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Passport, obra de la artista centroamericana Pilar Castillo. 
Passport, obra de la artista centroamericana Pilar Castillo. 

Un pasaporte falso contra la verdadera política migratoria de U.S

¿Águila calva o buitre? La falsificación realizada por la artista latina Pilar Castillo podría colar en un control del ICE, hasta que se fijasen en la historia…

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En octubre de 2018, una serie de caravanas formadas por miles de personas de Honduras, El Salvador y Guatemala pusieron rumbo a Estados Unidos huyendo de la violencia de sus respectivos países. El presidente Trump amenazó a sendos gobiernos con dejar de brindarles ayuda económica si no impedían que sus ciudadanos entraran ilegalmente en el país; los migrantes se hacinaban solicitando asilo político en los albergues de la frontera mientras unos gobiernos y otros lanzaban balones fuera. 

Una crisis humanitaria de primer nivel, una tragedia a la que parece que nuestros ojos ya se han acostumbrado. 

Nacida en Belice, en el corazón maya de Centroamérica, la artista Pilar Castillo no pudo olvidar las imágenes del éxodo de sus compatriotas a los que se negó asilo. Había llegado a Estados Unidos con los 13 años cuando su madre, que fue de avanzadilla al país para buscar trabajo, regresó al lograr el estatus legal, y a pesar del tiempo transcurrido sigue afirmándose como una mujer centroamericana.

Cortesía Pilar Castillo.

“Me siento solidaria con aquellos que comparten esta experiencia de inmigrante, junto con las futuras generaciones que buscan la misma oportunidad”, le dice a LA Times.

Convencida de que el arte en una época cada vez más hostil hacia el migrante es una forma de hacer frente a la injusta, se puso manos a la obra en su estudio de Ladera Heights, Los Ángeles, para falsificar un pasaporte tan hiperrealista que necesitamos fijarnos mucho para entender que no nos encontramos ante un documento de identidad norteamericana. Al menos en un sentido literal.

“Hablar de inmigración ilegal es hablar de una experiencia de falsificación en la que no se rinde cuentas, se te niegan los derechos humanos básicos, eres básicamente prescindible", cuenta Pilar, MFA por el Otis College of Art and Design.

La cara B de América

Aunque cualquier patrulla fronteriza pudiera confundir la cubierta blasonada con el gran sello de Estados Unidos, una mirada un poco más atenta a Passport descubre que la cabeza del águila ha sido reemplazada por la de un buitre y la rama de olivo que lleva entre sus patas por una serpiente que simboliza, según Castillo, "el lado siniestro” de las políticas de Trump.

Tampoco aparece el Monte Rushmore, ni barcos de vapor, sino una cronología de la vergüenza, con escenas históricas de la esclavitud en los campos de algodón y las matanzas de nativos americanos, además de las incursiones militares estadounidenses en Centroamérica y la explotación de la mano de obra y los recursos que precipitaron con el tiempo las caravanas de 2018. 

La artista dedicó la obra a su madre, que llegó a Estados Unidos desde Belice a los 24 años caminando través del desierto y tardó casi una década en conseguir su estatus legal. 

Cortesía Pilar Castillo.

En el apartado del nombre puede leerse: "Extranjero Inmigrante". Nacionalidad: "Extranjero". Lugar de nacimiento: "Sospechoso". 

También sobre el sello, figura la cabeza de la Virgen de Guadalupe con un niño a sus pies, solo que enjaulado:

"El escudo que se supone que protege es, en cambio, una prisión para el niño", apunta la latina, refiriéndose a los niños separados de sus familias y encarcelados. Para la artista, el enfoque más interesante de este trabajo gira en torno a lo que el documento de identidad, hecho manualmente y encolado, no dice. Un ajuste de cuentas con la burocracia de este país y con una idea acerca de la identidad bastante superficial, cimentada en más de un recuerdo del pasado cuya incidencia sigue bien presente pese a que hoy no se hable de ellos, como los campos de concentración para japoneses americanos durante la Segunda Guerra .

Cortesía Pilar Castillo.

Por eso Castillo orienta el proyecto hacia el “diseño descolonizador”. Es decir, a cómo el diseño puede ayudarnos a contar las historias que faltan.

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