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Patricia Caicedo Omar ha sido la gestora de cambios importantes en Santa Marta para combatir las afectaciones contra el medio ambiente. La ciudad es la primera en Colombia que decidió combatir el uso de plásticos de un solo uso. Fue fundada en 1525 y allí murió Simón Bolívar el 17 de diciembre de 1830. Dadsa
Patricia Caicedo Omar ha sido la gestora de cambios importantes en Santa Marta para combatir las afectaciones contra el medio ambiente. La ciudad es la primera en Colombia que decidió combatir el uso de plásticos de un solo uso. Fue fundada en 1525 y…

Más árboles y menos plástico contra el cambio climático

En Santa Marta, ciudad turística del Caribe colombiano, tomaron medidas que van desde la siembra intensiva de árboles hasta la prohibición de plásticos de…

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Es una hermosa ciudad de unos 600 mil habitantes, que tiene de frente al mar Caribe y al lado la belleza de los parques nacionales naturales Sierra Nevada de Santa Marta y el Tayrona refugio, casa y santuario de y casa de los pueblos indígenas arhuacos, kogis, wiwas y kankuamos.

En los últimos años, ante el deterioro ambiental, que no es ajeno en todos los lugares del mundo, se decidió ponerle el pecho a factores que inciden en el cambio climático. La ambientalista Patricia Caicedo Omar ha sido la responsable del cambio de rumbo en las decisiones que puedan impactar positivamente en el bienestar de la gente y de ese pedazo de planeta en el norte de Colombia.

Fue hasta hace un mes la directora de la agencia municipal responsable de la sostenibilidad ambiental (Dadsa) y ahora está a cargo de los servicios públicos y del manejo de las basuras de la ciudad, en donde mantiene la meta de hacer pronto de Santa Marta la ciudad ambientalmente más sostenible del país. Para lograrlo, se aprobó como política pública la inclusión de la cátedra ambiental en los colegios de la ciudad, bajo la premisa de que las nuevas generaciones son defensores del medio ambiente.

“La principal transformación que ha tenido la ciudad en el tema ambiental es el compromiso de la gente. Por ejemplo, antes se cortaban los árboles y nadie decía nada. Ahora no. Saben que no se puede hacer”, dice Patricia Caicedo Omar.

En ese sentido, desde finales del 2020 se inició una intensiva reforestación en barrios y sectores de la ciudad que tenían un importante déficit y la creación de bosques urbanos. “Mi apuesta es adaptar la ciudad al cambio climático, por lo que estamos todo el tiempo sembrando árboles”, cuenta al indicar que con ayuda satelital se elaboró un mapa de calor para establecer las prioridades. La meta inicial era de 10 mil árboles para mitigar el impacto del cambio climático. Hoy la cifra supera los 14 mil, en una tarea en la cual están comprometidas las comunidades, el Estado y el sector privado. El propósito es llegar a sembrar 30 mil entre 2020 y 2023. Se han plantado 28 especies de árboles frutales y maderables nativos.

‘No al plástico de único uso’

Pero las decisiones también impactan la cotidianidad de los samarios, de los empresarios y de los turistas. En 2018 se prohibió el plástico de un solo uso y del poliestireno extendido, de uso masivo en la ciudad y en el resto del país. Santa Marta se convirtió así en la primera ciudad colombiana que le declara la guerra a este tipo de materiales contaminantes.

“El consumo de plástico en la ciudad hay que bajarlo a su mínima expresión. Pero al final la gran controversia y el trabajo es con los productores, no con el consumidor final. El consumidor final, en un planeta que está tan conectado, es el que presiona para que cambie el modelo de producción”, indica la ambientalista.

De acuerdo con el Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), en el 2050 “habrá más plásticos que peces en los océanos a menos que la gente deje de utilizar artículos de un solo uso elaborados con este material, como las bolsas y las botellas”.

Patricia Caicedo advierte que en Santa Marta se avanza en grandes superficies, con restaurantes y con la comunidad para que la prohibición se ejecute sin tropiezos. “Estamos trabajando con los tenderos, pero también con quienes les venden el plástico. La idea es promover otros materiales amigables con el medio ambiente”, agrega.

La labor no ha sido fácil, pero se ha acudido a fases para la implementación plena de la medida. La primera fase fue de sensibilización mientras el comercio cambiaba el stock. Después vino la etapa pedagógica con sanciones simbólicas y ahora ya está con las sanciones en firme. Asimismo, “a la par hemos impulsado un proyecto con mujeres para que ellas sean las que hagan las bolsas de tela o con otros materiales para que se las vendan a proveedores”.

Simultáneamente, se han realizado jornadas de limpieza de playas, ríos y quebradas, a donde va a parar una gran cantidad de plásticos y de otros materiales. Por ejemplo, se pasó de 23 toneladas de residuos sólidos en el 2017 a 177,2 toneladas en el 2020. También se ha trabajado en la reutilización de sintéticos, de manera que en promedio en 2018 fueron 58 toneladas y en el 2020, 145 toneladas.

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