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Iván Díaz Mathé en su estudio, rodeado de plantas. Photo: Cortesía Iván Díaz Mathé. 
Iván Díaz Mathé en su estudio, rodeado de plantas. Photo: Cortesía Iván Díaz Mathé. 

Music Plant: ¿Cómo suena una orquesta íntegramente formada por plantas?

El artista argentino radicado en Nueva York Iván Díaz Mathé emplea la tecnología para hacer “cantar” a las plantas (con resultados increíbles).

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Hay numerosas personas que les cantan a las plantas. Incluso se realizaron estudios en donde se sometía a determinados bulbos a la estridencia del heavy metal o la caricia de una sonata de Mozart y reaccionaban de manera muy diferente, detectando y diferenciando cada sonido. 

Lo que no sabíamos es que las plantas a su vez también pueden producir melodías alucinantes con la ayuda de la tecnología, y como si fueran los barítonos o los contraltos de una orquesta vegetal, emitir un sonido u otro dependiendo de la especie y también del entorno. 

Nacido en Buenos Aires pero radicado en Nueva York, donde dirige el estudio Demolition Sounds, puntero en la escena local, Iván Díaz Mathé sintió desde muy niño una conexión especial con la naturaleza. 

Músico y productor musical con más de 15 años de trayectoria, Mathé empezó a experimentar hace un par de años con estas aparentemente silenciosas compañeras que decoran su estudio y al poco ya se encontraba haciendo conciertos en vivo en Nueva York de puro plant music. 

“Desde pequeño he tenido mucha admiración por el mundo vegetal. Mi vida diaria transcurre manipulando sonidos y como me gustan mucho las plantas mi estudio está lleno. Hace un tiempo comencé a investigar más profundamente y decidí volcarme hacia este mundo”, explica Iván a AL DÍA.

Actualmente existen dispositivos tecnológicos que traducen los impulsos electromagnéticos de las plantas en dotación MIDI (Musical Instrument Interface) -una interfaz que se conecta instrumentos para que interactúen entre sí-, como Plantwave o Music of the Plant, con sensores que se conectan a las hojas y permiten, entre otras cosas, descubrir cómo suena la hierba o un helecho.

El resto responde a la pericia del intérprete o “canal”, como se define este artista argentino que nos ha descubierto un mundo sónico natural que contiene también su propio sello. Porque, para Díaz Mathé, las plantas no son instrumentos sino los músicos de esta particular orquesta orgánica. 

“Ellas componen las melodías las melodías que escuchamos y yo simplemente voy asignados sonidos de acuerdo a las características de la composición”, dice el artista, que sostiene que cada planta suena de una manera diferente no sólo en virtud de su especie sino de las condiciones a las que está expuesta, y el sonido que produce va cambiando durante el día. 

“A algunas las conozco bien y sé más o menos cómo responde y qué tipo de música generan”, añade. 

Lo más conmovedor y original del proyecto es que no hay más artificio que la tecnología. Iván no dirige ni planifica las melodías de esta “green band” sino que es la propia naturaleza la que obra el milagro. “No hay una mente detrás, las composiciones son 100% creadas por plantas”, sostiene. “Al no haber un intelecto creando, los resultados son muy diferentes a lo que estamos más acostumbrados a escuchar y se abre un un nuevo portal al diálogo y entendimiento mutuo. Y eso es hermoso”. 

Actualmente, el músico y productor se encuentra viajando a Buenos Aires para dar un concierto en el Jardín Botánico de la ciudad que abrirá una gira internacional de conciertos en jardines y museos. Además de preparar su primer álbum de plant music, cuya grabación realizó junto al fotógrafo Brendan Burdzinski el pasado octubre en un domo geodésico en mitad del bosque al norte de Nueva York. Tanto el disco como una pequeña película que realizó sobre su trabajo, también en colaboración con Burdzinski, son parte de la nueva savia de una industria musical que se encamina a una nueva era. 

¿Música del Chthuluceno?

La primatóloga y teórica feminista Donna Haraway, autora entre otros del conocido Manifiesto Cyborg, ahondaba en Seguir con el problema en las futuras relaciones del ser humano con el resto del planeta una vez superada esta negra edad geológica de devastación, llamada Antropoceno, de la que nos hemos convertido en protagonistas y verdugos planetarios.

El Chthuluceno propuesto por Haraway es un nuevo espacio-tiempo basado en una alianza multiespecie donde todas las criaturas que cohabitan en el planeta cooperarían entre sí -y de hecho, en muchos sentidos ya lo hacen- para regenerar y sanar una Tierra que, como bien apunta la estudiosa, necesitamos pero no nos necesita a nosotros. 

“Nos necesitamos recíprocamente en colaboraciones y combinaciones inesperadas, en pilas de compost caliente. Devenimos-con de manera recíproca o no devenimos en absoluto”, escribe Haraway.

¿Será la plant music un primer paso de esta utopía simbiótica llevada a la industria cultural? Si las plantas son músicos, si lo que escuchamos son sus propios latidos y nos podemos comunicar con ellas a través de la melodía, como asegura Iván Díaz Mathé, llegó la era de “sembrar” parentescos extraños cuyos tentáculos sean una señal wifi y telúrica. Todo unido. Bien enraizado. Ello y nosotrxs.

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