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"Los latinos pueden ser héroes de sus propias historias"

En 'La Casita de Esperanza', la autora cubanoamericana Terry Catasús Jennings cuenta cómo los inmigrantes pueden ayudarse a establecerse en un nuevo país.

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Cuando piensa en su infancia en Cuba, Terry Catasús Jennings se recuerda como una niña muy independiente, con libertad para ir sola a cualquier sitio y una lectora tan apasionada, que cuando cursaba cuarto grado decidió que se convertiría en escritora. "Coincidió más o menos con la lectura de ‘Mujercitas’", recuerda en una entrevista con AL DIA. 

Con el tiempo hizo realidad su sueño y es una autora consolidada de libros para jóvenes en Estados Unidos. Su reciente obra es The Little House of Hope (también disponible en español, La Casita de Esperanza), una historia autobiográfica sobre cómo los inmigrantes pueden ayudarse para hallar un lugar en un nuevo país. 

Está ilustrado por el premiado artista Raúl Colón y es protagonizado por Esperanza, niña cubana de 12 años que emigró a EE. UU. con su familia y trata de instalarse en su nueva casa, como hicieron Jennings y su familia en 1961. A esa vivienda llegan otros inmigrantes cuando necesitan un lugar donde alojarse y Esperanza es siempre la primera en darles la bienvenida. Es un sitio seguro en una tierra nueva.

"Con La Casita Esperanza intenté retratar varias de las razones por las que la gente se convierte en inmigrante, las dificultades a las que se enfrentan al llegar al nuevo país y el valor de una mano amiga", dice la autora. 

la casita de esperanza  

Cuando Jennings y su familia emigraron de Cuba a Richmond (Virginia), su vida cambió. "Gran parte de mi libertad se evaporó porque mis padres tenían miedo de dejarme ir a cualquier sitio, hacer cualquier cosa", recuerda. 

Además, no siempre fue fácil ser la única niña cubana del lugar. Uno de sus ídolos de juventud se convirtió en su profesora de matemáticas en el instituto: "Siempre me animó y me trató como un ser humano, en lugar de infravalorarme por ser inmigrante".

Intenté retratar varias de las razones por las que la gente se hace inmigrante

Así que, siguiendo sus pasos, estudió Matemáticas y Física en la Universidad de Richmond. Además, sus padres nunca habrían estado de acuerdo con que fuera escritora.  "No era lo suficientemente estable. Nuestras finanzas eran tan precarias que me habrían disuadido de la idea, y yo probablemente habría aceptado", admite.

Pero, por su cabeza siempre rondaban historias que quería contar, la mayoría de las veces transformadas en algo mucho mejor que la realidad. Un día escribió un ensayo sobre cómo enseñar a su hija a conducir y cómo se invierten los papeles entre padres e hijos en el momento en que el niño se pone al volante de un vehículo. "Alguien me dio el correo electrónico de la sección de estilo de Washington Post y lo envié. Me hicieron saber que lo publicarían tres semanas después", cuenta y recuerda los primeros pasos para consolidarse como escritora de libros infantiles. 

HUMANIDAD COMÚN

Uno de sus primeros libros fue la serie de Dominguita, textos humorísticos por capítulos en los cuales niños cubanoamericanos de tercer grado viven aventuras siendo personajes de los clásicos. La serie cumplió su sueño "de proporcionar una ventana para que todos los niños vean a un joven cubanoamericano como un ser humano más, algo que sigue siendo muy necesario hoy en día".

Lo que realmente extraño de Cuba es verla con los ojos de un adulto

"El reciente clima político ha hecho que este sentimiento sea aún más frecuente. Quiero llegar a los jóvenes lectores y plantar la semilla de nuestra humanidad común antes de que los adultos y la vida interfieran con esa noción", dice. También quiere “que los jóvenes latinos vean que ellos también pueden ser los héroes de sus propias historias".

Según Jennings, la latinidad está muy entrelazada con la inmigración: "Para muchos, la definición de inmigración incluye a los que vienen a quitarnos el trabajo, o a los que vienen a vivir del paro. No entienden lo difícil que es tomar la decisión de dejar tu país por otro y convertirte en inmigrante. Eso es lo que he intentado retratar en La casita de Esperanza".

Durante la entrevista, se refirió a las dificultades que sufrió su familia al llegar a Estados Unidos. "Teníamos 50 dólares para una familia de cuatro personas y cada uno tenía una maleta con ropa que pesaba menos de 40 libras", dice. Su tío ya estaba en Estados Unidos con la familia y alquilaron una casa. "Nos abrieron esa casa. También se la abrieron al hermano de mi tía y a su familia. Catorce personas vivíamos allí", explica.

Terry Catasús Jennings. Photo by Lou Jennings
Terry Catasús Jennings. Photo by Lou Jennings

Jennings vive en Reston (Virginia), nunca ha vuelto a Cuba. Su apellido es muy reconocible. Su tío estuvo en la fuerza aérea del militar Fulgencio Batista (presidente constitucional entre 1940 y 1944 y dictador entre 1952 y 1959), por lo que su padre fue encarcelado durante la invasión de Bahía de Cochinos, en 1961.

"Las relaciones entre EE. UU. y Cuba tienen que ser súper buenas antes de que lo intente", dice. Sin embargo, la isla sigue presente en su vida, en sus recuerdos, en su familia, en la comida.

"Lo que realmente extraño de Cuba es verla con los ojos de un adulto. Me encantaría ver mi casa, mi escuela, mi iglesia, compartir eso con mis hijos y sus cónyuges. Me gustaría ver más del país. Es un país tan hermoso, pero como me fui cuando sólo tenía 12 años, tengo un conocimiento muy limitado de él", concluye.

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