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Muchos inmigrantes lograron mejorar significativamente su condición de vida y tienen cerca el núcleo familiar. Otros muchos, no.
Photo: Getty Images

La vida en EE. UU. y el corazón en América Latina | OP-ED

Muchos inmigrantes lograron mejorar significativamente su condición de vida y tienen cerca el núcleo familiar. Otros muchos, no.

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Los estudios especializados sobre la vida de la gente lo que hacen es ratificar las circunstancias por las que están pasando. Eso es lo que se deduce de un estudio que se publicó en diciembre y que vale la pena comentar. 

“La situación económica de los latinos en Estados Unidos: El sueño americano aplazado” es el título del informe elaborado por McKinsey & Company. Una de las recomendaciones que se hacen señala que los latinos tendrían un efecto supremo en Estados Unidos si se superan las barreras que no permiten que tengan una participación plena en su economía.

Incluso, advierte que su fuerza laboral para el 2060 estará por el 30%, un crecimiento significativo si se tiene en cuenta que hoy está en el 17,3%. Mal contados, hoy la población de latinos es cercana a 60 millones de personas. Es decir, más que la de Colombia, o la de Perú y Venezuela juntos, o la de Chile, Ecuador, Bolivia y Cuba juntos.

El informe, que plantea las dificultades, también destaca los logros de los últimos años. “Los latinos crean más empresas y tienen mayores tasas de movilidad intergeneracional, y su porcentaje de ocupaciones calificadas y mejor pagadas ha aumentado en la última década. Como población, encarnan cada vez más —en espíritu y en realidad— el sueño americano de que el trabajo duro da sus frutos y cada generación sucesiva estará mejor que la anterior”.

De esta última frase se destaca que la brecha económica se va reduciendo a medida que van naciendo más latinos en Estados Unidos. 

En el plano del emprendimiento, el dato es que los latinos, más que otro grupo, crean más empresas per cápita. En cinco años, el 0,5 por ciento emprendió un negocio, mientras que la cifra para asiáticos y blanco es de 0,3. Ese panorama se aprecia en 45 estados. Ahí se encuentran historia de éxito y de cómo se abrieron camino. 

En el otro externo está la situación de muchos. Por ejemplo, dificultad para acceder a vivienda, a créditos y a pagos dignos. O aquel detalle de quienes no la están pasando bien es que muchos hacen trabajos que nadie quiere hacer.

Otro aspecto tiene que ver con la razón para salir de su país de origen: mejorar las condiciones económicas de sus familias, que se quedaron en casa esperando buenas noticias. El informe de McKinsey & Company asegura que el 32% les envía dinero a sus familiares y mucho más de la mitad les transfiere algo cercano al 30% de sus ingresos. Se fueron, viven en Estados Unidos, pero tienen el corazón en sus países de origen.

Esas son las cifras frías de una investigación, que sirve de referencia para saber si valió la pena la aventura del sueño americano. Lo cierto es que muchos salieron de sus países con la meta de trabajar para vivir y que sus familias tuvieran un mejor futuro. Algunos seguramente quedaron atrapados en oficios que nadie quiere hacer y sin mayores esperanzas de progresar. Atrapados porque es mejor quedarse que regresar a casa.

 

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