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El juicio de George duró menos de tres horas y el jurado compuesto por 10 hombres blancos tardó en deliberar 10 minutos. 
El juicio de George duró menos de tres horas y el jurado compuesto por 10 hombres blancos tardó en deliberar 10 minutos. 

El caso de George Junius Stinney Jr. 76 años después, ¿hemos aprendido?

Fue el condenado a morir en la silla eléctrica con 14 años el 16 de junio de 1944. Su pecado: ser afroamericano en Carolina del Sur.

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Sin pena ni gloria. Así de desapercibida pasó una sentencia que podría haber sido histórica y que llegó demasiado tarde.

En diciembre de 2014, la juez de Carolina del Sur Carmen Tevis Mullen dictaminó que el condenado a muerte más joven del siglo XX, George Junius Stinney Jr., un chico afroamericano de 14 años, era inocente de la acusación de haber asesinado a dos niñas blancas de 7 y 11 años de edad. 

Tras años de lucha, su familia y un grupo de activistas consiguió que el caso fuera revisado y la juez concluyó que el juicio que tuvo aquel lejano 16 de junio de 1944 había sido todo menos justo, ya que el jurado estaba compuesto únicamente por hombres blancos -en 1944 sólo los blancos podían votar en Carolina del Sur-, la vista duró dos horas y media y el único indicio que se utilizó para sentenciarlo es que había sido la última persona a la que vieron conversar con las niñas Mary Emma Thames y Betty June Binnicker antes de que encontraran ambos cadáveres con el cráneo destrozado por los golpes propinados con una barra de hierro. 

Hay otro detalle que resulta tanto o más escalofriante: la única testigo clave, la hermana de George, había tenido que huir de Alcolu, en Clarendon, bajo amenazada de linchamiento. 

Todo empezó un 23 de marzo, cuando ambas vecinas cruzaron en bicicleta la vía del tren hacia los barrios donde vivían la gente de color y se pararon frente a la casa de los Stinney para preguntarle a George y a su hermana Amie dónde podían encontrar un tipo de plantas conocidas como flores de pasión que se utilizan para hacer infusiones. 

Al menos eso fue lo que explicó Amie cuando el juicio fue reabierto, 70 años después de que la condena a muerte de George en la silla eléctrica se hiciera efectiva. El chico no pudo hacerlo, aseguró la hermana, ella estaba con él cuando Thames y Binnicker perdieron la vida. 

El muchacho fue detenido por el color de su piel. El juicio fue una farsa, eso quedó claro en 2014 cuando la juez lo calificó de “injusticia fundamental” y procedimiento legal inaceptable debido al rosario de irregularidades que hubo. 

Como, por ejemplo, que a los diez miembros del jurado los habían elegido el mismo día del juicio y deliberaron sobre la culpabilidad o inocencia del muchacho tan solo 10 minutos; o que de los seis testigos que presentó la acusación, tres de ellos eran los mismos policías que habían interrogado a George Stinney en prisión el día que lo detuvieron. Los otros testigos acusatorios fueron los forenses y el hombre que encontró los cadáveres de las niñas. 

Más tarde también se descubrió que el abogado de la defensa no sólo aceptó la culpabilidad de George sin mover un dedo sino que tenía intereses políticos en un momento en que Carolina del Sur vivía un durísimo apartheid y la comunidad negra no tenía derecho, ni voz, ni voto. 

Hoy, cuando Estados Unidos vive su propia Primavera Árabe y recuerda a George Floyd, a Breonna Taylor y a tantas personas racializadas objeto de la violencia sistémica y racista, conviene seguir haciendo memoria. Porque el presente está lleno de lagunas.

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