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TIJUANA, MÉXICO - 20 DE JUNIO: Inmigrantes indocumentados se reúnen para escuchar información mientras esperan audiencias de asilo fuera del puerto de entrada el 20 de junio de 2018 en Tijuana, México. (Foto por Mario Tama/Getty Images)
TIJUANA, MÉXICO - 20 DE JUNIO: Inmigrantes indocumentados se reúnen para escuchar información mientras esperan audiencias de asilo fuera del puerto de entrada el 20 de junio de 2018 en Tijuana, México. (Foto por Mario Tama/Getty Images)

Rompiendo conspiraciones “Trumpianas”: Inmigrantes indocumentados y el crimen

El estigma favorito del presidente contra la comunidad indocumentada ha sido desmontado a través de varios estudios. La persistencia del mito se reduce así a…

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Repetir que Donald Trump inauguró su campaña presidencial hablando contra los inmigrantes indocumentados es llover sobre mojado, pero hay cosas que no se deben olvidar.

La construcción de un muro fronterizo con México, la reducción de la comunidad Hispana a estereotipos divisionistas de su campaña y las consecuentes políticas anti-inmigrante de su Administración, han acentuado aún más el mito de inmigración = crimen en Estados Unidos.

Sin embargo, el New York Times ha sacado a la luz nuevos estudios que rompen por completo el argumento presidencial.

A través de datos obtenidos por el Pew Research Center y el Marshall Project sobre la población indocumentada, y tras compararles con tasas de crímenes publicadas por el F.B.I., las cifras demuestran que no existe una relación entre ambas muestras.

“Una gran mayoría de las áreas registraron disminuciones tanto en delitos violentos como en delitos contra la propiedad entre 2007 y 2016, en consonancia con una disminución de un cuarto de siglo en el crimen en Estados Unidos”, explica el Times.

“El análisis encontró que el crimen disminuyó a tasas similares independientemente de si la población indocumentada aumentó o disminuyó”, continúa. “Las áreas con mayor migración no autorizada parecían tener mayores caídas en el crimen, aunque la diferencia era pequeña e incierta”.

Aún así, y para beneficio de los escépticos, la medición de la población indocumentada en Estados Unidos no es asunto sencillo, por obvias razones.

El Times explica el procedimiento estadístico para dar con las cifras, donde el Pew Research Center “resta los recuentos de inmigrantes con estatus legal del número de personas nacidas en el extranjero contadas por la Oficina del Censo”, lo que se llama “estimación residual”.

Con la adición de la pregunta de ciudadanía en el censo 2020, estos estimados serán prácticamente imposibles.

Estudios previos ya habían establecido que no existía nexo alguno entre la inmigración y el crimen; por el contrario, la inmigración indocumentada está asociada con “ligeras disminuciones” en estas tasas.

Asimismo, estudios como el de Citi GPS, publicado en septiembre del año pasado bajo el título “Migration and The Economy”, han determinado que el crecimiento económico de Estados Unidos “habría sido aproximadamente 15 puntos porcentuales más bajo de lo que realmente ha sido”, de no ser por la inmigración.

De una u otra manera, y mientras la Casa Blanca hospede un gobierno que no cree ni en el Cambio Climático, los números quedarán en los estudios y la verborrea política seguirá marcando la pauta.

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