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 La reforma fiscal, que de acuerdo con sondeos de opinión no cuenta con el apoyo popular, hará cambios, entre otras cosas, a los índices de impuestos personales y corporativos en los Estados Unidos. De acuerdo con expertos el déficit del país se afectará adversamente debido al recorte de ingresos fiscales. EFE/Justin Lane
 La reforma fiscal, que de acuerdo con sondeos de opinión no cuenta con el apoyo popular, hará cambios, entre otras cosas, a los índices de impuestos personales y corporativos en los Estados Unidos. De acuerdo con expertos el déficit del país se afectará…

A Trump, los impuestos le saben a beso

Con la aprobación de la reforma fiscal del presidente Trump, en EEUU será más ventajoso, desde el punto de vista fiscal, ser empresa que persona. 

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Los impuestos tarerán dulces recuerdos a la memoria del primer año presidencial de Donald Trump.

Tras meses de negociaciones, el Senado aprobó esta madrugada la mayor reforma del sistema impositivo de EEUU desde 1986. La reforma supondrá “la mayor rebaja de impuestos para las empresas de la historia reciente del país”, señala el diario El País, así como un paquete de reducciones para todas las rentas, incluidas las más adineradas.

Se calcula que el recorte fiscal alcanzará los 1,5 billones de dólares en 10 años, poniendo en un punto delicado la salud de las arcas públicas.

El diario barcelonés La Vanguardia apuntaba al “efecto Corker” como uno de los puntos clave para conseguir el apoyo mayoritario de los republicanos del Senado a esta reforma fiscal, que Trump define como “el gran regalo de Navidad para los estadounidenses”.

El senador republicano Bob Corker se opuso siempre a cualquier reforma que supusiera el riesgo de aumentar la deuda pública, pero cambió de postura a última hora y dio el visto bueno a la reforma.  En las redes sociales empezó a correr como la pólvora la expresión “Corker kickback”,  que en este contexto el término iba más encaminado a “soborno” o “mordida” de Corker, según La Vanguardia.

La reforma fiscal implica no solo una bajada del impuesto a las empresas (del 35 al 21%), sino un paquete de reformas en la fiscalidad de las empresas que serán ventajosas especialmente, para los inversores inmobiliarios, como Donald Trump y el senador republicano Bob Corker. 

“Puede que no sepamos qué ha pasado con Corker, pero tenemos todas las razones para creer que los republicanos han tomado nota de un presidente que abiertamente utiliza su cargo para enriquecerse. Adiós ideología, hola corrupción”, escribió ayer el economista Paul Krugman en The New York Times.

Los críticos con la reforma fiscal de Trump señalan que beneficiará principalmente a grandes corporaciones, millonarios y rentas altas, mientras que para el resto de ciudadanos, las ventajas serán escasas.  Y la población es consciente de ello: son diversas las encuestas que han revelado la impopularidad de la medida.  Según una encuesta de la CNN, solo el 32% de la población apoya la reforma fiscal.

 “Si, como llevan meses pregonando Trump y los suyos, esta medida engordará las nóminas, acelerará la economía, impulsará ocupaciones y ofrecerá a las familias de clase media un ahorro en impuestos, resulta evidente su fallo de comunicación”, critica La Vanguardia.

“Tal vez la clave del rechazo es que, cuando Donald Trump sancione la ley, en EEUU será mucho mejor, desde el punto de vista fiscal, ser una empresa que una persona”, señala el diario El Mundo.

 

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