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En 'El Campamento' al norte de Filadelfia, hay millones de jeringuillas tiradas por todo el lugar, su abuncandia en el lugar dan cuenta de la magnitud del poblema de drogas que enfrenta la ciudad. 
En 'El Campamento' al norte de Filadelfia, hay millones de jeringuillas tiradas por todo el lugar, su abuncandia en el lugar dan cuenta de la magnitud del poblema de drogas que enfrenta la ciudad. Samantha Laub / AL DIA News

Trece personas murieron por sobredosis cada día en Pensilvania durante 2016

La Oficina de Control de Drogas acaba de publicar su análisis sobre todos los casos reportados en 2016. 

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Decir que Filadelfia sufre una epidemia de adicción a los opioides es una redundancia, cuando en la ciudad habitan 70.000 heroinómanos. “Informar” a estas alturas del 2017 que 907 personas perdieron la vida por sobredosis el año pasado es descubrir que el fuego quema. 

Titular, sin embargo, que Filadelfia ya no ocupa el vergonzoso primer lugar de muertes por sobredosis entre los 67 condados de Pensilvania, es un dato nuevo y un algo macabro si la noticia sugiere que hay razones para celebrar.  

Esa es el hecho destacado por medios locales luego de que la Administración de Control de Drogas (DEA, por su sigla en inglés) hizo público este jueves un análisis en el que la entidad muestra las estadísticas a nivel estatal de la crisis de adicción a los opioides.

Según el Analysis of Overdose Deaths in Pennsylvania, 2016, durante 2016 un promedio de 13 personas murieron de sobredosis diariamente en el estado. Al final, un total de 4.642 personas perdieron la vida en Pensilvania por causas relacionadas al consumo de drogas. El condado Fulton, que en 2015 ocupó el puesto 32, en 2016 saltó al primero con 74 muertes por cada 100.000 habitantes.

La DEA obtuvo estas cifras luego de juntar y analizar los reportes elaborados por personal médico a lo largo y ancho del estado. Según el mismo, la sustancia con mayor incidencia en esos decesos fue el fentanilo, presente en el 52 por ciento de los casos. 

La heroína fue la segunda sustancia ilícita con más incidencia en los fallecimientos (45 por ciento de los casos), seguida por la benzodiazepina (33%), la cocaína (27%) y opioides bajo prescripción médica (25%).

El reporte también estableció que la tasa de muertes por sobredosis en el estado alcanzó las 36.5 por cada 100.000 habitantes. En 2015, la misma tasa a nivel nacional fue de 16.3 por cada 100.000 habitantes.

El informe, elaborado en colaboración con la Escuela de farmacología de la Universidad de Pittsbug, (PERU, por su sigla en inglés), arroja claves sobre la población más afectada por las muertes: 77% blancos, 12% afroamericanos, 4% hispanos y 7% sin identificar.

En mayo pasado la alcaldía de Filadelfia dio a conocer su plan integral para enfrentar la epidemia, entre las acciones que las autoridades locales se plantean se destacan aquellas que tienen enfonque preventivo en el que el acceso a la educación es fundamental, así como la ampliación y mejoramiento de los servicios de atención; temas que dependen mucho de estudios como el presentado por la DEA.

Las estadísticas son sin duda necesarias para dimensionar la magnitud de los problemas que afectan a la sociedad en su conjunto, pero el peligro de las cifras es que no tienen rostro, y en la mayoría de los casos terminan banalizadas en titulares como “Filadelfia ya no es la número uno en muertes por sobredosis”, que no son otra cosa que una expresión más de la obsesión estadounidense por las clasificaciones y las comparaciones.

Muy triste, porque la historia real es que la epidemia sigue cobrando vidas aquí y en cualquier lugar, en las narices de todo el mundo. 

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