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Nicolás Molina. Foto: Pablo Banchero.
Nicolás Molina. Foto: Pablo Banchero.

Una ventana al nuevo disco de Nicolás Molina

Para los que no conozcan al cantautor uruguayo y frontman de Molina y los Cósmicos, su último disco es un buen lugar para empezar.

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Querencia es “un disco que se grabó con paciencia”, dice Nicolás Molina en el vídeo de lanzamiento de su nueva producción.

Entre guitarras íntimas y una voz de terciopelo, Molina introduce su primera producción solista, con nombre propio y desde una sala de grabación casera recóndita en las afueras de Castillos.

En una entrevista exclusiva con AL DÍA, el cantante compartió el proceso de transformación de su música desde el formato banda a esta nueva experiencia.

“En realidad, Molina y los cósmicos funcionaba desde la raíz como un proyecto solista”, explica buscando las palabras con delicadeza. “Cuando grabé el primer disco, El Desencanto, lo empecé a armar no desde el concepto de una banda, sino yo sólo en un home studio, en una usina cultural que funciona en Castillos, que es el pueblo de donde soy”.

En el Departamento de la Rocha, a 255 kilómetros de la capital, Nicolás Molina empezó un proyecto colaborativo en el 2009 en conjunto con Martín Méndez, Ignacio Vitancurt, Sebastián Arruti, Andrés Mastrangelo y Emma Ralph, definido frecuentemente como una de las muestras más originales de la música independiente del Cono Sur.

Sin embargo, fue el azar lo que les permitió hacerse un nombre en su propio país.

“Todo fue una mezcla de suerte, azar y un poco de mérito”, dijo el cantante sobre ese momento definitivo en el que Molina y Los Cósmicos empezó a darse a conocer. “Yo siempre pongo la suerte o el azar en un lugar importantísimo, porque yo hice un videoclip con unos amigos de Camino del Sol, un corte de Molina y los Cósmicos, antes de sacar el disco en el 2013, y ese videoclip lo levantó Remezcla, el portal. Remezcla lo publicó, hizo un informe, y KEXP, a través de un programa llamado El Sonido, nos impulsaron mucho a nivel mundial”.

Fue gracias a esa promoción en territorio estadounidense que Molina y Los Cósmicos fueron conocidos en su propio país.

Con tan sólo 3 millones de habitantes, la pequeña nación del sur – que ha dado luz a bandas y músicos fundamentales como No Te Va A Gustar o Jorge Drexler – es el lugar ideal para la gestación de nuevas ideas. Sin embargo, la industria sigue siendo muy pequeña para los grupos emergentes.

Después de su breve éxito con la banda, Nicolás Molina decide incursionar en un proceso creativo aún más íntimo, lejos de las ataduras de una agrupación, y con su propio nombre.

“Si bien Molina y Los Cósmicos era una agrupación, era un proyecto solista con nombre de banda si se quiere”, explica. “Pero hay todo un tema que es particular en la música, porque puedes estar en un proyecto súper emergente donde pueden estar pasando un montón de cosas pero no es suficiente para que dejes tu trabajo”.

La decisión de tomar distancia del formato banda vino acompañado por un proceso personal donde Molina comenzó a “sentir como diferente el mundo”, y donde surgen canciones mucho más personales, grabadas siempre en casa, y con un sonido particular.

Gracias a su experiencia de años como técnico de grabación, Molina dedicó el último año a buscar esa “naturalidad” en sus canciones, con la firme intención de conseguir una honestidad que hablara por sí misma.

Así surge Querencia, un disco donde la sonoridad varía no sólo en la instrumentalización sino en la toma de decisiones previa, donde el cantautor buscaba transmitir un complicado proceso personal a través de la sencillez.

“Mientras en Molina y Los Cósmicos había más trabajo de producción, en Querencia tuve la necesidad de resolver con los recursos humanos que tenía a la mano”, nos cuenta. “Lo mismo sucede con las letras y con el proceso de grabación. Fue como naturalizar la grabación”.

No se trataba ya de hablar de sinceridad pues, como bien lo subraya el músico, eso nunca ha faltado en su trabajo. Se trata más bien de un proceso honesto para consigo mismo.

“La portada, por ejemplo, es una polaroid de una foto que representa el disco”, comenta, comparándole con otras portadas de discos previos que habían sido hechas por diseñadores. “Todas las tomas de decisiones, fueran estéticas o sonoras, fueron más naturales”.

Y el resultado fue precisamente ese, un disco natural, íntimo y sencillo, que contrasta radicalmente con el bullicio enrevesado de la música Latina que puebla las listas de éxitos.

Nicolás Molina es, en resumen, una muestra del nuevo sonido latinoamericano – un sonido más sencillo, más sincero, más real, y que rompe con todos los estereotipos.

Querencia saldrá oficialmente al público el 10 de septiembre en La Trastienda de Montevideo, y desde allí, Nicolás Molina llevará sus canciones en todos los formatos, tanto en banda como en íntimo, alrededor del mundo, incluyendo nuevamente el festival South by Southwest en Austin, Texas, en marzo del 2020.

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