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Dejemos de sufrir en silencio: Filadelfia empodera a las víctimas de la violencia

“La violencia de pareja es la raíz de gran parte de la violencia que vemos en nuestras calles y en nuestro mundo de hoy”. Jeannine L. Lisitski, Directora…

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Nudos andinos

Mayo 25, 2022

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Arreglos de rosas frecuentes; un encantador que te hace reír; un extrovertido bien vestido, el “caballero de la armadura brillante”… estos fueron los atributos que tuvieron a Chanda de cabeza por Rodney*, lo que facilitó de manera peculiar el caer rápidamente enamorada. Era incluso más fácil – hasta natural – caminar hacia el altar y decir “Sí, quiero”, e imaginar el resto de su vida con alguien tan cautivador.

Pero las cosas se complicaron cuando él pasó de aprehensivo a posesivo, tanto de su cuerpo como de su alma.

Al principio de su “felices para siempre”, el matrimonio iba bien. Él tenía rituales románticos semanales (que cualquier esposa abandonada o aburrida envidiaría), era estable, divertido y la persona favorita de todos, incluida Chanda.

Algo debió haberle hecho quebrar, o al menos así parecía. Cuando Chanda mira atrás y piensa en los años con Rodney, puede señalar las “banderillas rojas”. Pero, en ese momento, todas parecían pasar desapercibidas, o peor, lo veía como un comportamiento excusable, hasta tomado a la ligera.

Hasta que, obviamente, las banderillas rojas se transformaron en un terrible patrón de abuso, que evolucionó rápidamente en una violencia mental y física que no podía ser ignorada.

Ser “el alma de la fiesta” pronto se redefinió en un Rodney alcohólico, violento y adicto, que obligaba a Chanda a ir en el coche mientras conducía bajo la influencia, amenazando con lo peor si ella intentaba tomar el asunto en mano propia y coger el volante. Ser “el hombre de la casa” derivó en que Rodney empezó a cerrar las puertas y las ventanas, prácticamente encarcelando a Chanda en su apartamento. Ser “devoto” y “protector con su esposa”, implicó que Rodney revisara los mensajes de texto de Chanda, controlando cada uno de sus movimientos, llamando constantemente, y cualquier intento por librarse era rebatido con golpes en la cara.

En un momento dado, y después de años en una profunda crisis traumática, la vida de Chanda dependió de su capacidad para defenderse y defender a sus hijos de su esposo, el perpetrador.

Considerando que en Estados Unidos 3 mujeres son asesinadas por su compañero sentimental cada día (bien sea actual o ex), sus dantescos miedos no estaban muy lejos de volverse realidad.

Uno de los primeros pasos hacia la libertad fue marcar el 1-866-723-3014, la línea telefónica contra la violencia doméstica en Filadelfia, operada por Women Against Abuse en conjunto con Congreso de Latinos Unidos, la Lutheran Settlement House y Women in Transition. Pero Chanda reconoce que debió haber prestado atención y haberse fijado antes en las señales.

Con una estadística de que “1 de cada 4 mujeres” y “1 de cada 7 hombres” en Estados Unidos está en una relación donde ocurren abusos, ¿Qué tan realista es incluso intentar sofocar una epidemia nacional? ¿Cómo y dónde puedes siquiera empezar a detener algo tan fuertemente instaurado en nuestra sociedad, a través de la omisión, el menoscabo y, de alguna manera, la justificación? En otras palabras, ¿Cómo puede la prevención funcionar en el mundo real?

 

 

La educación es un buen lugar para empezar.

El rostro de un abusador: ambiguo pero no inimaginable

 

Jeannine L. Lisitski, la Directora Ejecutiva y Presidenta de Women Against Abuse, hace eco de la preocupación por el arrepentimiento de Chanda cuando dice que debió ver las señales antes, citando el involucramiento de la organización en la creación de políticas y programas que buscan prevenir la violencia doméstica y desmantelar el sistema:

“Estamos trabajando y colaborando con los funcionarios del gobierno de la ciudad, con otras ONG, agencias y grupos comunitarios, hospitales y escuelas, para proveer un plan consistente y coordinado para que Filadelfia responda a la violencia dentro de las relaciones. La respuesta necesita surgir antes, necesitamos intervenir antes. La violencia de relaciones es la raíz de mucha de la violencia que vemos en nuestras calles y en nuestro mundo hoy”.

Y aunque Women Against Abuse es uno de los grupos que opera en la línea telefónica contra la violencia doméstica de Filadelfia, Jeannine nota que gran parte de las personas llama cuando están dejando o piensan en dejar a sus parejas abusivas, cuando las cosas ya se han salido de control.

Las víctimas se quedan con sus abusadores por una gran variedad de razones, pero esta dependencia y la dinámica de control puede ser evitada. La fundación de la violencia dentro de la relación depende del control coercitivo, del miedo y de la pérdida de libertad percibida.

El truco está en identificar la manipulación por parte de un compañero dañino antes de que erosione el autoestima e imponga una inseguridad paralizante. Esto es porque el abuso mental y verbal frecuentemente precede y “marca el tono” para la violencia física.

Los victimarios suelen decir cosas como “No vayas a ver a tus amigos y a tu familia, a ellos no les importas”, o “Tu familia y tus amigos me odian, no puedes confiar en ellos” como manera de aislar a sus parejas de las personas que podrían percibir mejor una relación que se ha vuelto tóxica, explica Jeannine. Otras fuentes en línea y estudios psicológicos han confirmado que los abusadores tienen la necesidad de aparentar ser perfectos y son hipersensibles o paranoicos frente a aquellos que podrían demostrar quién realmente son.

Ellos también necesitan asegurarse de ser el único proveedor y cuidador de su pareja (y, por extensión, de sus hijos), y el aislamiento limita las opciones que tiene una pareja de escapar o buscar refugio en otra parte.

Aunque pueda parecer contradictorio, los abusadores afianzarán el aislamiento y la magnitud de su engaño al someter a su pareja a “una montaña rusa” de emociones, obligándoles a “caminar constantemente sobre huevos” y no darse cuenta de su propio valor individual como ser humano. Es difícil entender cómo alguien puede permitirse ser esencialmente abusado por su cónyuge o pareja, pero Jeannine da un ejemplo de cuán enceguecedoras son las técnicas que llevan el proceso:

“Entonces, una persona puede estar preparando sus medicamentos esa mañana y ponerlas en un pastillero semanal, y luego, digamos, usan el baño un momento o se toman un café. Pero cuando regresan a buscarlo, no lo ven donde lo habían dejado y le preguntan a su pareja si las tocó. Su pareja dirá algo como ‘¡Eres tan desorganizada! ¡Obviamente no las preparaste! ¡Esto es lo que sucede en cada aspecto de la relación y es por eso que somos un caos!’ El truco es que la pareja fue quien hizo las pastillas, pero la víctima empieza a pensar que se trata de ellos, y que es su culpa. Pronto, mientras el ataque continúa, sienten que no pueden controlar sus propios pensamientos, recuerdos o comportamientos”.

Otras características o comportamientos comunes de los abusadores incluyen:

  • Tener cambios de humor erráticos que obligan a la víctima a sucumbir al miedo y a buscar constantemente la manera de satisfacer a su pareja y cumplir con sus expectativas (de manera de evitar una avalancha de bofetones o insultos).
  • Culpar a sus parejas de su infelicidad
  • Enfurruñarse y encerrarse por días (aplicando “la ley del hielo”), desesperando de nuevo a su pareja por no poder satisfacerle.
  • Ignorar o no aceptar los asuntos en los que debe trabajar
  • Narcisismo o personalidades inestables
  • Criticismo y juicios
  • Aptitudes de comunicación escasas o inmaduras
  • Temperamento explosivo
  • Tradicional o conservador (por ejemplo, en roles de género, en lo que implica ser un esposo o una esposa, o en la disciplina de los niños).
  • Usar la tecnología para ser abusivo
  • Destruir o atacar la propiedad
  • Amenazas
  • Historial familiar de abuso

Chanda, quien actualmente trabaja como asesora en Women Against Abuse y ha escrito Broken, but not Destroyed: A Woman Destined to be Free, también menciona que los abusadores son “cálidos y fríos”, y en un momento determinado pueden arrepentirse profundamente e intentar empezar una fase de “luna de miel”, y podrían intentar decir “exactamente lo que quieres escuchar” cuando quieren intentar volver.

“Rodney solía prometer que se rehabilitaría y no volvería a beber. Solía decir cosas como ‘prometo que no volveré a hacerlo’. Sí, claro. Siempre había una segunda vez. Nunca es un incidente aislado. Si les dejas volver, tan sólo les das más poder, y les permites consumirte. Los grandes gestos y las promesas son lo que te mantienen atada y con esperanzas, pero muy pronto, los insultos volverán, las bromas pesadas empezarán y su voz comenzará a elevarse.

La extraña capacidad del abusador para manipular a su pareja y lograr atraparles en un sabotaje sexual, financiero o mental – frecuentemente mientras les arrastran a la decepción y a la soledad – es donde el control coercitivo exitoso puede derivar en agresiones físicas en la privacidad y la comodidad de su casa.

Es por esto que Women Against Abuse sugiere que las mujeres y las parejas que co-habitan deben esconder tarjetas de seguridad social, tener siempre copias de certificados de nacimiento y registros de salud, y tener a un lado un bolso de emergencia en la casa de un familiar o vecino.

Chanda tenía un llamado especial a través de la pared que le separaba de su vecina, Marie, y quien sabría cuándo llamar al 911, dependiendo del patrón de los golpes (en la pared).

Conclusión: el amor no debería doler

Chanda está agradecida por organizaciones como Women Against Abuse, y valora muchísimo a las mujeres que le ayudaron a sobrellevar lo que vivió con Rodney. Marie, la vecina arriba mencionada que siempre estuvo pendiente de Chanda, fue tan sólo una de ellas. Durante y después de la cirugía a la que Chanda debió someterse, la doctora que le estaba atendiendo dudaba si dejarle ir con su marido (quien había aparecido beligerante en el hospital, exigiendo ver a su esposa), e incluso dejó a Chanda ingresada más tiempo de lo necesario, en la seguridad del cuidado médico. Y, cuando Chanda pudo conectarse con Women Against Abuse y llegar a un refugio después de abandonar a Rodney y obtener la orden de alejamiento subsecuente, su hija se tomó un año libre de la universidad para ayudar a su madre a volver a empezar.

Ahora, Chanda ha transformado su dolor en un propósito.

“Amo cuando puedo ayudar a alguien más. Quiero ser la voz que ayude a otra mujer a sanar. Hay esperanza. Hay vida después del abuso, sólo debes ser fuerte, lo suficientemente fuerte como para pedir ayudar y seguir un plan. Vivo mi vida con un propósito: seguir adelante, vivir y hacer saber a otras mujeres el valor que tienen y que no merecen ser abusadas”.

Este mapa muestra los centros de ayuda a víctimas de violencia doméstica en Filadelfia. Si sientes cualquier tipo de miedo por tu seguridad o la de tus hijos, por favor llama al 1-866-723-3014.

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