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¿Son las webcammers trabajadoras sexuales? Vía Hot Girls Wanted
¿Son las webcammers trabajadoras sexuales? Vía Hot Girls Wanted

‘El porno crea y nutre el deseo’. Dos artistas se infiltran en la industria del cibersexo

Mitad periodismo gonzo y mitad documental en vivo, "Trojana" plantea la relación entre la violencia sexual y el negocio de las webcams, que tiene en Colombia…

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Cerca de 40.000 modelos colombianas se conectan diariamente a webcams -tanto en sus casas como en los más de mil estudios de producción del país- para hacer realidad las fantasías sexuales de internautas, la mayoría de ellos provenientes del denominado “primer mundo”. 

Las hay de muchos tipos, desde quienes apenas llevan unos meses trabajando desde sus casas, hasta las “top” que pueden ganar más de 14.000 dólares mensuales por conectarse de 6 a 8 horas a la red y atender las más extrañas peticiones voyeurs. Eso sí, según explican quienes participan de este negocio que tiene en Colombia su mayor mercado mundial tras Rumania, las webcammers no son trabajadoras sexuales. El matiz es la propia virtualidad... Pero, ¿de qué manera afectan estos espectáculos eróticos a la cosificación de los cuerpos, e incluso al aumento de la violencia sexual en un lugar donde medio centenar de niñas son víctimas de abusos sexualmente cada día?

Esta fue la pregunta que se plantearon el colombiano Andrés Montes y la francesa Maud Madlyn, artistas performers que decidieron infiltrarse como webcammers en la industria para entender sus entresijos, en tanto daban forma a un polémico documental de artes vivas -una mezcla de show en directo, vídeos y fragmentos de ensayos y estadísticas recogidas durante su investigación-, que se estrenó la pasada semana en Cali (Colombia) y presentarán en diversos países de Europa y América durante 2020. 

“Antes de empezar a transmitir a través de la web me preocupaba si me iba a sentir cómoda mostrando mis pechos, masturbándome o practicando sexo oral delante de una cámara”, explicó la artista a The Bogota Post

Y añadió que luego le pareció asombrosamente sencillo, tanto que pudo darse cuenta del “rol de objeto sexual” para el que entrenan sibilinamente a la mujer. 

“La pornografía es un terreno de contradicción, porque es tan tabú que nadie afirma consumirla, pero es el género más visto en todo el mundo". 

“Sentarme allí, mirar con interés cuando me hablan, hacer bromas, exhibir mi cuerpo y moverme seductora es algo que ya tenía interiorizado. Pero tuve que trabajar como webcammer para darme cuenta”, aseguró. Una semana antes del estreno del 15 de noviembre, tanto ella como Montes seguían trabajando como modelos. 

Violencia y pornografía

Una de las hipótesis recogidas por Montes y Madlyn en “Trojana” es cómo la cultura de la violación se nutre hoy de un tipo de pornografía machista y fácilmente disponible en internet, que erotiza el abuso y pone de relevancia juegos de poder capitalistas.

“La pornografía es un terreno de contradicción, porque es tan tabú que nadie afirma consumirla -por eso cuesta estudiarla-, pero es el género más visto en todo el mundo y el que mueve más dinero”, explicó la artista.

Andrés Montes en "Trojana". Vía Intagram @trojana_art.

“Queremos poner en evidencia y cuestionar sin ningún tipo de edulcorante que hay una violencia normalizada contra las mujeres y la comunidad LGTB, y deconstruirla -concluye-. Mientras no se hable de la pornografía, no se hablará tampoco de la violencia".

“Sentarme allí, mirar con interés cuando me hablan, hacer bromas, exhibir mi cuerpo y moverme seductora es algo que ya tenía interiorizado".

Los documentales en vivo y las obras teatrales audiovisuales que exploran temas de gran calado social, como el cambio climático, la trata de personas o las migraciones, son una tendencia cada vez más creciente con ejemplos internacionales como la compañía española Agrupación Señor Serrano.

Bajo el nombre de un “malware” que aparenta ser inofensivo, “Trojana” está abriendo el debate no solo acerca de las fronteras entre el periodismo gonzo y el arte performance, sino sobre cuestiones relativas a la obscenidad, la intimidad o la violencia que “encanta” la realidad, o la infecta a través de la mirada. 

Si la pornografía crea deseo y la nutre, ¿qué es y no es pornografía?

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