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Ángel Corella got into ballet at a young age, after watching his sister’s ballet classes.   Harrison Brink/ AL DÍA
Ángel Corella se aficionó al ballet a una edad temprana, tras ver las clases de ballet de su hermana. .  Harrison Brink/ AL DÍA

Philly’s Ballet Maestro

Considerado un icono en España, Ángel Corella es el actual director artístico del Ballet de Filadelfia.

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La cruda realidad

Mayo 19, 2022

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De su infancia en Madrid, España, Ángel Corella recuerda que era un niño enérgico y feliz, siempre rodeado de familia, y que le encantaba bailar.

Para agotar sus energías,  a Corella lo apuntaron a hacer  ballet con sus dos hermanas mayores, una actividad poco tradicional para un niño en España, especialmente en esa época.

En una conversación con AL DÍA, Corella habló sobre su carrera como bailarín,  una carrera que empezó tras un breve paso por clase de kárate:

“A uno de los niños de la clase [de kárate] le rompieron la nariz ... Así que mi mamá empezó a llevarme a la clase de ballet de mis hermanas”, dijo Corella. "Me solía decir, 'siéntate aquí, que tengo que hacer algunos recados, y vuelvo enseguida'. Pensaba que me encontraría en el techo, porque no podía quedarme quieto".

Para su sorpresa, volvía y se encontraba al  pequeño Corella sentado muy quieto, mirando fijamente, intrigado, a la clase de ballet.

En una ocasión, mientras su madre hablaba con una maestra sobre un recital de fin de año, Corella se levantó, comenzó a hacer giros y saltos, y se puso a bailar.

Primeros pasos en el mundo del ballet

A los dos años, Corella bailaba como John Travolta, imitando al actor en un momento en que la banda sonora de Saturday Night Fever sonaba en todas partes.

“Todavía tenía el chupete en la boca, así que creo que para mí siempre fue más fácil expresarme a través del baile que con  palabras”, dijo Corella. "Siempre fue más fácil mostrar quién era y cómo me sentía a través del ballet".

Corella seguiría bailando con sus hermanas hasta los 13 años. Alrededor de esta edad, empezó a ser víctima de burlas e intimidaciones en la escuela. Corella explicó que el fútbol y la tauromaquia eran de suma importancia y que el ballet no tenía cabida entre los intereses de sus compañeros.

En casa de los Corella, su madre era una amante del arte, una escritora que apreciaba la ópera, el ballet y la música. Su hermana pequeña se convertiría más tarde en bailarina del American Ballet Theatre, mientras que la mayor acabó siendo peluquera y maquilladora.

Si bien su madre tuvo la mayor influencia sobre su decisión de hacerse bailarín, a su padre, que había sido boxeador, le preocupaba cómo reaccionarían los demás:

“La primera vez que [mi padre] me vio bailando en el Metropolitan Opera House me confesó que estuvo llorando todo el tiempo, porque se emocionó mucho”, dijo Corella. "Pero sabía que tendría problemas  en la escuela cuando los niños se enterasen de que hacía ballet... y tenía razón".

Cuando Corella terminó su formación inicial, no había compañías de ballet en España, por lo que durante un tiempo estuvo sin trabajo.

Consideró dedicarse a la carpintería, ya que todavía hoy disfruta arreglando cosas, pero cuando un amigo le sugirió participar en una competición de baile, su perspectiva de futuro cambió. 

Aunque al principio no quería participar, Corella acabó participando en una competición en París, donde, para su sorpresa, ganó la Medalla de Oro y el Gran Premio.

Un miembro del jurado sugirió que Corella intentara entrar en el American Ballet Theatre.  Poco después, el bailarín viajaba a los Estados Unidos para hacer precisamente eso.

Corella se incorporó como solista al American Ballet Theatre y se convirtió en un héroe nacional español .Gettyimages
Nueva vida fuera de España

Cuando Corella llegó a Nueva York, en 1995, tenía 19 años, y se sintió  solo y abrumado.

Por primera vez, no estaba rodeado de su familia y se enfrentaba a un idioma desconocido, ya que había estudiado francés en la escuela.

Su ansiedad disminuyó cuando comenzó la temporada del Metropolitan. A medida que bailaba, la cálida reacción del público estadounidense lo hizo sentir como en casa.

"Empecé a aprender inglés muy rápido, la verdad... Fue un comienzo difícil, pero luego fue rápido... Me adapté a la ciudad, me adapté a mi nueva vida".

Cuando Corella dejó España, su padre acababa de perder su trabajo. Corella reunió algunos ingresos de actuaciones y galas extraordinarias para abrir una tienda de ballet en Madrid. La tienda, dirigida por sus padres, vendía ropa de ballet, como tutús y calentadores de piernas. Al tener éxito, más adelante abrieron otra tienda en Barcelona.

Muchos bailarines se acercaban a la familia Corella para pedirles consejos sobre cómo seguir una carrera de bailarín en el extranjero. Frustrado por la falta de opciones para los bailarines en España, Corella se empeñó en aumentar la presencia del ballet en su país.

“Decidí crear una fundación... para lograr fondos para iniciar una compañía de baile. En 2007, reunimos el apoyo suficiente para poder abrirla ”, dijo Corella.

La compañía, The Barcelona Ballet, realizó una gira por Nueva York, México y Portugal. También tenían programado realizar una gira por China, pero al producirse un cambio de gobierno en España, el apoyo al ballet cambió.

"Un partido político con colores diferentes... decidieron que ya no querían más ballet, así que retiraron todas las ayudas y tuvimos que cerrar la compañía", dijo Corella. “Tuve que vender todo lo que tenía en ese momento. Tuve que vender mi casa, mi auto ... para poder pagar a todos los bailarines ”.

Corella aún seguía bailando cuando cerró su compañía, pero al poco tiempo decidió retirarse de su carrera como bailarín.

El último baile

La etapa de Corella como bailarín terminó con una actuación de El lago de los cisnes en el Metropolitan House de Nueva York. Tenía 37 años.

A Corella le iba a resultar difícil prescindir de la energía positiva del público después de sus actuaciones, pero sabía que había llegado momento:

“Realmente sentí que cerraba un ciclo de mi vida, cerraba un capítulo para abrir otro: dirigir el Ballet de Filadelfia y compartir todo el conocimiento reunido a lo largo de los años con las nuevas generaciones. Me sentía realmente feliz y preparado para hacer este cambio”, dijo.

En la actualidad, Corella es escenógrafo, coreógrafo, espectador y entrenador.

"Creo que es importante saber cuándo se ha acabado tu tiempo y es hora de que otra persona ocupe tu lugar", explicó Corella.

Entre sus planes no estaba dirigir otra compañía, pero cuando a las pocas semanas vio la vacante para el puesto de director artístico en el Ballet de Pensilvania (ahora conocido como Ballet de Filadelfia), no dudó en solicitarlo.

Después de dos entrevistas, Corella consiguió el trabajo. Dada la sincronización con la que se habían sucedido los cambios, está convencido de que era lo que tenía que ser.

"Me encantó la ciudad y me encantó lo que representaba la compañía... Me sentí feliz, y de eso ya han pasado siete años... aunque parece que fue ayer".

En la actualidad, Corella espera elevar la estatura de los bailarines del Ballet de Filadelfia al reconocimiento mundial . Harrison Brink/ AL DÍA
La experiencia en el Ballet de Filadelfia

Lo primero en la agenda, después de convertirse en el director artístico del Ballet de Filadelfia, era dirigirse a los bailarines, revitalizarlos y revitalizar la compañía.

“Había bailado con… compañías de todo el mundo. Sabía qué tipo de energía y qué tipo de arte estaba dándose en el mundo, así que traté de implementar eso en la  compañía”, dijo Corella.

Al principio, se mostró un poco reticente, ya que cuando las cosas se han hecho de cierta manera durante mucho tiempo, la gente tiende a caer en patrones.

Se encontró con un poco de resistencia, pero Corella tenía dos años por delante para averiguar quién quería y quién no quería formar parte de la nueva dirección. Después de ese tiempo, algunas personas se fueron, otras no renovaron sus contratos y pronto la compañía empezó a tomar la forma que tiene hoy en día. 

“Quería convertir a los bailarines en estrellas de cine... para que todo el mundo en la ciudad los reconociera... supiera quiénes son los bailarines, y así poder relacionarse realmente con ellos y quieran ir a verlos actuar”, dijo el bailarín.

Corella quería llevar a la compañía de gira para lograr una presencia más internacional y ser considerada junto con otras organizaciones artísticas como la Orquesta de Filadelfia y la Ópera de Filadelfia.

“Esa es una de las razones por las que cambiamos el nombre de Ballet de Pensilvania al Ballet de Filadelfia, porque quería formar parte del núcleo duro de las organizaciones artísticas más importantes de Filadelfia. Creo que lo hemos logrado en los últimos seis años”, dijo Corella.

El bailarín español cita la paciencia y la escucha como virtudes aprendidas al trabajar con el Ballet de Filadelfia, ya que la gente trabaja mejor cuando sus ideas son escuchadas y participan en el proceso de toma de decisiones.

El futuro de la danza y el ballet 

Es difícil predecir el futuro de la danza y el ballet, según Corella, porque la cultura  está en continua transformación.

Cuando se trata del Ballet de Filadelfia, Corella quiere que los avances se desarrollen de forma natural, manteniendo siempre el enfoque en la comunidad artística de Filadelfia.

“El futuro del Ballet de Filadelfia no prescindirá de nada, pero creo que será importante que representemos la ciudad en la que vivimos, la ciudad en la que bailamos, la ciudad que nos ve”, dijo Corella.

A una escala más global, y particularmente en España y América Latina, Corella tiene la esperanza de que la danza y el ballet prosperen.

Cuando se le preguntó cómo lograr que más hispanos y latinos se involucren en el baile, Corella respondió que hay que tener en cuenta que en la mayoría de los países hispanos, la danza no es algo que forme parte de su herencia o de su cultura, pero los programas de divulgación juegan un papel importante. "Y nuestro departamento de divulgación está haciendo un trabajo increíble al llevar el ballet a todas las escuelas", dijo.

Corella cree que los padres deben brindar apoyo cuando uno de sus hijos decide dedicarse a las artes, ya que existen muchos conceptos erróneos sobre lo que las artes, y el ballet en concreto, pueden ofrecer, tanto a nivel profesional como artístico.

"Existe una idea preconcebida de lo que es el ballet, lo que es el ballet clásico, para los hispanos, así que es algo en lo que estamos trabajando para tratar de cambiar en el futuro".

El trabajo necesario para eliminar todas estas ideas preconcebidas y equivocadas que rodean al ballet es considerable, pero eso Corella lo sabe mejor que nadie:

"Una persona sola puede hacer un cambio, pero en la mayoría de los casos se necesita más de una persona ... Siendo el director artístico de una organización como el Ballet de Filadelfia, sería una locura si pudiera decir que todo lo logré yo solo". z

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