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¿Por qué el CEO de Pfizer vendió el 62% de sus acciones por valor de 5,6 millones el día del mismo anuncio de que habían encontrado la vacuna? Photo: RTVE
¿Por qué el CEO de Pfizer vendió el 62% de sus acciones por valor de 5,6 millones el día del mismo anuncio de que habían encontrado la vacuna? Photo: RTVE

La vacuna de Pfizer arrastra una lluvia de dudosas promesas políticas

La compañía biofarmacéutica estadounidense revela prometedores resultados no definitivos con el timing perfecto para iniciar una oleada de promesas en España,…

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Es sumamente complicado de discernir si el exacerbado entusiasmo por la vacuna que hace dos días anunciara la macro compañía estadounidense Pfizer se debe a la desesperación provocada por la pandemia, a la necesidad de legitimación de distintos gobiernos, a las incipientes tácticas del comercio de moléculas del siglo XXI o a un movimiento bursátil de su CEO. Sea como fuere, pese al alud de titulares naive, en realidad no hay todavía nada claro respecto a la vacuna de la COVID-19.

A los periodistas nos encanta un buen titular y el anuncio de las compañías Pfizer y BioNTech sobre la efectividad del 90% de su vacuna en fase 3 testada en 43.500 personas sin efectos adversos se fusionaba con los nervios postelectorales y entraba directamente hasta el fondo de la cocina de muchas redacciones de un modo totalmente acrítico. 

Conviene pero la prudencia inicial basada en que se trata de un resultado interino, es decir, una evaluación del propio equipo que la realiza antes de acabar el estudio, y especialmente en el tempo en que fue liberada dicha noticia: justo después de la perdida de legitimación electoral de uno de los agentes que más podía dinamitar los procesos de venta gubernamental, hablo por supuesto de Trump, y justo antes de que aparezca competencia con los resultados de otras compañías, nueve de las cuales están en la misma fase III. 

Así pues, en medio de esa ola tan conveniente para la gigantesca compañía biofarmacéutica, no deja de añadir leña a nuestro salubre cinismo el hecho de que el CEO de Pfizer vendiera el 62% de sus acciones por valor de 5,6 millones el día del mismo anuncio. Albert Bourla colocó 132.508 acciones al precio de 41,94 dólares. No sorprende la operación comercial en sí, sino el hecho de que no esperara unos meses a la confirmación de su resultado definitivo o al de otras compañías como Sinovac, Johnson&Johnson o Oxford/AstraZeneca.

Para empezar, el ensayo de la vacuna “BNT162b2” todavía no ha terminado la fase III, mucho menos ha sido sometida a la obligatoria evaluación por parte de instancias como la Agencia Europea del Medicamento. En segundo lugar habrá que ver cómo se concreta ese 10% de ineficacia cuando se habla de miles de millones de personas susceptibles de enfermar por coronavirus. Y en tercer lugar pero igual de relevante que los anteriores es también la concreción de la mencionada eficacia del 90% por grupos de edad, algo que no revela en resultado interino, y en la epigenética concreta de grandes grupos culturales puesto que se basa en una tecnología todavía nueva, la del ARN mensajero: moléculas con instrucciones genéticas que introducen en las células órdenes para fabricar determinadas proteínas que generen el antígeno específico y linfocitos T. 

Pero las dificultades no terminan aquí. El gigantesco proyecto logístico de distribuir una vacuna con tempos similares por todo el mundo, para paliar colosales diferencias de precio y su narcotráfico, se ve elevada a una potencia desconocida hasta la actualidad al deber tener que aplicar una cadena de frío extremo, -80ºC, que implicara usar nitrógeno líquido u otro tipo de ultracongeladores. 

Las dificultades técnicas de un proyecto de este tipo sólo harán que aumentar la incertidumbre con respecto a quién la recibirá primero. Países como España, México, Ecuador y Perú se han lanzado a anunciar sus acuerdos con Pfizier y otras farmacéuticas pero sin aclarar en ningún caso los presupuestos para tan faraónica operación, que deberá ser repetida cada año como con la vacuna de la gripe. 

El gobierno de España anunciaba ya a sus ciudadanos que la vacuna podría estar lista para enero de 2021, provocando así el inicio de las odiosas comparaciones con otros países, pero dicho anuncio no puede dejar de interpretarse dentro de las claves de comunicación de un gobierno profundamente castigado por la opinión pública a causa de los caóticos confinamientos domiciliarios. 

De nuevo, la pregunta sobre quién recibirá la vacuna vuelve a ser un asunto de política de primer orden. No solo está atravesado por las tensiones geopolíticas o la tendencia de voto de los distintos grupos de edad que generan utópicas predicciones por parte de los partidos al mando, las promesas de Joe Biden de un cambio en las políticas pandémicas o los intereses bursátiles. También por el hecho de que poco a poco el siglo XXI se revela como un conflicto por las políticas del comercio de moléculas en el que intervienen compañías desplegadas masivamente con intereses completamente contrapuestos por lo que, ante todo, conviene más ciencia y prudencia mediática. 

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