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Liliana Velásquez, inmigrante guatemalteca que llegó sola a Estados Unidos cuando tenía 14 años, hoy inicia estudios de enfermería en el Montgomery County Community College. Foto: Samantha Laub / AL DÍA News
Liliana Velásquez, inmigrante guatemalteca que llegó sola a Estados Unidos cuando tenía 14 años, hoy inicia estudios de enfermería en el Montgomery County Community College. Foto: Samantha Laub / AL DÍA News

La guatemalteca que está haciendo realidad el ‘sueño americano’

A los 14 años dejó su pueblo en Guatemala y emprendió viaje sola hacia Estados Unidos. Hoy, con 19 años, Liliana Velásquez vive en el área de Filadelfia,…

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Con apenas 19 años de edad, Liliana Velásquez ya demostró con creces que es una mujer valiente y que está para grandes cosas. Hace cinco años migró de Guatemala a Estados Unidos por una cuestión elemental: salvar la vida. Hoy estudia enfermería con la ilusión de poder regresar algún día a su pueblo natal para ayudar a su gente.

Liliana nació en Villaflor, un pequeño caserío guatemalteco ubicado a pocas horas de la frontera con el Estado de Chiapas en México. Allá pasó sus primeros catorce años de vida, creciendo junto a sus hermanos, su padre y su madre en una casa de paredes de barro y piso de tierra.

A los nueve años le tocó abandonar la escuela. Su padre, que apenas conseguía trabajo, enfermó y ella, la séptima de nueve hermanos, se vio obligada a ayudar en las labores del hogar mientras su madre salía a rebuscarse el pan de cada día.

A los 14 ya había aguantado una larga lista de vulneraciones: pobreza extrema, falta de estudios, hambre, violencia intrafamiliar, intentos de abuso sexual, maltrato, trabajo infantil, machismo (su madre le repetía que su destino -como el de las mujeres de su pueblo- era casarse y criar hijos) y una larga lista de etcéteras.

En otras palabras, con apenas 14 años, Liliana ya había vivido la vida que ninguna niña debería vivir. Sobre ese fundamento fue que decidió irse. Compró zapatos, empacó un par de mudas de ropa, una biblia y un celular y emprendió camino –a pie, en bus, echando dedo, sobre “La Bestia”– hacia Estados Unidos: 2.200 millas al norte, 32 pueblos y ciudades, tres semanas...

La historia de Liliana no cabe en esta página –intentarlo seria un atrevimiento imperdonable–, pero se vale decir que en cinco años esta inmigrante guatemalteca logró revertir un destino sombrío para darle paso a un ‘sueño americano’.

En Filadelfia, Liliana volvió a la escuela, se graduó de secundaria y ahora empieza a estudiar enfermería. El año pasado publicó Dreams and Nigthmare/Sueños y Pesadillas, su primer libro bilingüe (disponible en Amazon); un testimonio completo de su experiencia como parte de esa ola de miles de niños solitarios que han cruzado la frontera en los últimos años y que en 2014 obligó al gobierno de Barack Obama declarar una emergencia humanitaria.

Liliana es una de los doce finalistas de la campaña “I am an American Immigrant” de AL DÍA News y Cabrini University.

¿Por qué es importante hablar sobre los inmigrantes?

Porque mucha gente aquí en Estados Unidos aún no sabe nada sobre nuestras vidas, no saben por qué decidimos venir. Nosotros venimos por una razón, porque en nuestros países no tenemos oportunidades, no tenemos educación. Venimos en búsqueda de oportunidades para mejorar nuestras vidas y ayudar a nuestras familias.

¿Qué significa para usted ser una inmigrante americana?

Por un lado, no es fácil [ser un inmigrante] porque se vive con el miedo de ser deportada. Por otro, tratas de aprovechar oportunidades para ayudar a tu familia en tu país.

¿Cuándo fue la primera vez que sintió que Filadelfia era su hogar?

Cuando vine fue muy difícil, me sentía sola, no conocía a nadie. Pero comencé a conocer a personas que me ofrecieron su ayuda, eso para mí fue como sentirme en casa. Mi familia foster –Marcos y Layla Luria–, a quien ahora le digo “mom”, fue la persona que se acercó y me dio ese amor y oportunidades que yo nunca había tenido. Sentí que tenía familia cuando tuve gente que me estaba apoyando.

El otro [momento] fue cuando tuve mi tarjeta verde. Dije “ahora ya me puedo quedar, ya no tengo la preocupación de regresar a Guatemala”.

¿Cuáles son los aportes que los inmigrantes le hacen a nuestra sociedad?

La gente que viene de otros países es muy útil porque son trabajadores, hacen la mayoría de trabajos que los estadounidenses no quieren hacer.

¿Qué otras características tienen los inmigrantes?

Nosotros nunca nos damos por vencidos, siempre buscamos la manera de ser fuertes y de salir adelante. Nunca nos quedamos [quietos], siempre estamos activos. A veces pasamos por momentos difíciles, pero ahí estamos, con la frente en alto.

Si Donald Trump estuviera en frente  suyo, ¿qué le diría?

Si tuviera la oportunidad de conocerlo, le diría que tiene un corazón muy duro, le preguntaría por qué se niega a entender nuestros sueños. Le diría que somos muy trabajadores, que solo queremos ayudar a nuestras familias, que no somos malas personas,  que buscamos oportunidades.

 

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