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Jessica Hernández creció en una comunidad indígena de El Salvador

Jessica Hernández, la científica indígena que se atreve a criticar el ecologismo occidental

La profesora salvadoreña de la universidad de Washington publica 'Fresh Banana Leaves'

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Con raíces zapotecas de México y ch'orti' de Guatemala, Honduras y El Salvador, la Dra.  Jessica Hernández puede presumir de ser la primera profesora indígena contratada por la Universidad de Washington. 

Su función como docente es impartir un curso introductorio sobre el cambio climático, donde su objetivo es incorporar la ciencia y cultura de las comunidades indígenas -con las que convivió durante su infancia - en la lucha por la preservación del medio ambiente. 

Esta idea de que la "ciencia" indígena es crucial y mucho más efectiva que el ecologismo occidental en la lucha contra el cambio climático es también la que también ha querido reflejar en su nuevo libro, Fresh Banana Leaves: Healing Indigenous Landscapes through Indigenous Science, publicado el 18 de enero por North Atlantic Books. 

En Fresh Banana LeavesHernández comparte su historia personal como mujer maya ch'orti' y binnizá y sus vivencias como estudiante de ciencia indígena a lo largo de toda su vida. Entrelaza relatos de su familia y de sus compañeros organizadores indígenas, la historia del ecologismo indígena y occidental, y sus propias experiencias como mujer indígena que se desenvuelve en el mundo académico occidental, para contar la historia de cómo la ciencia indígena ha sobrevivido a siglos de colonialismo y lo que podemos aprender de ella ahora. 

El libro se centra en las voces de los pueblos indígenas de América Latina y pone de relieve la resiliencia frente a circunstancias difíciles y a menudo injustas, e imagina un futuro en el que los pueblos indígenas tengan más autonomía sobre sus tierras y sean tratados como líderes destacados en la lucha contra las injusticias medioambientales y el cambio climático. 

Los plátanos (en inglés, banana trees) fueron árboles introducidos en América Latina entre los siglos XVI y XIX, cultivados en plantaciones bajo el colonialismo. "Bajo el prisma del ecologismo occidental, el plátano es una especie invasora en mis tierras ancestrales", escribe Hernández. Pero ella lo ve de otra manera.

 "Como yo y muchos pueblos indígenas en la diáspora, los plataneros también han sido desplazados... obligados a adaptarse a nuestros nuevos entornos y a formar nuevos parentescos con nuestra nueva tierra". 

Más allá de su implicación académica, Hernández es la fundadora de Piña Soul, SPC, una consultoría ambiental y negocio de artesanías que apoya proyectos de  medio ambiente y conservación dirigidos por negros e indígenas a través de ayudas comunitarias y microdonaciones. 

Hernández, que fue estudiante de doctorado en la Facultad de Medio Ambiente de la UW, donde investigó sobre las tribus costeras y los efectos del cambio climático en las comunidades indígenas, cree que la comunidad científica debería tener más en cuenta a las comunidades indígenas ya que son una de las poblaciones más vulnerables al cambio climático porque dependen en gran medida de la tierra donde residen para su sustento.

"Los científicos siguen tomando decisiones de conservación que afectan a los derechos de los pueblos indígenas a los alimentos tradicionales, la medicina y el uso cultural de la tierra", dijo Hernández a UW, citada por HipLatina. "Para cambiar este enfoque opresivo de arriba hacia abajo, los científicos indígenas (como yo) necesitan utilizar su trabajo científico para abogar por la justicia alimentaria, climática y ambiental".

Las tierras indígenas cubren alrededor del 22% de la superficie del mundo y se superponen con zonas que albergan el 80% de la biodiversidad de la Tierra, según el Fondo de Resiliencia para la Justicia Climática. La ciencia indígena se basa en su conexión con la tierra, por lo que el impacto del cambio climático afecta directamente no sólo a sus alimentos, sino a su medicina y modo de vida.

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