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“Hice todo lo que había que hacer -le dijo a ABC-, menos matar y poner bombas, que me lo prohibió mi madre”, Leonor Ferreira (105). Vía Efe.
“Hice todo lo que había que hacer -le dijo a ABC-, menos matar y poner bombas, que me lo prohibió mi madre”, Leonor Ferreira (105). Vía Efe.

Último adiós a “la abuela del exilio cubano” en Miami

Leonor Ferreira estuvo presa con 14 años por luchar contra el régimen de Machado, y volvió a estarlo con Batista y Castro. Murió el martes a los 105 y hoy se…

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Bye bye, Bunbury

Mayo 16, 2022

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Vivió para presenciar la caída del “castrismo” y eso que hace tres años no creía probable que la democracia llegase a Cuba, aunque luchó durante más de un siglo para derrocarlo. Primero en su Cuba natal, donde se la considera la presa más joven de la isla, y al final de sus días en Miami. Lo hizo, parafraseando al Che Guevara, médico como ella y a quien no tragaba, de pie. Jamás arrodillada. 

Leonor Ferreira, la conocida como abuela del exilio cubano, falleció el pasado martes a los 105 años, y hay quien asegura que fue su sentido de lucha por la libertad lo que hizo que tuviera una vida tan larga, y no exenta de emociones. 

Cuando tenía 14 años fue encarcelada por primera vez por tratar de quemar en La Habana un famoso comercio estadounidense conocido como “Ten Cents”. Fue en la época del régimen de Gerardo Machado, y luego también se revelaría contra la dictadura de Fulgencia Bastista, algo de lo que en 2016 afirmó que se arrepentía, porque eran vecinos y amigos.  A Castro, en cambio, se la tuvo siempre jurada…

Cuando Fidel se hizo con el poder, en 1959, ella trabajaba en el Ministerio de Trabajo cubano: “¡Yo no trabajo con un miserable comunista!”, le chilló, rompiéndole unos papeles en la cara. “ Y de ahí -declaró a ABC-, presa a cada momento”.

Una lucha centenaria

En 1961 participó en el fallido intento de invasión norteamericana de Bahía de Cochinos, y unos meses más tarde, en lo que parece un thriller, se exilió a través de la Embajada de Brasil en La Habana librándose por poco de ser fusilada; se coló por la ventanilla del coche del embajador brasileño cuando se la llevaban al paredón. 

Una vez en la embajada, refugiada con otras asiladas que habían visto cómo fusilaban a sus maridos, apareció por allí el Che Gevara y ella le enfrentó en referencia a uno de los ejecutados: “¡Asesino, asesino, morirás como murió Cabrera!”.

Mujer rebelde, siempre se vanaglorió de no tener miedo a nada y de haber hecho con su vida lo que le dio la gana. Y eso a pesar de los hombres... Estuvo casada dos veces, y cuando se divorció del primer esposo porque había tenido un hijo con otra mujer y él se resistió a terminar el matrimonio, Leonor le convenció pistola en mano: “Fírmame el divorcio… ¡O me matas o te mato!”, le amenazó. 

“¡Yo no trabajo con un miserable comunista!”, le chilló a Fidel Castro.

Como médico y miembro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Ferreira se dedicó a abrir guarderías y desarrollar programas sobre prostitución, educación y delincuencia femenina. Incluso el dictador nicaragüense Anastasio Somoza le pidió que educase a su hijo Luis para que fuera presidente, y el hermano de éste le rogó que no se marchase del país, que les ayudase a acabar con el comunismo. Pero se fue. 

“Hice todo lo que había que hacer -le dijo a ABC-, menos matar y poner bombas, que me lo prohibió mi madre”. 

Su vida está recogida en el libro “Leonor Ferreira. Un siglo de rebeldía y pasión”, escrito por Ena Curnow en colaboración con Pablo Chao (ed. Alexandria).

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