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Pocas personas saben que la salsa nació en Nueva York o que entre los pioneros del jazz de Manhattan habían dos y tres Latinos en los vientos.
Pocas personas saben que la salsa nació en Nueva York o que entre los pioneros del jazz de Manhattan habían dos y tres Latinos en los vientos. En la foto: Carlos Santana y Celia Cruz.

Del Babalu al Woodstock: Cómo los Latinos cambiaron el sonido de Estados Unidos

Esta es la historia de cómo los Latinos cambiaron el sonido de Estados Unidos.

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“Mi primer trabajo en este país fue limpiando jaulas para pájaros,” decía el actor Desi Arnaz en el Toast of the Town de Ed Sullivan en octubre de 1954. “Vinimos a este país y no teníamos un céntimo en nuestros bolsillos. De limpiar jaulas para canarios a esta noche aquí en Nueva York, ha sido un largo camino. Y no creo que exista otro país en el mundo que pueda darte tal oportunidad. Quiero decir gracias, gracias Estados Unidos”.

En esas breves palabras, el actor cubano de I Love Lucy predecía la historia que millones de Latinos repetirían durante las próximas siete décadas.

Pero fue la presentación de un joven mexicano llamado Carlos Santana en el escenario del Festival Woodstock hace exactamente 50 años lo que propulsó la fusión del sonido Latino con la cultura estadounidense para siempre. 

Esto es Latin Jazz

En una sociedad profundamente dividida por raza y color a mediados de los años 30, el sonido del corazón del Mississippi subía a Chicago y se electrificaba, mientras el centro de Manhattan era conquistado por un puñado de músicos Latinos, vestidos de traje, que con sus grandes orquestas traían el sabor Latino a un escenario inesperado.

Simultáneamente, en 1930, el clarinetista cubano Mario Balza decidió abandonar la isla para buscar oportunidades en Estados Unidos, donde consiguió el escenario perfecto para un músico de piel oscura. Su trabajo le llevó a ser trompetista y director musical de íconos del jazz como Chick Webb, Dizzy Gillespie y Ella Fitzgerald.

El son cubano de Bauzá y el bebop de Gillespie dieron origen al cubop, o Latin Jazz originario.

Fue gracias a Bauzá que agrupaciones clave como Machito and his Afro-Cubans y artistas como Tito Puente tuvieron la oportunidad en un escenario. Junto a Pérez Prado y Xavier Cugat, estos Latinos colonizaron la vida nocturna de Manhattan con un sonido exótico, bailable y cautivador: el Mambo.

Pero el paso de los clubes nocturnos a los hogares estadounidenses se dio gracias a la televisión, y al éxito de Desi Arnaz, mejor conocido como Ricky Ricardo, el esposo de Lucille Ball y co-protagonista de la famosa serie televisiva I Love Lucy.

Arnaz nació en Santiago de Cuba en 1917 en una familia pudiente que fue llevada a la ruina por la confiscación de sus bienes por parte de la Revolución de Fulgencio Batista en 1933. Su familia huyó a Miami, donde el joven recurriría al entretenimiento para mantenerse.

Fue su personaje en I Love Lucy el que le llevó al estrellato y le otorgó un lugar especial en el corazón de los estadounidenses, a través de su acento extranjero y su puesta en escena del Club Tropicana, donde su canción Babalu se transformaría en un clásico de la música americana.

A partir de este momento, las fronteras del sonido estadounidense desaparecerían, permitiendo a músicos y artistas en general forjar una identidad cultural hecha en casa.

Hollywood y un ritmo llamado rock ‘n’ roll

La samba, el pasodoble, la rumba, el mambo y la conga no sólo se transformaron en los ritmos favoritos de las grandes bandas, sino también de quienes bailaban e interpretaban los nuevos sonidos.

Nuevas coreografías inundaron las salas de baile, eventualmente llegando a los platós de programas televisivos como Viva America de la CBS y catapultándose a grandes producciones de cine.

Hablamos indudablemente de West Side Story, un musical inspirado en Romeo y Julieta pero contextualizado por Arthur Laurents en la realidad inmigrante en un barrio de Nueva York a mediados de los años 50.

La coreografía de Jerome Robbins y la composición de Leonard Bernstein llevó a su máxima expresión la influencia de los beats latinos en el lenguaje estadounidense, y puso sobre las tablas a personajes como la puertorriqueña Rita Moreno.

Sin embargo, no todo era del color del vestido de Anita – personaje interpretado por Moreno en el film – pues su reconocimiento con el Oscar de la Academia trajo consigo también el peso del estereotipo.

Los Latinos eran una verdadera minoría – con un aproximado de 4.5 millones en todo el país para 1960 – entre Mexicanos y Puertorriqueños, una demografía que cambiaría radicalmente con el triunfo de la Revolución Castrista en Cuba.

La comunidad pasó entonces a ser una fuerza en crecimiento, con la llegada de 200.000 cubanos a Miami en un período de tres años, mientras la población mexicana se reintegraba en la costa oeste tras el fin del proyecto Brasero tan sólo un par de años antes.

La fusión cultural era ya inevitable y, sin embargo, la influencia de esta pujante demografía pasaba desapercibida.

Éxitos como el de Elvis Presley y el de Chuck Berry en la cultura popular dieron origen a nuevos formatos que incluían batería, bajo y guitarras eléctricas, y un sonido totalmente nuevo: el Rock ‘n’ Roll.

“Un, dos, tres, cha-cha-cha”, es un ritmo universal, una métrica que se multiplicó y fusionó con canciones tan ubicuas como “Satisfaction” de los Rolling Stones o “Day Tripper” de The Beatles, y que abrió la puerta al género, sin distinción de razas.

Gracias a la “Havana Moon” de Berry, por ejemplo, surgió un éxito que sigue sonando hoy en día y que en tan sólo dos décadas cambiaría por completo la escena musical del país: La Bamba de Ricardo Valenzuela, mejor conocido como Ritchie Valens.

The Champs, Question Mark and The Mysterians, Sam the Sham & the Pharaohs, Thee Midniters y los Texas Tornadoes hicieron lo suyo con integrantes latinos que combinaron la música mexicana con el nuevo sonido del rock, un fenómeno que se celebraría en un evento multitudinario en 1969.

Cincuenta años del verano del amor y el rock ‘n’ roll

A finales de la década de los 60, la Revolución de la psicodelia, la música y la contra-cultura hippie se fusionaron en un evento promocionado como “tres días de paz y música”, entre el 15 y el 18 de agosto de 1969.

En una finca de 600 acres cerca del White Lake en Bethel (Nueva York), Artie Kornfeld y Michael Lang convocaron a más de 400.000 personas para celebrar el espíritu de la paz y la revolución contra el sistema estadounidense del bienestar, llevando al escenario a más de 32 artistas y agrupaciones que representaban toda la movida musical del momento.

Entre ellos, un mexicano que se transformaría en el símbolo de la comunidad Latina en la integración cultural: Carlos Santana.

Nacido en México e hijo de un violinista mariachi, Santana emigró cuando niño desde Tijuana hacia San Francisco, donde los solos de blues y una guitarra se amalgamarían con su innato sentido del sonido Latino.

Santana no conocía a Machito o a Tito Puente, pero su llegada a través de la frontera con México le puso en contacto directo con guitarristas como B.B. King o T. Bone Walker, cuya influencia esculpió su lenguaje en la guitarra, lejos del mambo y el cha-cha-chá.

Tras fundar una agrupación de blues y acid rock, Santana llegaría al escenario del festival Woodstock gracias a la recomendación del productor Bill Graham.

Junto a Michael Carabello y José Areas, el joven mexicano incorporaría las congas típicas de Cándido Camero al rock and roll psicodélico en canciones como Evil Ways, sentando las bases para una fusión mucho más potente: la salsa.

El nuevo sonido de Harlem

Durante los primeros años de la década de los 60, la comunidad de puertorriqueños en Nueva York sumaban medio millón de personas. Hijos de inmigrantes de la postguerra, los niuyoricans formaban parte de la generación joven que buscaba una identidad lejos del patriotismo de los conflictos bélicos.

El sonido de las big bands de los años 30 representaba la autoridad que esta nueva generación sentía la necesidad de contestar. Es por ello que lo que alguna vez se llamó Mambo ahora sería transformado con un nuevo lenguaje callejero.

La fusión del rythm and blues, el rock ‘n’ roll y el son Latino dio entonces origen al sonido del Harlem: el boogaloo.

Nombres como Joe Cuba, Pete Rodríguez, Eddie Palmeiri y Jimmy Bosch, empezaron a hacerse un espacio en la cultura urbana, sin conseguir mayor éxito en la radio. El llamado Salsa On 2 – una modificación rítmica del son cubano tradicional – empezó a sonar en los clubs nocturnos en Manhattan y a cultivar fanáticos en el trayecto.

Frente a la omisión de las casas disqueras y las radios, el músico Johny Pacheco y el abogado Jerry Masucci decidieron fundar Fania Records, considerado el sello musical más importante en la historia de la música Latina y que llevaría al estrellato a artistas como Héctor Lavoe, Larry Harlow, Ray Barretto, Celia Cruz, Willie Colón, Bobby Valentín, Rubén Blades y Cheo Feliciano.

Del Crossover al Reggetón

Influenciados por artistas como José Feliciano, los músicos latinoamericanos en Estados Unidos – tanto los nacidos en el país como los inmigrados – comenzaron a bailar entre géneros durante gran parte de los años 80, mezclando líricas en español y en inglés de la misma manera en la que lo hacían en casa.

Gloria Stefan y la Miami Sound Machine, Selena y la música Tejana, Ricky Martin, Thalía, Marc Anthony y Jennifer López conquistaron poco a poco la industria musical estadounidense, transformándose en íconos del pop y de la ahora robusta comunidad hispana en Estados Unidos.

La salsa y el pop empezaron paulatinamente a ser sinónimos, y la llegada del disco compacto y el fenómeno Mtv propulsaron el crossover definitivo.

Una Cristina Aguilera cantaba en inglés y en español, mientras una joven colombiana conquistaba las ventas con un Mtv Unplugged. En sólo diez años, Shakira, Ricky Martin y Enrique Iglesias redefinieron no sólo la música sino la estética de la cultura de masas estadounidense.

Desde el lanzamiento del primer disco en inglés de Shakira, Laundry Service, los músicos Latinos han roto todos los récords en ventas, conquistando de manera definitiva la industria musical internacional.

Esta apertura permitió a artistas como Daddy Yankee abordar un nuevo público con una nueva fusión rítmica: el off-beat del reggae y el hip hop, dando origen a lo que los puertorriqueños denominaron reggaetón.

Nombres como Tego Calderón, Don Omar, Calle 13, Wisin & Yandel, Tito El Bambino y Luis Fonsi se han posicionado en el tope de las listas, destronando a grandes del pop como Britney Spears y Justin Bieber en cuestión de semanas.

En setenta años, los Latinos pasaron de ser un entretenimiento exótico a dominar por completo la escena musical estadounidense, un país donde ya no son minoría.

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