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Ludovic Marin/POOL/AFP via Getty Images
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Trump vs. Macron, o cómo la OTAN es víctima del divisionismo político internacional

El aniversario de los 70 años de la Organización del Tratado del Atlántico Norte se ha visto enmarcado por los profundos desacuerdos entre los líderes…

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Agosto 17, 2022

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Si Donald Trump creía que el giro de 180 grados en la diplomacia estadounidense instaurado por su administración pasaría desapercibido, Emmanuel Macron le ha demostrado lo contrario.

Tras intentar mantener una relación cordial entre ambas delegaciones, finalmente el presidente francés y el estadounidense han encontrado puntos de desacuerdo inamovibles durante la cumbre de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) este día martes.

El evento se inauguró con el coletazo de los comentarios del presidente francés al diario The Economist, donde aseguró que la OTAN tenía “muerte cerebral”.

“Si no nos despertamos, existe un risco considerable de que a la larga desapareceremos geopolíticamente, o al menos perderemos el control de nuestro destino”, dijo Macron.

Esto dio la oportunidad al presidente estadounidense de hacer declaraciones que pusieran el foco sobre su homólogo francés y desviaran atención de sus frecuentes y controversiales posturas cuando diplomacia internacional se trata.

“Es una dura declaración. Es muy, muy desagradable para 28 países”, dijo Trump, agregando su toque al decir también: “a Francia no le va nada bien económicamente. Están empezando a imponer tarifas a productos de otras personas. Es una declaración muy dura cuando uno tiene tantas dificultades en Francia”.

Sin embargo, y a pesar de la mala recepción que obtuvo las palabras de Macron, el presidente Francés no estaba muy lejos de dar en el clavo.

Durante la rueda de prensa de ambos mandatarios, Macron tuvo la oportunidad de resaltar la decisión unilateral de Estados Unidos y Turquía en el norte de Siria, así como la estigmatización de grupos como los Kurdos por parte del gobierno de Erdogan, asuntos que ponen sobre la mesa la falta de coordinación entre los miembros de la organización en asuntos como el terrorismo o la guerra civil en Siria.

Erdogan, por ejemplo, ha desafiado a la OTAN al comprar “un sofisticado sistema ruso de misiles antiaéreos”, según explicó el New York Times, lo que ha sido interpretado como una amenaza contra los planes de la organización de actualizar la defensa de Polonia y de los países bálticos “si la alianza no se une a él para calificar de terroristas a algunos grupos kurdos”.

Este es el tipo de circunstancias que el presidente francés resaltó al mantenerse sólido en sus primeras declaraciones y preguntar: “¿Quién es el enemigo hoy? Y seamos claros y trabajemos juntos en eso”.

Macron fue más lejos y aseguró que tanto él como el presidente Trump “no tenemos la misma definición de terrorismo en la mesa”.

“Cuando miro a Turquía, están luchando contra los que lucharon con nosotros”, agregó haciendo referencia a los combatientes kurdos que fueron abandonados a su suerte por la decisión imprevista de Trump de abandonar el conflicto en Siria.

A todas estas, y mientras las asperezas se agudizaron en el primer día de la cumbre, otro cambio en la política internacional estadounidense empezó a tomar primer plano: la lucha comercial contra China.

Mientras la historia de la OTAN ha estado marcada por su carácter de “muro” contra la injerencia de Moscú, su transformación paulatina hacia otros asuntos como el terrorismo y las diferencias internas han dejado espacio para que otras potencias como China abarquen más espacio.

“No hay forma de que la OTAN se traslade al Mar de China Meridional, pero tenemos que abordar el hecho de que China se está acercando a nosotros, invirtiendo fuertemente en infraestructura”, dijo el Secretario General de la organización, Jens Stoltenberg, en una entrevista con CNBC el día lunes.

“Los vemos en África, los vemos en el Ártico, los vemos en el ciberespacio, y China tiene ahora el segundo presupuesto de defensa más grande del mundo”.

Si bien esto podría dar la oportunidad a Trump para hacer su caso sobre la necesidad de imponer tarifas al gigante oriental, el presidente ha vuelto a poner sus intereses personales por encima de los de Estados Unidos:

“No tengo fecha límite”, dijo Trump a los periodistas durante más de 50 minutos en Londres junto a Stoltenberg. “En cierto modo me gusta la idea de esperar hasta después de las elecciones para el trato con China”. 

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