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¿Existe el apropiacionismo cultural? La regla de oro de un premiado escritor de cine

John Logan, creador de Penny Dreadful: City of Angels, tiene la virtud de los mejores escritores: libertad creativa y obsesión por la verosimilitud.

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Una familia mexicoamericana, un inmigrante alemán simpatizante de los nazis y dos hermanas sobrenaturales, Santa Muerte y la diabólica Magda, estos son los ingredientes de la exitosa City of Angels, la última temporada de Penny Dreadful que arrastra al espectador a la ciudad de Los Ángeles de finales de los años 30, un viaje al pasado tanto urbanístico como demográfico y cultural donde la identidad, los crímenes, los vivos y los muertos sirven para reflexionar sobre nuestro presente. 

"El pasado siempre ha sido algo que me ha emocionado como escritor", le dice Logan al periodista Toby Moses de The Guardian.

 "Pensé que esta era una oportunidad única para ver dónde estamos en base a dónde estábamos, y cómo las decisiones que tomamos en 1938 todavía están rondando el mundo hoy en día. Las autopistas son el alma de Los Ángeles, pero fue una investigación muy árida", añade.

Logan quería reflejar con total exhaustividad la ciudad en aquel tiempo, pero se dio cuenta también de que era imposible hablar de cambios urbanísticos como los que supondrían las futuras autopistas sin atender a la realidad de las comunidades desplazadas por esta causa. Sobre todo, los mexicoamericanos. 

En pleno debate sobre la invisibilidad de comunidades como la latina o la afroamericana en le cine y tras sonados escándalos de autores que han querido subirse al carro de la “verdadera” experiencia migrante, el peligro de ser acusado de apropiacionismo cultural era alto. 

"Rechazo categóricamente la idea de que los artistas no puedan hablar con otras voces que no sean las suyas", le dice a Moses. "La balcanización de la imaginación es algo muy, muy peligroso. Los escritores e intérpretes y cantantes tienen que poder soñar muy libremente. Y a veces eso te lleva a lugares alejados de ti mismo, de lo contrario estamos en un paisaje cultural muy anémico y canibalista”.

Sin embargo, la verosimilitud es importante. Al no ser experto en cultura chicana, Logan contrató a otros autores, directores y diseñadores latinos que pudieran aportar aquello de lo que él carecía, la experiencia. Como el productor Michael Aguilar o el guionista y dramaturgo José Rivera, que escribió uno de los episodios. 

“Así que filosóficamente, rechazo completamente la idea de que exista tal cosa como la apropiación cultural. Pero en la práctica, como un ser humano responsable, hay que ser cuidadoso y cauteloso y trabajar", sostiene.

Conforme avanzaba en el proyecto de serie, analizando cada cambio en las vías y yendo hacia atrás en la historia, John Logan descubrió con estupor el paralelismo político y social que existe entre estos últimos cinco años y aquella lejana década de los 30. Un mundo que en muchos sentidos parece ir en círculos, o en retroceso. 

"Como mucha gente, ingenuamente asumí que una especie de humanismo liberal secular era la moneda del reino", asegura Logan. "Y entonces todo comenzó a cambiar, tan, tan sorprendentemente. Me sentí impotente. Y quería decir algo al respecto como escritor. Me llamó la atención los paralelos entre lo que veo que está pasando en el mundo ahora, y lo que estaba sucediendo en un momento muy particular en la historia de Los Ángeles”.

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