProgress realizó un conteo de 36 políticas que Trump había prometido lanzar “en un solo día”. Solamente realizó dos.

Sin embargo, resulta más sorprendente aún aquellas políticas que han sido revertidas totalmente que aquellas que no fueron completadas (tal vez algunas sean propuestas o implementadas). Nunca en los anales de una presidencia ha habido tantos cambios en la política tan rápidos con tan poca explicación. Trump ha llamado al TLCAN “el peor tratado de comercio tal vez que haya sido firmado en cualquier parte, pero ciertamente en este país”. Prometió denominar a China como: “el mayor abusador en la historia de este país”, un manipulador de divisas, sí, el “Primer Día”. Describió a la OTAN como “obsoleta”, sugirió que tal vez eliminaría al Export-Import Bank e insinuó que capaz que apoye a Bashar Assad de Siria. 

Los cambios comenzaron luego de días de convertirse en presidente. Trump explicó que había descubierto, tal vez a través de informes de la inteligencia secreta, que China en realidad no estaba manipulando sus divisas, que la OTAN estaba comprometida con varias operaciones fundamentales, que el Ex-Im Bank ayudaba a varias pequeñas empresas estadounidenses y que Assad había estado cometiendo crímenes de guerra. Anunció estos cambios con arrogancia, como si obviamente él no hubiese podido conocer estos hechos previamente cuando se estaba postulando para presidente. Trump dijo a fines de febrero: “Nadie sabía que la atención médica podía ser tan complicada”. 

Sospecho que su próxima enseñanza será en la política de impuestos. Las propuestas de Trump, expuestas esta semana, son impresionantemente irresponsables. Sumarían billones de dólares a la deuda y ni siquiera están diseñadas para un máximo impacto de estímulo. (Abolir el impuesto del Estado, el cual se paga por el 0.002 por ciento de estadounidenses cada año, no causaría una precipitación a las tiendas pero costaría U$S 20 mil millones por año). Las negociaciones sobre impuestos serán una prueba interesante para los republicanos. Un partido que afirma que posee una seria preocupación sobre la deuda nacional está considerando promulgar lo que sería la mayor expansión de deuda en la historia estadounidense (expresada en dólares). 

La mayor enseñanza de Donald Trump y, uno esperaría, que también de sus seguidores, con seguridad es que el gobierno no es fácil. El encanto de Trump para muchos consistía en que él era un forastero, un hombre de negocios que traería sus habilidades comerciales y su perspicacia en la gestión, a la Casa Blanca y haría que las cosas funcionaran. Los políticos corruptos de Washington y los burócratas irresponsables verían cómo un hombre exitoso del “mundo real” disipa la niebla. 

En vez de eso, hemos sido testigos de la total incompetencia de los primeros 100 días de Trump; órdenes que no pueden llegar a los tribunales, proyectos de ley que colapsan en el Congreso, agencias que permanecen con falta de personal, luchas internas incesantes en la Casa Blanca y los constantes cambios. Resulta que la dirección de la franquicia de una propiedad inmobiliaria familiar no es realmente lo mismo que presidir sobre el Poder Ejecutivo del gobierno estadounidense. Parece ser que el gobierno es algo duro, “cosas” complicadas. 

Mientras que hay mucha corrupción en Washington, la razón real por la cual se hace tan poco es que los estadounidenses poseen deseos extremadamente contradictorios. Quieren cantidades ilimitadas de atención médica, no desean que se les niegue tal atención porque están enfermos (poseen condiciones “pre-existentes) y, no obstante, esperan que los costos deberían caer en picada. Piden que los gobiernos estén fuera de sus vidas pero se rebelan ante la posibilidad de cualquier recorte leve en sus programas más importantes (Medicare, la Seguridad Social) o la eliminación de beneficios de impuestos para la atención médica y préstamos hipotecarios. 

Esta condición se ha estado construyendo por años. En un libro del año 1995, Michael Kinsley explicó lo que vio como las raíces del enojo populista que estaba enfurecido en ese entonces en Washington y que Newt Gingrich había explotado con su “contrato con Estados Unidos”. Escribió “(los votantes estadounidenses) realizan demandas evidentemente incompatibles; reduzcan mis impuestos, preserven mis beneficios, equilibren el presupuesto; luego explotan con indignación de una justicia propia cuando los políticos fallan en su entrega”. 

Escribió una obra titulada “Big Babies” en honor a las personas estadounidenses y lo comenzó citando a Alexis de Tocqueville: “Los franceses bajo la antigua monarquía consideraban como regla que el rey no podía equivocarse; y que si se equivocaba, la culpa se imputaba a sus consejeros ... Los estadounidenses tienen la misma opinión con respecto a la mayoría”. Esperemos que la mayor enseñanza de la presidencia de Trump sea que los estadounidenses se den cuenta que Washington es disfuncional, no debido a la corruptibilidad de los políticos, sino debido a los anhelos de las personas que ellos representan.

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