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Luego de una larga espera para oficializarse su victoria en las elecciones presidenciales, este miércoles asumió Pedro Castillo, ante la expectativa de millones de peruanos y los ojos atentos de la comunidad internacional. Ya mostró las diferencias con sus predecesores. Getty Images
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El diagnóstico para otros países es muy similar al peruano en las circunstancias en la cuales asume la presidencia el progresista Pedro Castillo, de 51 años: inestabilidad política, corrupción sin límites, la fragilidad económica expresada en la dependencia de la minería, un camino al desarrollo con sobresaltos, un alto índice de informalidad en el empleo, las malquerencias de la ciudadanía con la clase política y la desigualdad social.

Lo particular es de dónde viene, qué representa y lo que significa para quienes han tenido el poder en Perú. En esto último, Castillo es un obstáculo para los sectores que han tenido los privilegios, porque no es uno de los suyos y, como han dicho algunos analistas, “está limpio” en el accionar político y no tiene nada relacionado con corrupción que manche su hoja de vida.

La gran debilidad de Castillo está en el Congreso, donde tiene la minoría de legisladores: apenas 37 de los 130, teniendo que buscar alianzas con otros sectores para inclinar la balanza. Su estabilidad dependerá de eso.

El sello de Pedro Castillo

A diferencia de otras elecciones presidenciales, en esta el ganador fue alguien lejano de los centros de poder. Como lo expresó Castillo en su discurso de posesión este miércoles, “es la primera vez que el país será gobernado por un campesino”. Y lo hizo sentir durante varios momentos de la ceremonia: no pasó por la alfombra roja, vistió de una manera radicalmente distinta a lo que siempre se había visto en un acto de investidura y anunció que no gobernará desde el Palacio de Gobierno.

A simple vista puede parecer algo de poca monta, pero tiene una gran simbología y significa mucho desde lo que representa. Es salirse del molde para sentar un precedente y decirle al mundo que no hará lo mismo que otros, Incluso, no tuvo mayor inconveniente en cuestionar lo que representó la conquista y colonización española delante del rey Felipe VI, uno de los invitados a la posesión. Ahí explicó porqué no gobernará desde la Casa de Pizarro, nombre dado por el colonizador español Francisco Pizarro, fundador de Lima.

El profesor Castillo, elegido a nombre de Perú Libre, de línea marxista, dijo: "Debemos romper con los símbolos coloniales. Cederemos este palacio al Ministerio de las Culturas para que sea usado como un museo". Y más adelante agregó: "Los tres siglos en los que este territorio perteneció a la corona española le permitieron explotar los minerales que sostuvieron el desarrollo de Europa, en gran parte con la mano de obra de los abuelos de muchos de nosotros".

Ahí está el tono y lo que representa de lo que será su accionar como presidente, limitado además por no tener las mayorías en el Congreso, una fragilidad a la hora de tener que contar con el respaldo político para promover cambios que se acerquen al inicio de soluciones perdurables a los problemas más asfixiantes para el país.

En ese camino, uno de sus temas centrales es la reforma de la Constitución. La vigente fue hecha durante el gobierno de Alberto Fujimori. Difícil que se logre por la falta de mecanismos para convocar una Asamblea Constituyente. Por eso este es un reto grande para Castillo.

El otro reto es enfrentar la presión de la derecha y de los sectores que temen decisiones que afecten la propiedad privada y medidas que permitan más control del Estado. ¿Por qué esos temores? Castillo se presentó como candidato de Perú Libre, un partido en la orilla marxista leninista, y sus contradictores aseguran que vendrán tiempos de afectación a la propiedad privada y la expropiación de los ahorros de la gente. En su intervención de este miércoles, el nuevo presidente de la República se refirió al tema. “No haremos nada de eso. Queremos que la economía mantenga orden y predictibilidad, que son la base de la inversión. La propiedad de las personas obtenida con esfuerzo está garantizada por la legalidad”, aseguró.

Además, en contravía de sus críticos, señaló que “no pretendemos ni remotamente estatizar la economía ni hacer una política de control de cambios". Pero sí fue claro en el sentido de la intención de hacerle cambios al modelo económico.

"¿Es cierto que esos cambios implican poner en riesgo los logros de las últimas décadas? No. Sí es posible realizar estos cambios con responsabilidad y respetando la propiedad privada, pero poniendo por delante los intereses de la nación", puntualizó.

No la tiene fácil porque en él están puestas las esperanzas de millones de peruanos por un país con mejores condiciones de vida. Y tendrá los ojos encima de la comunidad internacional.

 

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