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"El Jardín del Edén", una instalación de la artista colombiana Dora Mejía a base de fotografías tomadas por satélite de las principales ciudades del mundo. Se expone en el CCA de Glasgow, Reino Unido. Foto: Andrea Rodés
"El Jardín del Edén", una instalación de la artista colombiana Dora Mejía a base de fotografías tomadas por satélite de las principales ciudades del mundo. Se expone en el CCA de Glasgow, Reino Unido. Foto: Andrea Rodés

¿Quién define las ciudades en que vivimos?

De Nueva York a Medellín, pasando por Bagdad. Un mismo cielo, tres maneras diferentes de vivir. Una exposición en Glasgow intenta comprender cómo se organizan…

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Glasgow, REINO UNIDO  En muchas ocasiones, el concepto de ciudad que tiene en mente un responsable de urbanismo no se corresponde con el de sus habitantes. ¿Para qué seguir construyendo si ya no se ven las estrellas en el cielo?,  fue una de las preguntas que se planteó la artista y arquitecta colombiana Dora Mejía, obsesionada con averiguar cómo han ido desarrollándose los grandes centros urbanos del planeta desde sus inicios ancestrales hasta la actualidad, empezando por su ciudad, Medellín.

Ubicada en un entorno privilegiado, rodeada de naturaleza y colinas verdes, Medellín es un lugar ideal para la vida humana desde tiempos ancestrales, pero un día Mejía descubrió que por culpa de la densidad de luces urbanas ya no podía ver las estrellas. Y así empezó el proyecto artístico de Mejía: desde hace catorce años, la artista y arquitecta colombiana recopila fotografías por satélite de las principales ciudades del mundo - Nueva York, Lima, Madrid, Bagdad, Guatemala…  que luego estampa sobre cojines cuadrados y dispone en el suelo o en las pared, formando figuras geométricas.

“La obra de Mejía deja entrever su formación como arquitecta”, explica Aisnlie Roddick, comisaria de la exposición The Sky is Falling, que puede visitarse hasta el próximo 14 de mayo en el Centro de Arte Contemporáneo de Glasgow, CCA, en Escocia, Reino Unido.

Vistas desde el cielo, las ciudades se transforman en un entramado de líneas y colores – lagos, parques, ríos – que forman bonitos cuadros pictóricos, parecidos a paisajes impresionistas. De ahí el nombre de su obra “El Jardín del Edén”.  Porque todas estas ciudades, desde  Nueva York a Bagdad o Medellín, siguen siendo lugares de gran belleza, aptos para la vida humana desde hace miles de años.

El Jardín del Edén quiere reflexionar sobre todas estas ciudades y sus cambios, dar una nueva mirada a lo que ha pasado con ese lugar sagrado que se ha dicho lleno de belleza y abundancia. Por eso, para el cojín de Nueva York, Mejía  elije una fotografía por satélite tomada el 9-11, en la que puede verse la humareda proveniente de las Torres Gemelas, y la contrapone a una de Bagdad, Edén milenario, hoy asediado por las bombas.  

 “¿Qué ha sido del Jardín del Edén de los comienzos de la humanidad, hoy cuando los medios de información geográfica nos permiten apreciar el florecimiento de las civilizaciones humanas y de los asentamientos del hombre moderno que aún habita la misma tierra de los míticos orígenes en el valle que todavía bañan los ríos Tigris y Éufrates?”, es la pregunta que quiere poner en conversación con el público la creadora de estas obras.

 “El Jardín del Edén se ha extendido ahora por toda la superficie de la Tierra sin norte ni sur, oriente ni occidente,” comentó la artista al diario El Mundo durante la inauguración de una exposición en Medellín, hace dos años.

El coste social de la ciudad moderna

No es casual que esta exposición tenga lugar en Glasgow, una ciudad industrial del norte de Reino Unido, que en la década de los 50 y 60 tuvo que reurbanizarse para dar cabida al aumento de la población trabajadora y lidiar con problemas como la discriminación. 

“En cuestión de busca de espacio, las ciudades americanas han definido nuestra modernidad”, explica Roddick en una visita guiada por la exposición. Un ejemplo de proyecto de ‘modernización” urbana en los años 50 fue la decisión de construir una nueva capital para Brasil para sustituir a Rio de Janeiro, tema principal de la joven artista brasileña Clari Ianni (Sao Paulo, 1987).

Recurriendo al video-documental, Ianni explora la historia de la construcción de Brasilia, en 1956, y sus repercusiones sociales. En su video analiza las entrevistas realizadas a los principales creadores de la ciudad, el arquitecto Oscar Niemeyer y el urbanista Lucio Costa,  al destaparse que decenas de trabajadores murieron en accidentes laborales durante la construcción de la ciudad, en 1959. Ninguno de los dos admite haberse enterado del accidente, e incluso acusan a la prensa de “dramatizar” el asunto.

Ianni llega a la conclusión de que la ignorancia que manifiestan ambos acerca del coste humano  y la resistencia social que generó trasladar  la capital de Rio de Janeiro a Brasilia no es muy diferente a la ignorancia que reciben hoy los problemas provocados por el desplazamiento de miles de trabajadores desesperados de una ciudad a otra en cualquier parte del planeta. Inmigración, discriminación social, desempleo: las ciudades siguen creciendo, esperando que el cielo no se les caiga encima. 

“Al final las ciudades no son nada más que espacio. El espacio no es fijo. El espacio de la ciudad ha sido escrito en un lenguaje particular y continúa reescribiéndose día a día”, escribe Ainslie Roddick en el catálogo de la exposición. “Los cuerpos cambian, nuevas culturas y tradiciones nacen. Pero ¿quién define las ciudades en que vivimos? Por y para quién son las casas que construimos en ellas? Y – lo más importante - ¿quién tiene permitido dar y recibir amor en estas ciudades?,” concluye.

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