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Pedro Torrealba es un empresario venezolano que está investigando el proceso de tejido tradicional en lo profundo de las montañas de los Andes, en una búsqueda para preservar una tradición que está condenado a desaparecer.

Pedro Torrealba y la preservación del tejido tradicional en Los Andes Venezolanos.

“Vivirás, insolente Aracne, siempre de esta forma suspendida tal será tu castigo para toda la posteridad.” Al marcharse Minerva, le arrojó el jugo de una hierba envenenada que le hizo caer los cabellos, la nariz y las orejas; su cabeza y su cuerpo disminuyeron las piernas y los brazos en patas sutilísimas se tornaron, y el resto del cuerpo no presentó más que un grueso vientre. De esta manera, en araña transformada, sigue tejiendo con sus hilos la tarea a que ella estaba acostumbrada”. Ovidio. Metamorfosis. Libro VI.

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“Vivirás, insolente Aracne, siempre de esta forma suspendida tal será tu castigo para toda la posteridad.” Al marcharse Minerva, le arrojó el jugo de una hierba envenenada que le hizo caer los cabellos, la nariz y las orejas; su cabeza y su cuerpo disminuyeron las piernas y los brazos en patas sutilísimas se tornaron, y el resto del cuerpo no presentó más que un grueso vientre. De esta manera, en araña transformada, sigue tejiendo con sus hilos la tarea a que ella estaba acostumbrada”. Ovidio. Metamorfosis. Libro VI.

“Todo comenzó con el teatro”, dice Pedro mientras recuerda su juventud en La Universidad Central de Venezuela. Se formó en el teatro para niños bajo la tutela de Eduardo Mancera, tras lo cual fundó el primer Ateneo fuera de Caracas.

Durante los años 70, el Festival Internacional de Teatro se llevaba a cabo sólo dentro de la Capital Venezolana, negándole el acceso a la cultura a la gente de las provincias. Fue entonces cuando Pedro Torrealba y Pedro Emilio Sáncehz Arellano ingeniaron un proyecto para traer el teatro a las zonas rurales y, al proponérselo a María Teresa Castillo (la entonces Presidenta del Ateneo) obtuvieron la aprobación para llevar consigo a dos compañías de teatro: Teatro de la Calle (Colombia) y Cheveaux de Feu (Francia), con quienes trabajaron en formato taller fuera de la capital.

Jean-Marie Binoche dirigía en aquél entonces Chaveaux de Feu y su puesta en escena se basaba en cuentos, mitos y leyendas de la India, una producción estructurada en la recopilación de imágenes, sonidos y material visual de un trabajo de campo a través de diferentes pueblos. Ésta sería la inspiración para Pedro, quien comenzaría a recopilar e investigar la tradición oral en Venezuela. Tras escoger el pueblo Yekuana, del Amazonas, presentó un proyecto para financiamiento, sin obtener respuesta alguna: “vendí mi carro y las pocas cosas que tenía y decidí irme”. 

Tras una breve formación en trabajo de campo de la mano de la Dra. Isabel Arentz – famosa etnomusicóloga – Pedro diseñó la recolección de datos y partió al Amazonas: “Llegamos a Cacurí tras cinco días bajando por el río Orinoco, 5 días subiendo por el río Ventuari hasta llegar al salto de Tencua, y después caminamos un día entero”.

Torrealba estuvo un año con el pueblo Yekuana, aprendiendo cada aspecto de su vida cultural y de sus manifestaciones, conectándose con sus raíces indígenas, saciando una necesidad imperante de absorber cada pieza de información. Reconocer este lado aborigen le permitió a Torrealba un proceso de identificación y de auto-reconocimiento, tal cual síntoma de la era posmoderna. 

Al volver, Pedro presentó un monólogo de su tiempo con los Yekuana en el Primer Congreso Iberoamericano de Etnomusicología y Folclor; reinterpretó todas las manifestaciones culturales que había comprendido e interpretado y las transformó en un lenguaje teatral convencional. La receptividad de su obra fue impresionante y Torrealba fue invitado a llevar su obra a seis universidades en Alemania, pero de nuevo la falta de compromiso por parte del gobierno fue un impedimento. 

Luego de aventurarse un par de años como chef, Pedro Torrealba se mudó a los Andes Venezolanos, donde vio por primera vez un telar tradicional y, según relata, encontró su verdadero llamado. Gracias a un par de amigos conoció a los últimos ancianos que todavía preservaban el tejido tradicional y que no han conseguido una generación de relevo que quiera preservar este arte: “en diez años no quedará uno vivo, y este arte se perderá para siempre”. 

Torrealba entonces diseñó una recopilación de entrevistas y procesos de teñido que tomarán la forma de un libro que ha titulado “Los Colores del Páramo”, donde documentará todos los procesos de teñido y así como un manual te tejido, los orígenes y la historia de esta tradición fundamental. 

La manufactura y la adquisición de los materiales primos ha tomado algo más de tiempo y más dinero de lo que una persona sola puede manejar, así que Torrealba a recurrido al gobierno local para buscar nuevas maneras de estudiar y mejorar la lana y los pigmentos necesarios, obteniendo una respuesta positiva por primera vez. 

Parte del proceso se ha transformado en la improvisación de estructuras que faciliten el sistema, todas hechas de materiales tradicionales y de acuerdo a las instrucciones históricas que se han mantenido gracias a la tradición oral. La lana y los pigmentos son todos productos naturales, obtenidos de las ovejas y de la flora de las montañas aledañas.

Los Andes Venezolanos permanecen intactos aún en tiempos de una globalización acelerada. Permanecer algunos días en las montañas permiten la reflexividad y el contacto con las raíces más puras y originales, palpables no sólo en el temperamento de sus pobladores sino en el sabor de su comida, la pureza del aire y el silencio ensordecedor que pareciera penetrar cada esquina. 

Pero el problema con la mercantilización del telar tradicional ha hecho las cosas cuesta arriba. En Venezuela, el turismo es latente tan sólo en 80 días del año, y el tráfico urbano en la zona de los Andes representa tan sólo un 20% de esa masa, que usualmente prefiere acceder a la zona por los accesos bajos que a través de las montañas, haciendo muy difícil la elaboración de un producto que pueda subsistir por sí solo. 

Para enfrentar este reto, Pedro Torrealba ha decidido seguir un proyecto más etnográfico hasta que las circunstancias económicas provean un futuro más fértil.  

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